Por Silvia Siller.
¿Cómo se relee a Pedro Páramo desde la poesía, desde la prosa poética? O en otras palabras ¿En qué aspectos repararía un poeta?
En el comentario de texto para esta ponencia, quiero abundar en aspectos quizá aún no destacados en la obra de Pedro Páramo para ser una obra que se ha estudiado hasta la saciedad; desde la literatura, desde la historia, desde la sociología y hasta Netflix. Pero en esta ocasión, tras releer la obra años después de la asignatura escolar en la secundaria, afloraré aspectos como la fonética poética, la presencia de la naturaleza y sus simbolismos, la mística, las texturas, las metáforas múltiples que utiliza Rulfo para hacer al lector salivar por sus sutilezas.
Para descifrar esta lectura, me sirvo pues para comenzar, entre otras cosas de los sentidos; el gusto, el tacto, la vista, el olor, el oído y por supuesto todo aderazdo por el sentido del humor que también está presente en Rulfo. Para efectos de este ensayo, anticipo que Juan Rulfo, de manera cándida, llega a ser magistral cuando incorpora estos sentidos de forma sublime para entretejerlos con personificaciones o alegorías que solo el lenguaje de la poesía alcanza.
El gusto en Rulfo
-Hay pueblos que saben a desdicha. Se les conoce con sorber un poco de su aire viejo y entumido, pobre y flaco como todo lo viejo. Éste es uno de esos pueblos, Susana-.
La poesía en todo su furor que evoca el sentido del gusto. Nos describe el lugar, el no lugar, el país, la patria, las carencias de la patria. Aquí Rulfo personifica los pueblos con su sabor a desdicha, como una sentencia que no tiene manera de elevarse. Nos teletransporta al sentido del gusto. Luego continúa una vez más con el sorber el elemento vital de la vida, el aire, un aire que es viejo y entumido, pobre y flaco como todo lo viejo. Rulfo nos sitúa en la baja frecuencia de ¨los pueblos¨ cuando les da personalidad y les impone adjetivos que ayudan de alguna manera a erosionarlos en decrescendo.
Sin embargo, también logra contrastar ese mismo lugar de los pueblos con metáforas extraordinarias de lo opuesto, de lo agradable, de lo placentero. Por ejemplo,
– Comala: huele a pan horneado y a miel derramada.-
En esta ocasión aparece el olor, el lector casi logra absorber por la nariz a todo un pueblo mágico, un México vivo y revolucionario. Así mismo se remite al olor a incienso. O bien“…No sentir otro sabor sino el del azahar de los naranjos en la tibieza del tiempo.” Estas imágenes despiertan nuestros sentidos, aunque puedan estar empolvados en una memoria de la infancia. Dicen que el sentido del olor es el que con más rapidez nos transporta a esta etapa. La voz de Pedro Páramo, a diferencia de la de Juan Preciado, está viva por sus recuerdos. Por eso cuando leemos azahar de los naranjos, si hemos tenido contacto con este aspecto cítrico de alguna manera, la asociación de la palabra hace viajar al lector a esas sensaciones aromáticas.
Pero también Rulfo pone de pie los antónimos de algunos sentidos, en esta ocasión me referiré a los sonidos vacíos en frases como;
-Este pueblo está lleno de ecos. Tal parece que estuvieran encerrados en el hueco de las paredes o debajo de las piedras. Cuando caminas, sientes que te van pisando los pasos.- Una vez más Rulfo nos sitúa en la opacidad de este escenario de purgatorio donde entes fantasmagóricos nos envuelven al andar. Y es el contraste de esta ambientación con las imágenes vivas las que mantienen al lector activo, sorprendido con el ir y venir entre el más allá y el más acá conviviendo constantemente, como lo vemos en el párrafo siguiente:
¨Oyes crujidos. Risas. Unas risas ya muy viejas, como cansadas de reír. Y voces ya desgastadas por el uso. Todo eso oyes. Pienso que llegará el día en que estos sonidos se apaguen.¨
O bien ¨En el hidrante las gotas caen una tras otra. Uno oye, salida de la piedra, el agua clara caer sobre el cántaro. Uno oye. Oye rumores; pies que raspan el suelo, que caminan, que van y vienen. Las gotas siguen cayendo sin cesar. El cántaro se desborda haciendo rodar el agua sobre un suelo mojado.¨
Los contrastes van más allá de los sentidos pero aún así son personificados, son humanos, son los que forman el péndulo del equilibrio de su obra. Nos lleva a la humanidad de sentir por ejemplo el clima.
