Entrevista a Waldo Leyva

Por Maximiliano Cid del Prado.

Tercer Encuentro de Poetas Iberoamericanos Sede México

Al corazón del amigo abre la muralla. Al veneno y al puñal cierra la muralla

  • Poesía y memoria colectiva: Leyva destaca el papel de la poesía en la construcción de la identidad iberoamericana y su capacidad para preservar la memoria histórica compartida entre Cuba y México.
  • Oralidad y tradición: Sobre la influencia de la oralidad en la poesía cubana y la importancia del diálogo entre generaciones para mantener viva la tradición literaria.
  • Poesía como resistencia: La relación entre poesía y política, el papel de la mujer en la lírica cubana y la poesía como un espacio de testimonio frente a los cambios socioculturales.

El Tercer Encuentro Iberoamericano, con sede en la Ciudad de México y dedicado a Cuba, rinde homenaje a José Martí y Lina de Feria, destacando la riqueza literaria de la isla. En este marco, el poeta cubano Waldo Leyva recibirá la Medalla Fray Luis de León, otorgada por el Excmo. Ayuntamiento de Salamanca, en reconocimiento a su trayectoria y la calidad de su obra poética. Carmen Nozal, quien ha liderado dos ediciones de este encuentro, reafirma su compromiso con la difusión de la poesía iberoamericana.  El evento cuenta con el respaldo de Alfredo Pérez Alencart, fundador del Encuentro de Poetas Iberoamericanos en Salamanca. En la siguiente entrevista el poeta Waldo Leyva reflexiona sobre la poesía como memoria e identidad, la influencia de la tradición cubana y el diálogo entre generaciones. Aborda la relación entre poesía y política, la presencia femenina en la lírica cubana y el impacto de la oralidad en su obra. Desde su experiencia como poeta y promotor cultural, comparte su visión sobre la poesía como testimonio y resistencia, explorando el tiempo, la memoria y la pertenencia en la literatura iberoamericana.

1. Usted ha participado en encuentros internacionales como el Encuentro de Poetas del Mundo Latino, el Encuentro Nacional de Poesía Diótima, organizado por Revista Literaria Taller Igitur y ahora el 3er Encuentro de Poetas Iberoamericanos.  ¿De qué manera los encuentros de poetas contribuyen a la construcción de una memoria literaria colectiva en Iberoamérica?   

En efecto, he tenido la suerte, y el inmenso placer, de participar en estos festivales que mencionas, y en muchos otros, donde he podido constatar la vitalidad de la poesía de nuestra lengua. Me ha sido grato, entre otras cosas, porque he podido afianzar vínculos con amigos entrañables que comparten conmigo intereses de muy diversa naturaleza y, al mismo tiempo, conocer nuevos poetas y tener el privilegio de dialogar con públicos muy diversos. No todos los festivales y encuentros de poetas tienen los mismos propósitos, ni están diseñados de la misma manera. Hay algunos que, como el Festival de Medellín, están destinados al gran público y allí los poetas deben enfrentarse, por ejemplo, a una plaza con miles de espectadores. No es que el programa excluya los espacios íntimos, donde es posible la comunión directa entre el lector y el poeta, pero este evento le da prioridad a las lecturas en espacios abiertos con gran cantidad de asistentes. Yo he estado en ese festival y recuerdo una joven poeta catalana que temblaba antes de enfrentarse a aquella masa de público. Le pregunté si se sentía mal y su respuesta fue: “No, claro que no, lo que pasa es que nunca me había sentido como una estrella de rock”.

Hay encuentros de aspiraciones más modestas, donde los poetas comparten con lo que Juan Ramón Jiménez definió como la inmensa minoría. En estos, a veces, los poetas están leyendo para los poetas, lo que puede parecer un contrasentido, pero creo que no es así, porque propician una confrontación necesaria entre los creadores de distintas tradiciones líricas.

            Lo que resulta común, en la mayoría de los festivales donde he tenido la suerte de estar, es que destinan un tiempo para salir de los salones y propiciar el encuentro de los poetas con los públicos más diversos. Algunos dan prioridad al diálogo con los estudiantes de los distintos niveles de educación, algo que he aplaudido siempre, porque ahí están los poetas futuros, los lectores necesarios.

            Sin duda, los festivales, los encuentros, los coloquios de poesía y otras modalidades que tienen a nuestra tradición poética como centro de sus intereses, contribuyen a enriquecer lo que llamas “construcción de una memoria literaria colectiva en Iberoamérica”. Pero yo diría más, no solo en nuestro ámbito geográfico, sino también en otras latitudes, propiciando algo muy necesario, el intercambio de voces de distintos modos de expresar la poesía, confirmando que ella, en última instancia, posee su propia lengua, esa en la que se le da voz y temperatura a lo que nos define como seres humanos.

¿Qué papel desempeña la poesía en la preservación y transmisión de valores culturales compartidos entre Cuba y México?

