Óscar Wong: crítica, sacralidad y poesía

Todas las cosas arden si te miro.
Todas las piedras germinan si te amo
Óscar Wong

Por José Natarén.

No es difícil evocar la memoria del poeta Wong en términos simbólicos propios de las tradiciones iniciáticas y doctrinas esotéricas, como la Kabbalah, y enfatizando la preeminencia del ámbito sagrado en torno a la mujer (anoto so pena de escándalo lacaniano), toda vez que este escritor, asumió su oficio poético como tributo al eterno femenino, como un credo, sacerdocio, como misión espiritual al servicio de la Diosa, de acuerdo con lo planteado por Robert Graves[1]. El poeta precisó:

Como ritual, como manifestación emocionada de la existencial, que se traduce en revelación, en unión sagrada, la poesía es un ceremonial santificado, perpetuo. Pero también tiempo suspendido, rito o festín. Iluminación. Palabra y silencio: poesía. Ahí estriba lo mágico del lenguaje, el sentido de la Palabra. La función de la poesía significa un verdadero enlace entre la realidad interior, de sus intuiciones y emociones, y el mundo exterior del que forma parte el autor[2].

   Óscar Wong reconoció la imposibilidad de la permanencia de la especie si la omisión de la dimensión espiritual del mundo se impusiera. El arte, la literatura, en particular la poesía manifiesta la condición, el sustrato sagrado del mundo:

Si el ser humano ha extraviado el sentido de la sacralidad, entonces estamos al borde del abismo. Después de todo, la presencia del hecho estético, del fenómeno poético, representa un rito, un ceremonial[3].

   La visión del mundo como escritura continua e inagotable que fue patente en el pensamiento del poeta, estaba traspasada por la noción de lo sagrado y también por la conciencia de su linaje oriental, al cual honró con orgullo.

   El propio poeta especificó la similitud de su escritura con las formas expresivas chinas en secuencias progresivas orientadas hacia la metonimia. En la escritura del autor sinoamericano, China aparece como alusión, referencia y motivo, de fondo; pero también, de forma, como caracteres, trazos, como unidades rítmicas, estróficas; en imágenes que son entidades sonoras y semánticas completas en sí, pero compuestas armónicamente. Sobre la integración de la concepción china de la escritura en su propia obra, el propio poeta precisa:

Para escribir, concibo al poema como si fuese una serie de caracteres chinos, donde cada ideograma representa el aspecto metonímico que aspiro realizar. Algunos me han reprochado la “ausencia” del tono oriental, sin advertir que la imagen misma es el concepto. La pureza y la energía del corazón, deben unirse al pensamiento al momento de crear poesía, por eso toda la vastedad del mundo real y el emotivo adquieren una forma precisa, concreta, en el trazo de los caracteres[4].

   Su impulso creador concilió lo que él designó “logos pitagórico” y el “logos socrático”[5], conceptos similares a intuición y razón, y se concretó en varios géneros, como la poesía, el ensayo y la narrativa. El ánimo crítico se impuso en su interpretación de los vaivenes políticos del país. La realidad concreta, histórica y personal, las contingencias vitales, genealógicas y biográficas, parecen hilarse alrededor de un eje tragicómico de la existencia, y particularizaron la vocación del poeta, desde la travesía que redundó en su triple mestizaje, la migración de su padre desde el oriente y su infancia en un municipio en la costa chiapaneca. El poeta sinomexicano especifica una razón vital, en torno al clan familiar como punto de partida para el cumplimiento de lo que se acusa trascendental, la realización de una especie de “vocat” como luego disertará:

La vocación literaria es un destino terrible, devastador; es el caldero de brujas del que hablaba el poeta impar Jaime Sabines. Es un sino aterrador, pero que debe asumirse sin aspavientos. Creo que llegué a la literatura, a la poesía, como una forma de reivindicación: mi padre, originario de Cantón, China, jamás consiguió ser buen hablante del español. Nunca fue a la escuela: aprendió por sí mismo lo poco que sabía de la nueva lengua. Presupongo que por eso me volqué en el ámbito estético-lingüístico[6].