Juan Rulfo, a lo largo de Pedro Páramo también nos sitúa entre el frío congelado que siente doña Susana y la canícula de agosto, los extremos. De ahí que sopeso un escenario como de purgatorio donde conviven vivos y muertos en lo cotidiano, fantasmas y realidades crudas de pueblo y donde, además, convergen pasado y presente, el mundo y el inframundo llenos de sincretismo, pueblo revolucionarios y religiosidad. Parece que los mundos contrastados aparecen y desaparecen incluso en un rebozo y cito:
Al cruzar una bocacalle vi una señora envuelta en su rebozo que desapareció como si no existiera. Después volvieron a moverse mis pasos y mis ojos siguieron asomándose al agujero de las puertas. Hasta que nuevamente la mujer del rebozo se cruzó frente a mí.
Aquí el rebozo, simbolismo de la mexicanidad femenina, añade un agente de envoltorio, de tela mágica que tiene poder sobre los habitantes de este pueblo. Como elemento ajeno pero poderoso capaz de influenciar a los habitantes.
Es en el purgatorio donde parecen pagarse las culpas de pecado. El mismo acercamiento del libro que no es lineal sino laberíntico, lo recorremos en un espiral de realismo mágico que pinta la fatalidad de todo lo que está estancado y a la vez de todo lo que está predestinado a no avanzar. Además, que en la novela todos los personajes protagonistas están muertos, pero tienen emociones muy vivas.

Los colores- La vista
La escenografía del libro evoca los colores del purgatorio por un lado y la vida por otro. La vista del lector viaja por el amarillo lavado casi sepia, el color arena, los grises, el polvo; mezcla de café y negro, o color nubes que tocan los techos de las casas donde hay agujeros que bien pueden convertirse para el lector en portales donde se filtran constantemente los más allás con los derrepentes.
Este último término, esta genialidad de Rulfo es de extrema innovación lingüística, los derrepentes como las sorpresas que si bien se suceden, una vez que se sitúan en el libro del purgatorio, parecen estar destinadas a repetirse como una mala pesadilla. Sorpresa que se ejemplifica con el contraste a los colores del purgatorio con las citas tales como:
¨Ibas teñida de rojo por el sol de la tarde, por el crepúsculo ensangrentado del cielo; Sonreías.¨ Aquí llega Rulfo con un alarido de color, como color sangre o bandera, luego sol, y desemboca en crepúsculo ensangrentado. En esta espiral del relato pasamos de los grises del purgatorio, o los ¨sin color¨ al color emergencia como si se complaciera en nuestro asombro como lectores. Los contrastes de Rulfo para el lector, son también sus derrepentes.
La presencia de la naturaleza como puesta en escena.
Las muertes, las agonías, los gatos de Justina, los caballos que relinchan sin Miguel Páramo, Abundio en la cantina, Susana San Juan y su belleza son tan solo acercamientos a una puesta en escena. Un recorrido del hijo, Juan Preciado, que llega a conocer quién era o es su padre a través de la memoria de doña Eduviges que se complementa en Damiana Cisneros y que le abre el mundo de su padre a través de tantas confesiones que el lector atestigua con las confesiones al sacerdote para comprender los personajes de este pueblo en donde los velorios son fiesta que resuena en los oídos de algunos.
En un México que si bien, puede situarse en revolucionario (con influencia villista del Norte, o de guerra cristera) también es un México que puede suceder en cualquier momento, o en día de muertos.
Los términos literarios de Rulfo, a lo largo de todo el libro, son mágicos y atinados para mantener el hilo conductor del lector de una historia como de humo que nos hacen detenernos en sus imágenes o de sueño, o de realidad cruda.
Pero en lo referente al personaje de Susana, los colores cambian, y también el sentido de la vista se recrea, se aviva;
«Pensaba en ti, Susana. En las lomas verdes. Cuando volábamos papalotes en la época del aire. Oíamos allá abajo el rumor viviente del pueblo mientras estábamos encima de él, arriba de la loma, en tanto se nos iba el hilo de cáñamo arrastrado por el viento. “Ayúdame, Susana”. Y unas manos suaves se apretaban a nuestras manos. “Suelta más hilo”.
Esta cita que bien puede leerse con cierto erotismo me permite extraer, como en el ejemplo del rebozo anteriormente, estos paralelismos poéticos como agentes externos que como marionetas mueven a estos personajes. El hilo del cáñamo además arrastrado por el viento, es una hermosa alegoría, y hermosa introducción de la palabra cáñamo con su evocación dulce caña. Susana, o el amor que representa para otros, es símbolo de vida y belleza pero de manera pasiva. Susana puede ser musa o inspiración, pero no trascendental, por que la mujer no es trascendental en esa época, en esa cultura, como la patria, es bella pero se la puede apropiar a la fuerza.
«… Llanuras verdes. Ver subir y bajar el horizonte con el viento que mueve las espigas, el rizar de la tarde con una lluvia de triples rizos. El color de la tierra, el olor de la alfalfa y del pan. Un pueblo que huele a miel derramada…».