Los vínculos históricos y culturales entre Cuba y México tienen muchos asideros. Vienen desde los días de la conquista y colonización, cuando partieron de nuestros puertos, para protagonizar el vuelco dado a la historia de los pueblos originarios de Nuestra América, quienes asentaron el dominio español en lo que fue, alguna vez, la región más transparente del aire. Desde entonces ha habido una suerte de destino compartido y de hermandad entre nuestras dos naciones. A lo largo de varios siglos ese vínculo incluyo la participación, en la vida cultural de ambos países, de maestros, hombres de iglesia, agricultores, soldados y oficiales que lucharon por la independencia, músicos y actores, etc., de una y otra nación. Esa íntima relación puede constatarse incluso, en la presencia de algunas frutas y otros elementos del paisaje que existen en la isla y adornan ciertos espacios de la vasta geografía mexicana. Pero si todos estos elementos señalados fueron y son importantes, hay algo que se destaca con luz propia en la transmisión de valores culturales, me refiero a la poesía. Son varios los poetas cubanos que sintieron y sienten a México como una segunda patria. Nadie lo expresó mejor que José Martí quien dijo: “si yo no fuera cubano, quisiera ser mexicano”, Reitero, son varios los poetas nuestros cuya obra está íntimamente vinculada a la tierra de Juárez, de Sor Juana, Octavio Paz, Jaime Sabines y José Alfredo Jiménez; pero hay dos nombres de poetas cubanos que marcan momentos trascendentales en ese intercambio cultural entre Cuba y México, me refiero a José María Heredia y Heredia y al ya mencionado José Martí. Solo recordar que Heredia es el iniciador del Romanticismo en nuestra lengua, y lo hace desde México cuando en 1820, aún sin cumplir los 17 años y desde la cúspide de un templo, observa el trascurrir del tiempo reflejando luces y sombras sobre el paisaje y sobre la historia de ese México que ya amaba como suyo; como resultado de esa contemplación, escribe un largo poema al que finalmente llama “En el Teocali De Cholula”. En esta obra, la crítica más autorizada de la época reconoce que ya están presentes los rasgos fundamentales de la nueva escuela, aun cuando el joven poeta es deudor todavía del neoclasicismo.

José María Heredia es, sin duda, una figura fundamental en la historia de México y Cuba. Con su vida y obra testimonia lo ocurrido en la cultura y la política de las primeras décadas del México independiente. Siempre que la ocasión lo permite, sugiero adentrarse en el conocimiento de este poeta que desempeño, a lo largo de su breve existencia, una encomiable labor como hombre de acción y de pensamiento. El destacado escritor, abogado y catedrático dominicano, Max Henríquez Ureña, nos dice sobre Heredia: “Vivió aprisa: se anticipó a la gloria y al esfuerzo. Hizo versos antes de los nueve años; a los diez y siete —edad en que compuso una de sus obras más notables: En el Teocalli de Cholula— era un gran poeta; fue abogado a los diez y ocho años, conspirador a los diez y nueve; juez a los veintitrés”. El propio autor de la “Oda al Niágara”, obra cenital en la tradición romántica de nuestra lengua, al hablar de sí mismo expresa: “El torbellino revolucionario [. . .] me ha hecho recorrer en poco tiempo una vasta carrera, y con más o menos fortuna he sido abogado, soldado, viajero, profesor de lenguas, diplomático, magistrado, historiador y poeta, a los veinticinco años”. Antes de cumplir treinta y seis años, dejó de existir este bardo que dotó a la poesía iberoamericana de algunos de los versos que la engrandecen, y de un ejemplo de impecable eticidad, tan necesario en nuestros días.

            Con respecto a José Martí, podemos señalar que llega a la capital azteca con 22 años y es aquí donde empieza a consolidarse su visión latinoamericanista y antiimperialista. Lo que después veremos cómo su programa en defensa de la identidad de nuestros pueblos, expresado en su ensayo Nuestra América, se comienza a fraguar durante sus días mexicanos. Allí se comienza a desarrollarse el estupendo periodista que después nos dejará admirables crónicas y ensayos sobre los temas más diversos de la política, la economía, la historia, el arte, la cultura, la religión y la naturaleza. 

2. El 3er Encuentro de Poetas Iberoamericanos reúne voces de distintas generaciones y estilos. ¿Qué importancia le atribuye a este diálogo intergeneracional en la evolución de la poesía contemporánea?  ¿Qué valores estéticos promueve este encuentro dentro de la comunidad literaria iberoamericana?

Todo encuentro que propicie el dialogo intergeneracional de poetas, es siempre bien venido. La poesía necesita de esa confrontación que, como sabemos, no solo permite constatar su evolución como modo de expresión literaria, sino que alumbra zonas de la realidad que otras formas de conocimiento omiten o desconocen. Sabemos que aun cuando los temas, los asuntos, las circunstancias a través de las cuales se ha movido la humanidad, desde la caverna hasta el cosmos, no resultan “nuevas”, cada poeta, sin embargo, tiene el deber ineludible de ofrecernos una mirada distinta, encontrar el latido de su tiempo y convertirlo en esencia de su voz para que sus contemporáneos se reconozcan en sus versos y para dejar, esto es imprescindible, un nuevo reto para los bardos del futuro. Sobre estos presupuestos se organiza el 3er. Encuentro de Poetas de Iberoamérica que, como en ediciones anteriores reunirá voces y estilos diversos.