Óscar Wong se asumía “Hacedor de signos”, druida o vate, vidente del roble –o de la ceiba sagrada–, según su cosmovisión poética, que abrevó lo mismo de la “Gramática Histórica del Mito Poético” (Graves), de los Mitos hebreos de Raphael Patai, como de la sabiduría kabbalística del Zohar y del enfoque de los hermetistas como Marsilio Ficino y Francesco Pico della Mirandolla, cuyas obras figuraban en el vasto inventario bibliográfico recurrido por el autor sinomexicano[7]. El mundo como libro abierto y listo, a la mano del iniciado, del oficiante, nunca del profano como precisa en “Luminosidad y perfección”, ensayo escrito por motivo del primer decenio de la muerte de Octavio Paz, uno de los poetas a los que estudió y comentó más, como Gorostiza, Huidobro y Sabines, cada uno tema de tres de sus libros. Wong es claro cuando precisa el sentido sagrado del oficio poético:

El poeta nace con esa predisposición para las palabras y los sentidos significativos (el vocat, llamado, que a su vez viene del verbo latino vocare, es muy fuerte), y se hace con la experiencia vital, con las lecturas. Finalmente, la poesía es una revelación espiritual; consecuentemente, no todos están dotados para conseguirla. En La diosa blanca, Robert Graves recuerda —¿o alerta? — sobre la función de la póieses y la del poeta: cantar el tema único de la poesía y oficiar (Graves, 1986). Expresar —a través de ritmos, imágenes y diversos planos significativos— la relación de un hombre con su pareja; observar con profundidad el mundo que habla y se revela incluso en cada objeto; ver las cosas con su máximo sentido oracular, como quería Francis Ponge. Por algo la existencia es sagrada[8].

   La poesía como oficio sagrado. Idea central del pensamiento que él mismo designaba, un tanto en broma y un tanto en serio, “Wongorismo”. Dice en Poética del Viento:

Escribir representa un acto primordial, puesto que la hoja en blanco se metamorfosea en ese vacío perturbador, donde la claridad acecha desde el abismo del silencio, buscando rebasar las fronteras del símbolo. Así, el poeta se erige como un descifrador de signos, un cabalista que transforma la Palabra en la piedra filosofal que trastoca el contenido en oro. Y es que la Poesía está hecha de silencios (y ello provoca una imagen sonora). De esta manera, el poema resplandece[9].

   Varias veces conversamos no sólo de la visión kabbalística del mundo –cuestión que interesó a escritores diversos, como Gershom Scholem y Jorge Luis Borges; a Rubén Bonifaz Nuño; a Esther Cohen y Pura López Colomé, traductoras de pasajes del Zohar en México– sino de la perspectiva esotérica de la que ambos partimos para asumir la sacralidad de la existencia, mirada desde la que interpretamos la realidad, desde una poética de lo sagrado. En palabras de Wong:

El mundo del lenguaje que se abre a otra realidad. Resonancia cósmica del Verbo emanada de la materia, presencia de la metábolé, conversión de algo en otra cosa. Poesía, modificación de la sustancia misma, metamórfosis o transformación. El mundo es creación lingüística[10].

   Entre sus libros de ensayo y teoría literaria: Eso que llaman Poesía (1974), Hacia lo eterno mínimo. Otra lectura de Muerte sin fin, (1986), La salvación y la ira (Edit. Claves Latinoamericanas, 1986), Entre las musas y Apolo Poesía Mexicana: Presencia y Realidad (Grupo Editorial 7, 1992), Jaime Sabines, entre lo tierno y lo trágico, (1995 y Praxis, 2007), El Secreto del Verso. Manual para la enseñanza-aprendizaje en los talleres de apreciación poética (Edit. Linajes, 2001), La pugna Sagrada. Comunicación y Poesía (Edit. Coyoacán, 2004), Poética de lo sagrado. El lenguaje de Adán (Ed. Coyoacán, 2006), El cuento. Caracol luminoso del lenguaje, (Coneculta, 2016) y Poética del Viento (Coneculta, 2017).

   Estos últimos se caracterizaron por ser los primeros publicados en Chiapas, su estado natal, pese a tener entonces ¡cuarenta años! de carrera. El último libro de ensayo fue La Revelación Poética. Del Mito a la Metáfora (2018). Publicó tres antologías: Nueva Poesía De Chiapas (Edit. Katún, 1983), y Chiapas, nueva fiesta de Pájaros (Edit. Praxis, 1998) y Chiapas, dimensión social de la narrativa (Edomex, 1999)[11], de gran importancia por su naturaleza, al sentar las bases para el establecimiento de una historia canónica

   A decir del poeta Evodio Escalante, O. Wong, “puso sobre el tablado la importancia de la hermenéutica literaria (…) escritor sui generis, hermeneuta que trabajaba por la libre y a contracorriente, al margen, rebelde, iconoclasta. En paralelo a la academia, a las instituciones. Es asombrosa su actividad como crítico literario y ensayista”[12].