Una vez más la naturaleza actuante, una vez más el dorado de la espiga, y la tarde que como cabello de mujer se riza con el agua divididos rizos en la trinidad. Y de nuevo los colores tierra, el olor de la alfalfa y del pan, miel derramada que rima con miel quemada y que el lector puede añadir.
¨Y luego, como si se le hubieran soltado los resortes de su pena, se dio vuelta sobre sí misma una y otra vez, una y otra vez.¨
No puede más que haber poesía en estas palabras de Rulfo, como si le hubieran soltado los resortes de su pena, es una imagen que bien podemos imaginar como colchón roto, donde la pena, de nuevo, viene a hacer un agente activo de manera aguda.
Los no sonidos vivos
“Allá me oirás mejor. Estaré más cerca de ti. Encontrarás más cercana la voz de mis recuerdos que la de mi muerte, si es que alguna vez la muerte ha tenido alguna voz.”
Aquí recalca los sentidos con sus opuestos. abstracto, aquí es lo intangible pero presente, el oír, la voz, la muerte. Como lo evoca también:
-La madrugada fue apagando mis recuerdos.-
O bien:
-Oía de vez en cuando el sonido de las palabras, y notaba la diferencia. Porque las palabras que había oído hasta entonces, hasta entonces lo supe, no tenían ningún sonido, no sonaban; se sentían; pero sin sonido, como las que se oyen durante los sueños.
Este oído “opaco” de Rulfo, está situado en una escena donde los muertos son seres activos que llenan, también como los sueños, son intervenciones externas llenas de retazos culturales mexicanos tal cual la siguiente cita:
Ruidos. Voces. Rumores. Canciones lejanas: Mi novia me dio un pañuelo con orillas de llorar . . . en falsete.
Como si fueran mujeres las que cantaran o plañideras en velorio. La imagen del pañuelo húmedo de lágrimas de mujer, de tristeza, de desesperanza, y en falsete, sonidos agudos de alarido de ayuda. Esto hace eco con ese “ sabor a desdicha” mencionado anteriormente.
Pero los sonidos y lo no sonidos se entrelazan a veces, encuentran por ejemplo convivencia cuando se evoca esta sublimación de lo carnal y romántico con el personaje de Susana mientras ella experimenta el contexto del más allá como en la frase siguiente.
-Susana San Juan oye el golpe del viento contra la ventana cerrada. Está acostada con los brazos detrás de la cabeza pensando, oyendo los ruidos de la noche; cómo la noche va y viene arrastrada por el soplo del viento sin quietud. –
-Luego el seco detenerse. –
La fauna de Pedro Páramo
En Pedro Páramo, como lo concebiríamos en otro plano no terrestre, los animales no son solo acompañantes de las acciones humanas, sino que son partícipes de la historia, intervienen activamente y a veces la dirigen tras bambalinas. Algunos animales se dan cuenta cuando se comete un crimen…como los caballos. Los gatos rodean a Susana, brincan expresando emociones del momento, miedo, anuncio de muerte. Y me atrevería a decir, que al leer Pedro Páramo, aún sin referencias específicas nos imaginamos los ladridos de perros callejeros a lo lejos más de una vez, ya sea en madrugadas donde se apagan los recuerdos o en las caminatas áridas de Juan Preciado.
Pero la presencia poética resuena en todo el libro, destaco las siguientes citas, que si bien pueden acudir a los sentidos también, en realidad las destaco por su ingenio poético y quizá, desde alguna arista con potencial humorístico:
-Eso lo despertó: un llanto suave, delgado, que quizá por delgado pudo traspasar la maraña del sueño, llegando hasta el lugar donde anidan los sobresaltos-.
Aquí convive una vez más lo real y lo irreal y lo describe con genialidad poética, personaje dormido pero que llora despierto. Llanto suave que evoca bebé, maraña me recuerda sensación de purgatorio además en el sueño, como insertarse hasta el cerebro donde ¨se anidan¨ los sobresaltos. Tampoco parece gratuito el verbo anidar que se combina con la evocación de llanto suave. Rulfo poéticamente nos lleva a estos enigmas que nos gustan y que no debemos analizar mucho pero que tienen una carga literaria de forma y de fondo muy potente.
Otro ejemplo similar:
-No, no era posible calcular la hondura del silencio que produjo aquel grito. Como si la tierra se hubiera vaciado de su aire. Ningún sonido; ni el del resuello, ni el del latir del corazón; como si se detuviera el mismo ruido de la conciencia. Y cuando terminó la pausa y volví a tranquilizarme, retornó el grito y se siguió oyendo por un largo rato: “¡Déjenme aunque sea el derecho de pataleo que tienen los ahorcados !”