3. ¿Qué papel tienen los países anfitriones, Cuba y México, como escenarios poéticos y culturales en la historia de nuestra literatura?

Las tradiciones líricas de Cuba y México son muy reconocidas, y están avaladas por la obra de grandes poetas que han enriquecido la literatura de nuestra lengua. Sería demasiado extenso reseñar la nómina de estos autores. Los mexicanos Sor Juana Inés de la Cruz, Manuel Gutiérrez Nájera, Ramón López Velarde, Amado Nervo, Eduardo Lizalde, Alí Chumacero, Rubén Bonifaz Nuño, Rosario Castellanos, Jaime Sabines, Octavio Paz, Carlos Pellicer Cámara, José Gorostiza, José Emilio Pacheco y excelentes poetas de generaciones más jóvenes, como Marco Antonio Campos, Eduardo Langagne, Coral Bracho, Álvaro Solís, entre otros; han enriquecido con su obra imprescindible la poesía de Nuestra América. Otro tanto puede decirse de los Cubanos José María Heredia, Gertrudis Gómez de Avellaneda, Juan Clemente Zenea, Gabriel de la Concepción Valdés, José Jacinto Milanés, Joaquín Lorenzo Luaces, José Martí, Julián del Casal, Luisa Pérez de Zambrana, Regino Pedrozo, Agustín Acosta, Nicolás Guillén, Dulce María Loynaz, Gastón Baquero, José Lezama Lima, Eliseo Diego, Fina García Marruz, Carilda Oliver Labra, Jesús Orta Ruiz, Rolando Escardó, Samuel Feijóo, Fayad Jamís, Roberto Fernández Retamar, Heberto Padilla, Rafael Alcides Pérez, Georgina Herrera,  Miguel Barnet Lanza, Nancy Morejón, Luis Rogelio Nogueras, Jesús Cos Cause, Raúl Rivero, Lina de Feria, Reina María Rodríguez, Víctor Rodríguez Núñez, Alberto Rodríguez Tosca, Roberto Manzano, Soleida Ríos, Ángel Escobar, Raúl Hernández Novás, y varios poetas de generaciones más jóvenes donde se destacan voces como las de Nelson Simón, Arístides Vega Chapú, Roberto Méndez, Sergio García Zamora y Leymen Pérez. Desde luego, la lista en ambos casos, podría ser mucho mayor, y los especialistas en nuestra poesía podrían excluir o incluir en esta versión mínima, nombres con los que seguramente podría concordar o diferir. Estas voces reseñadas, las que no están por problemas de espacio, y una larga historia de encuentros, talleres, ediciones especializadas etc, justifican a Cuba y México como escenarios de privilegio para el diálogo poético.

¿Cree que la historia de ambos territorios influye en la sociabilidad literaria que surge durante el evento?

No tengo la menor duda. Son dos tradiciones con la calidad y el peso suficiente para influir positivamente.

4. ¿Cómo considera que la tradición poética cubana, desde Nicolás Guillén hasta los poetas contemporáneos, ha dialogado con las transformaciones sociales y políticas del país?

Esta es una pregunta que merecería un espacio mayor que el que ofrece esta entrevista. Trataré de responder tu inquietud y espero que tus lectores disculpen si no puedo cumplir con sus expectativas al respecto. En Nuestra América, el diálogo del poeta con la realidad social ha sido una constante a lo largo de toda su historia. Ese diálogo, unas veces ha sido más explícito y ha primado el himno o la elegía y otras más íntimo, donde el poeta se vuelca hacia su mundo interior. No olvidar que “nuestras dolorosas repúblicas”, como las llamó Martí, tuvieron primero que zafarse del yugo español, y luego insertarse en un mundo que siempre las ha considerado, de una forma u otra, patio trasero de los antiguos y nuevos imperios. En mi ensayo sobre Heredia, al referirme a la diferencia de actitud frente al modo romántico de expresión, dejé dicho que: “En nuestros países [a diferencia de Europa] el romanticismo entra en escena montado a caballo, cruzando descalzo los Andes, moviendo cada piedra, cada árbol, todos y cada uno de los rincones de nuestra vasta y diversa geografía, y se fue, cayendo del caballo, de cara al sol, con un tiro en el pecho. En Nuestra América el romántico primero y más auténtico es un héroe real: Bolívar; y con un héroe real se cierra: Martí. Desde entonces y siempre, el romanticismo es un modo de ser americano, el héroe romántico en América no es una excepción.