   Según Escalante, en Hacia lo eterno mínimo, Wong hizo un profundo estudio de “Muerte sin fin”, y no se arredra ante la dificultad de la lectura, y, contra lo asumido por la mayoría, afirma que el poema de Gorostiza no es un canto a la muerte de dios, sino a su persistencia, abordaje al que se suma el propio Escalante[13]. Eso no es un aporte menor, claro es. También debe considerarse con especial atención Altazor. Alquimia y Revelación (2014), dedicado al poema de Vicente Huidobro, por sus alcances en cuanto a la crítica y teoría literaria.

   Destaca el magisterio del poeta Wong: coordinación de talleres y formación de escritores durante décadas, en el Wongnasterio, espacio de creación y apreciación literaria traspasado por la cosmovisión poética del autor de Rubor de la Ceniza. Su trayectoria pública abarca el periodismo, el servicio público y la promoción cultural. Más de nueve lustros que rememoró en “Estigma existencial”:

Casi medio siglo desde aquel 4 de octubre, día de Tata Chico, santo patrono de Tonalá, mi ciudad de origen, allá en la costa de Chiapas. Cuarenta y seis años en el tobogán de la vida y donde, pese a todo, aún persiste la obstinada resistencia al fracaso. Volver la vista hacia atrás no me transformará en estatua de sal ni tampoco me petrificará la angustia por los años sidos ni me doblegará pandemia alguna[14].

   Cabe detenerse en la mención al Hermano Francisco, patriarca de los poetas, por quien sentía especial inclinación, pese a su franca y declarada distancia de la tradición religiosa del Occidente burgués, recuperando del madero, el mito del héroe hasta llevarlo al amor cortés, más próximo a la herejía cátara que a los silicios de la beatitud. Más cerca del horror sacro de la Diosa que del rayo furioso de Jove. En este sentido, comprendemos los títulos de los cursos y talleres del Wongnasterio: “Gramática histórica del mito poético”, “Filosofía oculta: magia y poesía”, “Del mito a la metáfora” y “La revelación poética”[15]. En consonancia con esta atmósfera mágica, esotérica, iniciática, apunto la tríada irlandesa del siglo XIII que el maestro Wong dijo, solemne, durante muchas sesiones de taller, como en sus ensayos: «Es mortal mofarse de un poeta, amar a un poeta, ser un poeta».

   Del mismo modo, con intención didáctica, enunciaba a menudo su definición del verso: “sonido armónico con significado”. Esta definición responde a un código respiratorio, como dijo en el ensayo “Del verso libre o acentual”, y concentra las tres propiedades poéticas: melopea, fanopea y logopea, distinguidas por Ezra Pound en El Arte de la poesía[16], a la vez que satisface lo requerido a una sustancia segunda, de acuerdo con la doctrina del estagirita. Logró transmitir a sus discípulos la convicción de la poesía como experiencia vital de comunión del sujeto con los otros, como vínculo inseparable de lo humano:

Hay un vínculo muy estrecho entre poesía y vida. Las palabras son trazos, signos, meros símbolos. Aunque el poeta no es un simple emisor de elevadas notas líricas: también es un hacedor, un narrador de historias donde se encuentran todas las voces de la humanidad[17].

  

Riguroso y estricto en la revisión de los textos de los aspirantes, incipientes, o ya con camino en el oficio de la escritura, siempre preponderó el dominio técnico, aunque supeditado a la intuición y, sobre todo a la eufonía, al oído natural, condición necesaria del poeta. Sus preocupaciones como formador de escritores, partían del imprescindible conocimiento de las teorías literarias y de la implementación de los tropos, figuras literarias y lógicas para erizar el lenguaje hasta expresar el sustrato emocional mediante la forma idónea. Orientó a no pocos de sus alumnos en el proceso de creación de obras merecedoras de reconocimientos nacionales e internacionales. Con autoridad, el guía de varias generaciones de poeta y aspirantes, indicó:

La poesía es una experiencia de vida que se transmite mediante un código: el poema y en éste se advierten dos elementos fundamentales: la técnica y el contenido (forma y fondo). Aquí lo importante no es el qué, sino el cómo, de ahí que todo cambio de forma implica un cambio en el contenido[18].