Magistral es la manera que Rulfo, tras escribir lo que dentro de lo literal podría ser algo ilegible, hasta absurdo, por su uso de los sentidos y los sinsentidos, lo hace absolutamente poético y entendido desde los poros; destaquemos las palabras extremas de este párrafo como silencio, grito, hondura, aire, ningún sonido, ruido de la conciencia. ¿Acaso no es una manera de hacer el mapa de palabras para mantenerse en el purgatorio?
Luego finaliza con la exclamación del pataleo de los ahorcados, y encima tener derecho del pataleo, como cuando ofrecían el último cigarro a quien iban a fusilar durante la revolución, tener derecho a quejarse por última vez sabiendo que sigue la muerte. De nuevo Rulfo trae a colación con esta ¨pataleta a la evocación ¨lo que haría un infante, pero que recuerda también el proverbio de patada de ahogado, como sentencia del ya ni modo, del ya chupó faros.
Es así como llegamos al punto de no retorno y a la vez del contínuo retornar en la novela, como que seguimos en el círculo negro de un comal, de Comala, donde no se sabe si se va o se viene como en las siguientes citas. Así la novela va cerrándo su círculo negro de Comal que se repite casi cuánticamente. No es raro que Rulfo se siga leyendo con esta novela que sigue ofreciendo interpretaciones, ángulos y aristas al lector. La belleza poética ha sido mi lente en estos comentarios, pero no dudo que de volver a embestirla, encontraremos aún nuevos lentes.
-No se preocupe por mí -le dije-.
Por mí no se preocupe. Estoy acostumbrado.
¿Cómo se va uno de aquí?
-¿Para dónde? Para donde sea
-Hay multitud de caminos. Hay uno que va para Contla; otro que viene de allá. Otro más que enfila derecho a la sierra. Ese que se mira desde aquí, que no sé para dónde irá -y me señaló con sus dedos el hueco del tejado, allí donde el techo estaba roto-. Este otro de por acá, que pasa por la Media Luna. Y hay otro más, que atraviesa toda la tierra y es el que va más lejos.
-Quizá por ése fue por donde vine.
En seguida oye el percutir de su corazón en palpitaciones desiguales.
Esta frase contiene a la vez la degradación de la vida y la lucha por seguir.
Y para terminar, concluimos con la cita redonda que teje esta tierra de Pedro Páramo que hemos visto en toda la novela estar prácticamente a la deriva, con la esperanza basada en el misticismo católico españolizado con imágenes europeas en la memoria del lector, con pinturas casi bucólicas con la presencia de querubines y serafines:
-Aún falta más. La visión de Dios. La luz suave de su cielo infinito. El gozo de los querubines y el canto de los serafines. La alegría de los ojos de Dios, última y fugaz visión de los condenados a la pena eterna. Y no sólo eso, sino todo conjugado con un dolor terrenal. El tuétano de nuestros huesos convertido en lumbre y las venas de nuestra sangre en hilos de fuego, haciéndonos dar reparos de increíble dolor, no menguando nunca, atizado siempre por la ira del Señor. –
Por todo lo anterior, Rulfo se relee, la escenografía de esta novela de muertos está viva, como purgatorio, cual pueblo mágico donde flotan los pecados, los incestos, las muertes, las penas, las animas, el amor y la poesía hasta los huesos. Pedro Páramo hace uso de los sentidos y de la vida con sus emociones, deseos y frustraciones para representar a los muertos, que con la ayuda de Rulfo, siguen trascendentalmente vivos en su obra.

Silvia Siller (México).
Internacionalista, docente, escritora y poeta. Actualmente enseña en la escuela Rudolf Steiner de Nueva York. Estudió su maestría en Relaciones Internacionales en la U. de Columbia y también posee maestría en francés además de haber cursado varios seminarios en literatura hispanoamericana en México y en Nueva York.
Fue finalista del concurso de la Fundación Mar Azul en Venezuela con Danza de Cuatro brazos en 2017, posteriormente publicado por Nueva York Poetry Press en 2019. Otros dos poemarios han sido premiados en el International Latino Book Award: De mariposas y Mantis (Urpi Editores) en 2015 y Madrugada No. 5 (La Ovejita) premiado por su traducción por Walter Krochmal al inglés en 2016.
Además de los poemarios mencionados también publicó; Tandava por BooksSmith (2018), La Granada Ebria (2019) por La Chifurnia del Salvador, y recientemente La Huerta de los Nómadas por Ediciones Loynaz en Cuba. También tiene un libro de narrativa, El día que el cortés dejó de florecer, que se publicó en 2019 por Editorial Ojo de Cuervo en El Salvador. Ha sido partícipe de múltiples festivales internacionales: Nueva York, México, FIL de Guadalajara, Chile, Colombia, FIL Cuba, España, El Salvador y Costa Rica. Fue honrada en la Universidad de CUNY como voz mexicana en el 2022.
Crédito de imagen: Luis Espino.
Fotografía: Cortesía de la autora.







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