            En el caso de nuestra isla solidaria y batalladora, ese diálogo del que hablas no ha dejado de tener una referencia constante. Ya Heredia, en su poema “El himno del desterrado”, nos dice: “que no en vano entre Cuba y España/ tiende inmenso sus olas el mar”. Ejemplos de ese compromiso con la independencia, la libertad y la justicia sobran en la obra de José Martí y en la mayoría de los poetas a lo largo de la historia. Sabido es que Cuba, a diferencia de otros países de Nuestra América, no logró su plena independencia al término de una guerra de varias décadas contra el colonialismo español, sino que, por razones que serían largo de explicar, quedó sometida a una suerte de neocoloniaje impuesto por el naciente imperialismo norteamericano. Esta nueva realidad marcó la obra de varias generaciones de poetas que pusieron sus versos, y aun sus vidas, al servicio de la denuncia de esa nueva realidad. Ahí están las obras paradigmáticas de Nicolás Guillén y Jesús Orta Ruiz, denunciando la opresión, la discriminación, y otros males; están los poetas de Orígenes, defendiendo la esencia de la identidad nacional, y los que vivieron después poniendo su obra en defensa de la Isla contra la injerencia. Desde luego en ese proceso hay gradaciones y actitudes, válidas todas, que merecerían que pudiera detenerme a analizarlas, pero sabemos que no es posible. Solo me gustaría destacar que, salvo muy contadas excepciones, la poesía que pudiéramos llamar civil, o de compromiso social, no importa la tendencia a la que responda, nunca dejó de ser poesía, incluso poesía de muy altos quilates, piénsese sino en la “Elegía A Jesús Menéndez”, de Nicolás Guillén, por solo citar un ejemplo.    

5. ¿Qué lugar juega la insularidad en la construcción del imaginario poético cubano? ¿La condición insular fomenta un sentido de pertenencia o, por el contrario, promueve una visión crítica y distanciada del entorno?

Siempre he dicho que Cuba tiene una peculiaridad que, si bien no es sólo privativa de nuestra isla, la caracteriza de una manera impecable. Me refiero a esa proverbial capacidad de fundir, en una sola, las más diversas identidades culturales. Lo más estudiado ha sido la fusión entre la cultura española y las culturas africanas; proceso en el que, a diferencia de otros países de componentes multiétnicos, ambas identidades dieron origen a ese color cubano de que hablaba el poeta Nicolás Guillén. Nuestra poesía, y nuestra cultura toda, nace del mestizaje, condición sobre la que tiene mucho que ver su condición insular. A nuestro país llegaron, para quedarse, hombres y mujeres de otras regiones del mundo, portadores de otros modos de pensar y hacer, y su sangre también alimentó el cuerpo de lo cubano. Nuestro mestizaje no es sólo el resultado de la unión de dos o más etnias, de dos o más culturas: es un proceso espiritual mucho más profundo, de donde ha nacido un ser abierto a toda posibilidad de integración, dotado de una insaciable curiosidad y tan seguro de sí mismo que le permite la generosidad de darse sin reservas y vincularse con las más disímiles formas de expresión cultural. Desde luego, y para satisfacer tu curiosidad, no se debe olvidar tampoco, para entender quiénes somos, nuestra condición de isleños. Somos hombres y mujeres de una isla, y esa circunstancia geográfica nos obliga a mantenernos naturalmente dispuestos a asimilar, o por lo menos a tener en cuenta, todo lo que nos llega, como el agua y el viento, por cualquiera de los puntos cardinales. Una isla no tiene fronteras que cerrar y esa misma condición, en lugar de hacernos vulnerables culturalmente, nos prepara para asumir, adaptándolas a nuestra idiosincrasia, las más diversas influencias. Para el isleño el mundo siempre será suyo, sobre todo porque posee un puerto donde tiene anclada su raíz.

6. En su opinión, ¿qué recursos formales y temáticos distinguen a la poesía cubana contemporánea frente a otras tradiciones poéticas latinoamericanas?

Nuestros poetas, salvo contadas excepciones, han entendido siempre que la poesía no es el verso que la porta, sabemos que este es solo el recurso del que nos valemos para intentar atraparla. Y es por ello que, en la poesía escrita por diversas generaciones, se pueden encontrar, conviviendo en armonía, recursos formales de todo tipo. En la obra de un mismo autor, incluso en alguno de sus libros, puede descubrir, el especialista o el lector común, como dialogan, sin conflicto alguno, sonetos, décimas, versos libres, textos en prosa, no importa el asunto o el tema que aborde. Otro aspecto que pudiera destacarse es el vínculo, mutuamente beneficioso, entre la poesía llamada popular, practicada por repentistas y decimistas tradicionales, que se manifiesta públicamente y la que se escribe en soledad. En nuestra tradición lírica hay no pocos poetas que comparten, sin conflicto alguno, ambas modalidades.

Esta realidad de nuestra poesía no resulta común en otros países de América.

¿Podría ofrecer ejemplos concretos de poetas cubanos que encarnen dichas características?