   Como coordinador de taller, procuró compartir una visión de la poesía -liviana, alada y sagrada-, como concepción del mundo y vía para crear sentido de nuestra estancia en la Tierra, a la paradoja de ser humano, así como enfatizar el compromiso del escritor con la Palabra como instrumento creador y el poema como artefacto mágico. La palabra como instauradora de realidades desde la dimensión cultural, para quienes gustaran asumir y ejercer el llamado o vocat poético −en palabras de Wong− y advirtiendo a quienes, pese a estar ya enterados, eligieran sólo permanecer en la antesala del Verbo, y concebir la poesía como entretenimiento, recreación, mero ejercicio de la necesidad expresiva, añoranza provinciana, pretexto para la vanidad o para figurar en círculos literarios. En La Pugna sagrada. Comunicación y Poesía, dice:

La Poesía es ontológica. Trata de captar el trasfondo de la realidad, entresacar de las apariencias, la esencia de las cosas. Además, explica que la poesía apunta hacia el hombre y sus relaciones con esa dinámica interna en el verso, con esa tensión del espíritu, estará reflejando su autenticidad. Todo lo demás será un simple juego verbal, una pirotecnia de sonidos que deslumbran y enceguecen, pero que jamás harán hincapié en lo contradictorio del hombre[19].

   A la par, reiteraba la responsabilidad del poeta con su tiempo y con la especie, como la voz, personalísima y a la vez colectiva.

Siempre en situaciones límite, el hombre sensible se aparta de la normalidad. Su función social consiste en “cantar” una historia, trastocar el mundo, revertirlo, develarlo. Husmear, hurgar, expresar lo más turbio o lo angelical de la humanidad[20].

El legado intelectual de Óscar Wong, apenas comienza a ser considerado o examinado a conciencia. La singularidad de sus orígenes, a la vez chino y chiapaneco, así como su profundo conocimiento de la tradición literaria hispanoamericana, con la asunción del mito y lo sagrado como élan de su poética, distinguen su obra. Asimismo, la asimilación de la sabiduría oriental como base de su proceso creativo fue determinante.

Óscar Wong (Chiapas, 26 de agosto de 1948). Estudió Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM. Entre sus poemarios: Si te das al viento: poemas 1974-1975. (1978); He brotado raíces, (1982); No creo que las rosas cambien (mención honorífica del Premio Aguascalientes 1981, 1986). A Pesar de Los Escombros (1994); Ritual De Ausencias (1994); Espejo A La Deriva (1996); Razones de la Voz (2000); Rubor de la Ceniza (2002), Fulgor de la Desdicha (2002); En el corazón de la memoria, (2012) y Penumbras de la luz (2014).

   Obtuvo reconocimientos, entre los que destacan el Premio Nacional de Poesía Ramón López Velarde 1988, por su libro Enardecida luz (UNAM, 1992), primer lugar en el Certamen Literario Rosario Castellanos 1989 en cuento, con La edad de las mariposas (Talleres Gráficos de la Nación, 1990), el Premio de Poesía de Ciudad del Carmen, en el 2000, con Razones de la voz (CNCA, Práctica Mortal, 2002) y el Premio Nacional de Ensayo Magdalena Mondragón 2006. Fue reconocido con el Premio Chiapas 2015, máxima distinción que el estado entrega a sus creadores de arte; en ese año, el INBAL celebró en la Sala Ponce del Palacio de Bellas Artes sus 40 años de trayectoria. Falleció el 13 de diciembre del 2020. Hijo, padre, abuelo, hermano y tío ejemplar. Varón generoso y sabio.

“Si pusieras tus ojos en mis ojos.

Si pusieras tus labios en mis labios.

Si tu boca fuera abeja enardecida

o aguja voraz hurgando en la sangre.

Si te posaras, sedienta, entre mis piernas,

te amaría densa, torva, tiernamente,

como quien por primera vez asoma al mundo,

como quien por primera vez

desgarra una violeta.

Todas las cosas arden si te miro.

Todas las piedras germinan si te amo.

Como gorjeo intempestivo vienes

y tu presencia bebo cual arroyo

donde los ángeles se inclinan.

Como una lenta danza que seduce,

como rocío fértil en la arena,

como la castidad del santo que crepita

ante la suave perfección de la figura inmaculada

vienes.

Qué arduo trabajo el tuyo, Amada: ser hermosa”..

Fragmento de Piedra que Germina (1998).


José Natarén (México).