Lo que acabo de reseñar, se pueda observar y disfrutar en la obra de autores de diversas generaciones. No importa su filiación estética. Si te asomas a la obra de Lezama, para ponerte un ejemplo donde pareciera que lo dicho no tiene cabida, encontrarás una gran cantidad de décimas y sonetos dialogando con su poesía más cercana al neobarroco y participando de esa tendencia. Si quieres encontrar autores que practican, o practicaron, con la misma intensidad y la misma calidad poética, la poesía improvisada o el poema escrito, te diría que en los románticos del XIX se destacó Plácido (Gabriel de la Concepción Valdés). En el pasado siglo Jesús Orta Ruíz (El Indio Naborí), es el ejemplo mayor que han seguido muchos autores jóvenes, como Alexis Díaz Pimienta, entre otros.

7. ¿De qué manera los poetas contemporáneos cubanos se vinculan con movimientos literarios o estéticos globales, como el posmodernismo o las escrituras híbridas? ¿Considera que hay una búsqueda de internacionalización o, por el contrario, un retorno a lo local?

Si una cultura ha estado abierta siempre a asimilar todas las influencias posibles, esa es la nuestra. Como ya te dije, Cuba es un crisol donde se funden las más diversas maneras de expresión cultural. En la poesía esto se comporta como algo inviolable a través de la historia.  A riesgo de que me tildes de chovinista, te recuerdo que el primer poeta romántico de nuestra lengua fue un cubano, José María Heredia, que su primo del mismo nombre, es reconocido como uno de los más destacados parnasianos de la poesía francesa, que Martí y Casal están en las raíces del modernismo, que la vanguardia encontró voces como las de Regino Boti, Manuel Navarro Luna, Regino Pedroso, Félix Pita Rodríguez, Mariano Brull y Eugenio Florit, que el neobarroco tiene a Lezama Lima como uno de sus principales exponentes y que la poesía coloquial y las tendencias más contemporáneas tiene voces muy reconocidas. El dialogo entre los aires que baten más allá de nuestras costas y el latido de lo que nos define nunca ha cesado.

8. ¿Qué lugar ocupan las mujeres poetas en la tradición literaria cubana y cómo han transformado el panorama poético contemporáneo?  ¿Considera que la crítica literaria ha reconocido su aportación de manera suficiente?

En este ya extenso recorrido por nuestra tradición poética te he ido citando nombres muy valiosos de poetas mujeres que han enriquecido nuestra lírica. Además de las ya mencionadas Gertrudis Gómez de Avellaneda, Luisa Pérez de Zambrana, Dulce María Loynaz, Fina García Marruz, Carilda Oliver Labra, Georgina Herrera, Nancy Morejón, Lina de Feria, Reina María Rodríguez, te puedo agregar, sin pretender nombrar a todas las excelentes poetas de nuestra Isla, a Mirta Aguirre, Serafina Núñez, Cleva Solís, Rafaela Chacón Nardi, Basilia Papastastamatíu, Marilyn Bobes, Damaris Calderón, Alessandra Molina, María Elena Blanco, Juana García Abas, Lucía Muñoz, Liudmila Quincoses, Teresa Melo, Jamila Medina, Yanelis Encinosa y Giselle Lucía Navarro, entre otras.

            Considero que muchas de estas autoras están entre lo mejor de la lírica cubana y aun latinoamericana, sin distinción de género. Algunas de ellas han contado con la atención de críticos e investigadores, pero considero que aún faltan valoraciones que reconozcan el aporte de estas poetas al enriquecimiento de nuestra tradición poética.    

9. ¿De qué forma percibe la relación entre literatura y oralidad en la poesía cubana?

Como ya te dije en algún momento, la relación entre oralidad y literatura para la mayoría de los poetas cubanos no representa una alternativa. Aunque no es lo más común, en un mismo autor pueden coexistir ambas modalidades, y la mayoría de los que no tienen esa facultad, salvo excepciones, respetan y aun admiran a quienes son capaces de escribir e improvisar.

10. ¿Qué relevancia tiene la obra de José Martí en la poesía cubana contemporánea? ¿Considera que los poetas actuales dialogan con su legado literario o han tomado distancia de su poética?

Martí no solo fue y es uno de los más importantes poetas de Cuba y Nuestra América. Fue y es uno de los más destacados pensadores de nuestro tiempo. Hace algunos años me solicitaron unas reflexiones sobre él que me parecen adecuadas para responder hoy tu pregunta. Decía entonces: “Hay hombres cuya vida y obra imprimen una huella significativa en su tiempo e influyen, de manera decisiva, en los hombres y mujeres que le acompañan; esos son líderes de su época. Hay otros que logran traspasar los límites de su tiempo, y parte de su legado intelectual sigue teniendo vigencia para generaciones posteriores que buscan encontrar, en sus acciones y sus escritos, algunas de las respuestas que exigen los problemas de su entorno social; esos influyen positivamente en los nuevos líderes; pero existen aquellos cuya vida y obra, forjadas para los hombres y mujeres de su tiempo, logran rebasar las fronteras de su época y mantenerse vivos en el actuar trasformador de generaciones sucesivas. El pensamiento de estos hombres resulta siempre contemporáneo, siempre será una referencia imprescindible, siempre nos convocará con la misma intensidad que llamó en sus días a la búsqueda del mejoramiento humano. José Martí pertenece a esta casta, cuya inmortalidad se debe, en primer lugar, al hecho de haber interpretado como nadie su propio tiempo y establecer, por esa misma razón, los modos de interpretar los tiempos sucesivos.

Nadie pone en duda hoy la vigencia del pensamiento y la obra de nuestro Héroe Nacional. Sus libros siguen siendo una fuente inagotable del saber, pero de ese saber que no nos convoca sólo al deslumbramiento y la admiración respetuosa, sino de ese otro, más útil, desde el cual se nos convida sistemáticamente a la reflexión, alumbrándonos el camino, indicándonos la ruta cuando es necesario. Leer a Martí es un ejercicio de enriquecimiento humano; cada frase, cada párrafo, cada verso de este gran poeta de todos los tiempos es una lección que nos hace mejores, sobre todo –y esto es esencial reconocerlo– porque su cátedra viva no nos convierte en receptores pasivos del conocimiento, sino que nos permite, yo diría mejor, nos exige, ser parte activa de todo proceso cognoscitivo. En más de una ocasión dejó dicho que el verdadero maestro no es aquel que cree saberlo todo y exige reverencia de sus alumnos, sino el que, sabiéndose poseedor de cierta cantidad de cultura, no la muestra como traje de luces, sino que la pone a disposición de quienes lo escuchan y busca con ellos formular las preguntas esenciales para encontrar juntos las mejores respuestas.

Nada más ajeno a su vida y a su obra que el pedestal que establece distancias. Su grandeza estriba en el entrañable vínculo que lo mantuvo siempre anclado a las cosas y los seres humildes de la tierra, sin que por ello perdiera la capacidad de descubrir el brillo imperecedero de las estrellas. Se conmovía ante la belleza de un lirio, sentía la curiosidad irresistible del niño ante los misterios de la naturaleza o la palabra indagadora, guardaba con celo, en lo más íntimo de su corazón generoso, el amor a sus seres más queridos, a sus amigos imprescindibles, a los héroes que, precediéndolo, abonaron con su sangre el camino de la libertad. De esa raigambre pura nace su grandeza, esa que le permitió ver, antes que nadie, el peligro que amenazaba desde el Norte a nuestros pueblos de América.

Su poesía sigue siendo una referencia para los poetas cubanos. Volvemos una y otra vez a ella, no para imitarla sino para descubrirla y descubrirnos en ella. Pero si su obra poética nos resulta entrañable y cercana, su concepto de poesía lo asumimos como imprescindible. En el ensayo que le dedicó a Walt Whitman nos dejó dicho lo que, para mí, resulta una lección que sigo al pie de la letra. Dice allí:

“[…] La poesía, que congrega o disgrega, que fortifica o angustia, que apuntala o derriba las almas, que da o quita al hombre la fe y el aliento, es más necesaria a los pueblos que la industria misma, pues ésta les proporciona el modo de subsistir, mientras que aquélla les da el deseo y la fuerza de la vida. ¿A dónde irá un pueblo de hombres que hayan perdido el hábito de pensar con fe en la significación y alcance de sus actos? Los mejores, los que unge la naturaleza con el sacro deseo de lo futuro, perderán, en un aniquilamiento doloroso y sordo, todo estímulo para sobrellevar las fealdades humanas; y la masa, lo vulgar, la gente de apetitos, los comunes, procrearán sin santidad hijos vacíos, elevarán a facultades esenciales las que deben servirles de meros instrumentos y aturdirán con el bullicio de una prosperidad siempre incompleta la aflicción irremediable del alma, que sólo se complace en lo bello y grandioso.”

11. En 2010, usted ganó el X Premio Casa de América de Poesía Americana con El rumbo de los días. ¿Qué reflexiones sobre el tiempo y la memoria atraviesan esa obra, y cómo dialoga con sus libros anteriores? ¿Considera que el tiempo es un eje temático constante en su obra poética?

En este libro, como en mi obra toda, el tiempo y la memoria resultan absolutamente protagónicos. En “El rumbo de los días” están resueltas, eso quiero pensar, algunas de mis más íntimas obsesiones. Hay en este libro poemas que están entre los que me resultan más entrañables. Pienso en el que da título al volumen, donde vuelvo sobre el tema de la modestia como antídoto contra el ego enfermizo. También eso se puede apreciar en los versos que le dedico a mi padre. De él aprendí a valorar como esencial, la solidaridad, y a no dejarme subyugar por los reflectores. Un tercer texto es el que dedico a los amigos que partieron antes. La amistad para mi es esencial y le rindo culto.

He dicho muchas veces que el poeta escribe siempre el mismo poema. Una vez que haya encontrado su voz, esa que le permite ser reconocido en el conjunto de los creadores de su tradición poética, entonces está en condiciones de modularla, de variar sus tonos, pero siempre el lector avisado encontrará los timbres que la definen. En ese sentido puedo decirte que “El rumbo de los días” es un fragmento de ese poema que sigo escribiendo.

12. En 2024 recibió el Premio Nacional de Literatura en Cuba. ¿Qué significa para usted este reconocimiento, tanto a nivel personal como dentro del panorama literario cubano? ¿Cómo percibe el papel del Premio Nacional de Literatura en la consolidación de un canon poético cubano contemporáneo?

Esta ha sido una pregunta recurrente en estos días y he respondido siempre que los premios llegan, cuando tienen que llegar. Esperarlos, vivir pendientes de ellos, no es muy saludable ni recomendable, porque a veces, por razones que es mejor no detenerse en ellas, nunca aparecen. Durante varios años, amigos muy cercanos me decían: esta vez sí te otorgarán el Premio. Algunos incluso lo escribían o lo expresaban donde suponían que era oportuno comentarlo.

          Ahora bien, si te interesa saber si eso formaba parte de mi preocupación, o constituía una especie de meta o propósito, te digo que no, jamás estuvo entre mis prioridades y los que me conocen bien saben que no miento. Un premio siempre produce alegría y este, que es el más importante que concede el Ministerio de Cultura, me hace muy feliz. Pero me hace feliz, sobre todo, porque ha complacido a mucha gente, y ahí radica el verdadero premio.  Es muy estimulante saber, que lo que tú has estado haciendo, durante tantos años, ha sido útil; que tus poemas le han servido a alguien, para enamorar, para encontrar respuestas o para entender el alcance y la naturaleza de preguntas que le bullían dentro. Lo más importante, el reconocimiento más preciado, es saber que mis versos asumieron la voz de otro, que sirvieron para que otro mirara con sus propios ojos la realidad o lo más intrincado de su ser. Descubrir, en los mensajes recibidos, a veces de personas que saben de mí solo por mi poesía, ese entrañable vínculo, es una sensación que no me resultaría fácil describir.

            No puedo asegurarte si el Premio Nacional de Literatura es la vía para  constituir un canon literario, pero si puedo decirte que ha contribuido a dar mayor visibilidad a autores cuya obra, en mayor o menor intensidad, ha contribuido a consolidar nuestra identidad.

13. Como fundador y director de revistas culturales como Del Caribe y Letras Cubanas, ¿qué papel considera que deben desempeñar las revistas literarias en la difusión de la poesía y la literatura iberoamericana? ¿Cómo han evolucionado los espacios de difusión literaria en los últimos años?

Durante muchos años he dedicado tiempo y esfuerzo a la creación de revistas y a la colaboración con aquellas publicaciones periódicas que se han dedicado a la promoción de la literatura y la cultura. Creo absolutamente en la importancia de esos medios de comunicación, a pesar de que en los tiempos que corren, cada día pierden protagonismo, sobre todo las que depende de su edición tradicional en papel. Estamos en otra era. Si bien las revistas impresas han mermado en volumen, son menos y en ediciones limitadas, los espacios digitales de los cuales se han adueñado crecen exponencialmente y da mucha satisfacción descubrir su alcance. Solo te pondría como ejemplo la mexicana “Círculo de poesía”, que empezó como un empeño de promover la poesía de nuestra América y hoy es referencia imprescindible de la mejor poesía que se produce en el planeta. Considero que todo esfuerzo que se haga por lograr que la poesía siga enriqueciendo la espiritualidad, siga cimentando la solidaridad y la paz entre los seres humanos, merece nuestro reconocimiento.

14. En su obra, especialmente en antologías como La espiga derramada: canto a la República Española, se percibe un interés por la poesía comprometida. ¿Considera que la poesía sigue siendo un espacio de resistencia? ¿Cuál es la zona entre poesía y política en su obra?

Cuando tuve la suerte de ganar mi primer premio literario, con un pequeño libro dedicado a la ciudad de Santiago de Cuba y a los héroes que hicieron de esta capital del Oriente de la Isla, una referencia de valor, solidaridad y generosidad sin límites, Eliseo Diego, quien, junto a Roberto Fernández Retamar, había ejercido como jurado, dijo del poemario: “La sobriedad y eficacia expresivas de la obra, el hallazgo de fundir coraje y cotidianidad en un mismo modo natural de ser, y el tono sostenido que reúne en un haz las múltiples visiones  de  hombres, muchachas, niños y viejos, haciendo de toda la ciudad de Santiago un solo, ya eterno combatiente”. Los que se han acercado a mi poesía, subrayan lo que Eliseo consideró un hallazgo: fundir coraje y cotidianidad en un mismo modo natural de ser […]

            Maximiliano, la poesía tiene que ser poesía, el asunto o el tema que escoja el poeta no es quien determina su condición. Por otro lado, siempre es comprometida. El primer compromiso es con la verdad. En el poema no se puede mentir. En una entrevista que le hice a Luis García Montero, el imprescindible poeta andaluz al responderme la pregunta sobre la poesía de tema político expresó:

Con la poesía política pasa lo mismo que con la poesía religiosa. Uno puede encontrar muy buena poesía política y muy mala poesía política, estupenda poesía religiosa y pésima poesía religiosa. En este tipo de poesía puedes tener el poema de un párroco refiriéndose, sin otro interés, al pregón de Semana Santa o puedes tener a San Juan de la Cruz. Otro tanto ocurre con la poesía amorosa, donde puedes encontrarte con un poeta emocionante o con un cursi que da vergüenza, porque te parece un adolescente tardío.

            Te repito, el primer y único fin de la poesía es serlo. Puede cantar en el himno, lamentarse en la elegía, conquistar cuando unos ojos convocan al amor, indignarse cuando humillan al hermano, convocar al diálogo como única vía para el entendimiento, ahondarse en los más oscuros recintos de nuestro ser, todo eso y más, pero sin dejar de serlo. Eso la compromete y eso le da el temple necesario para resistir el paso de las generaciones.

15. A lo largo de su carrera ha trabajado como docente y ha impartido talleres de creación poética. ¿Qué enseñanzas considera fundamentales para los nuevos poetas que buscan abrirse camino en la literatura cubana e iberoamericana? ¿Cómo percibe las nuevas generaciones de poetas cubanos en el contexto global actual?

Como en todos los casos tus preguntas son varias. Iré por parte. Efectivamente en algún momento de mi vida ejercí la docencia en la Universidad de Oriente. Nunca pensé ser profesor, pero ciertas circunstancias se volvieron favorables y me vi enseñando estética y literatura en momentos distintos. Fue una experiencia gratificante. Todavía me encuentro, después de muchos años, alumnos agradecidos y alguno que otro que sigue inconforme con la calificación que di a alguno de sus exámenes. En el aula más que enseñar se aprende, eso es algo que no olvido.

            Impartir talleres de creación poética es algo que ahora mismo echo mucho de menos. En nuestro país, desde los años sesenta se estableció un sistema de talleres literarios que propició el desarrollo de no pocos escritores. Tuve la suerte de ser, desde los primeros días, uno de sus gestores. El taller es muy útil cuando se imparte destacando que lo que en él se dice es para que el escritor medite sobre su obra. Hay detalles que son de aprendizaje necesario pero lo más importante es que el autor llegue a la conclusión de qué es lo más adecuado para su obra a partir de lo que se le recomienda. Es un trabajo hermoso e igualmente gratificante.

            La única recomendación que se me ocurre ofrecerle a los que buscan abrirse camino en la literatura y el arte, es leer, vivir intensamente cada momento, con los ojos y cada poro del cuerpo y del espíritu abiertos, para no perder contacto con  la realidad, con sus semejantes, consigo mismos. Sólo de la vida se puede hacer poesía, se puede narrar, manchar un lienzo, descubrir el misterio de una melodía o un ritmo, o entregar en un gesto toda la belleza del cuerpo.

17. Tomando en cuenta su trayectoria e influencia en la poesía iberoamericana, así como la resonancia del poeta místico. ¿Cómo interpreta usted recibir la Medalla de Poesía Iberoamericana Fray Luis de León? ¿Cómo dialoga este reconocimiento con su obra poética, particularmente en la construcción de la memoria, identidad y tiempo histórico?

Recibir ese reconocimiento es algo que me honra y que agradezco desde lo más profundo. No veo que sea conflictivo el diálogo que, sin duda, se establece entre mi obra poética y este reconocimiento. La poesía, vuelvo a repetirte, cuando es verdadera tiene la facultad de entenderse con todo aquello que está a favor del amor, la fe, la belleza, los más noble sentimientos del ser humano y contribuir, desde su esencia, a la construcción de la memoria, afianzar la identidad, responder a su tiempo histórico y ser contemporánea siempre. 

16. Finalmente. ¿Cuáles son sus próximos proyectos literarios?

Seguir escribiendo, Maximiliano. Hay varias cosas, tanto en poesía, como en testimonio y narrativa que ya están, algunas muy avanzadas y otras todavía perfilándose. Teniendo en cuenta mi ya avanzada edad es lógico pensar que los proyectos deben indicar, con toda nitidez, donde están las fronteras. Eso facilita tener una idea clara del tiempo, aunque curiosamente me sorprendo muchas veces ideando planes a largo plazo.

            Quiero agradecerte por ponerme a reflexionar sobre estas cosas. Agradecerle a Carmen por su infatigable labor de promoción de la poesía y por pensar y proponer mi candidatura a tan importante galardón.


Maximiliano Cid del Prado (Ciudad de México, 1994).

Licenciado en Lengua y Literaturas Hispánicas (UNAM). Ganador de los IX Premios Deza de Poesía (Toledo, España). Finalista del concurso de poesía “Castello Di Duino” (Italia). Ganador del XXI Premio Literario “Naji Naaman” (Líbano). Director editorial de Revista Literaria Taller Ígitur. Fundador y director de la Congregación Literaria de la CDMX. Miembro del PEN Club México. Title of Honorary Member of Maison Naaman pour la Culture. Periodista independiente. 


Imágenes cortesía de Waldo Leyva.

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