Promotor cultural y escritor. Autor del libro de crítica literaria Óscar Oliva: Al norte del futuro. Apuntes para un ensayo sobre la obra del poeta (CONECULTA, 2024)y del poemario Bellífica (UNACH, 2024). Poemas suyos han sido publicados en las revistas La Otra, Círculo de poesía, Tiberíades, New York Poetry Review y La gualdra, suplemento de La Jornada Zacatecas; así como en las antologías Universo poético de Chiapas (CONECULTA, 2017) y Hacia un azul imposible (El tapiz del unicornio, Embajada del Reino de Marruecos, UNAM, 2023). Ha publicado ensayos y artículos sobre poetas mexicanos en: La Jornada Aguascalientes, Diario Ultimátum y Diario de Chiapas; en las revistas latinoamericanas: Altazor, Taller Ígitur, Carátula, Letralia y Contrapunto: Revista de la Universidad de Alcalá. Estudió física y matemáticas en la UNACH y trabajó en proyectos de investigación de carácter literario y filosófico. Ha colaborado con el Sistema Chiapaneco de Radio y Televisión y con la Radio de la UNICACH. Fue Secretario Técnico del Instituto Tuxtleco de Arte y Cultura del Ayuntamiento de Tuxtla Gutiérrez (2020-2024) y actualmente dirige el Teatro de la Ciudad Emilio Rabasa.


Crédito fotográfico: Blanca Charolet.

Notas:


[1] El libro fundamental de la bibliografía compartida en los talleres de Óscar Wong, es La Diosa Blanca de Robert Graves.

[2] Óscar Wong. “La Poesía, Ceremonial Sagrado”. Colaboración con la página Tuxtla Cultural del Instituto Tuxleco de Arte y Cultura.

[3] Ibidem.

[4] Óscar Wong. “Sacramento de la piedra (un poema en busca de editor)”. Colaboración para Tuxtla Cultural.

[5] Julio César Félix. “Conversaciones con Óscar Wong” https://poesiadewong.blogspot.com/p/ecos-del-wongnasterio.html?m=0

[6] Ibid. “Sacramento de la piedra”. https://www.facebook.com/share/p/1BaKhuARLE/

[7] Parte de esta bibliografía se apunta en se apunta en el libro del poeta Óscar Wong El Secreto del Verso. Manual para la enseñanza-aprendizaje en los talleres de apreciación poética. México, Linajes Editores (2001).

[8] Id. “Octavio Paz, luminosidad y perfección. (1914-1998) A 10 años de su fallecimiento”,

http://web.uaemex.mx/plin/colmena/Colmena%2059/Aguijon/OW.html

[9] Id. Poética del viento, (Dir. de Publicaciones/Coneculta-Chiapas, 2015), 10.

[10] Id. “Luminosidad y perfección”, en el Poema Seminal 5 noviembre, 2004 la https://issuu.com/lcervortiz/docs/eps61-80 vinculado a  http://www.delagracia.de/wong.htm

[11] Fundación para las letras mexicanas. “Obra publicada de Óscar Wong”, Enciclopedia de la Literatura en México. http://www.elem.mx/autor/obra/directa/1145/

[12] ITAC. Piedra Que Germina: Celebración de la vida y obra de Óscar Wong. https://www.facebook.com/TuxtlaCultural/videos/449147782917209.

[13] ITAC. Piedra Que Germina. https://www.facebook.com/TuxtlaCultural/videos/449147782917209.

[14] Óscar Wong. “Estigma existencial”. Colaboración para Tuxtla Cultural, 03 de octubre del 2020

[15] Ibid. “Propuesta de talleres de óscar Wong para el 2021”. Archivos de la Secretaría Técnica del ITAC.

[16] Ezra Pound. El Arte de la poesía, (Editorial Joaquín Mortiz 186): 40-42.

[17] Óscar Wong. “Eros y Thánatos”. Colaboración con el Diario de Chiapas, 20 de julio 2020. https://diariodechiapas.com/a-and-s/eros-y-thanatos/

[18] Ibid. “Del verso libre o acentual” 25 de abril del 2020.

[19] Óscar Wong, La pugna Sagrada. Comunicación y poesía (Ed. Coyoacán, 2004), 35.

[20] Ibid. Altazor. Alquimia y Revelación. Edic. Fontamara, México, 2014, 63. Retomado en “El poeta y la violencia”, colaboración con El poema seminal núm. 150-151 febrero-julio 2011, p. 16. https://amp.issuu.com/lcervortiz/docs/eps150-151/16 .

Fuentes bibliográficas.


WONG, Óscar.

  • El secreto del verso. Manual para la enseñanza-aprendizaje en los talleres de poesía. (2013). Edomex: Edit. Chicome/Tanimus. 179 p.
  • La pugna sagrada. Comunicación y poesía. (1ª. reimp., 2004). México: Ediciones Coyoacán. 112 p.
  • No creo que las rosas cambien. (1986) México: Edit. Claves Latinoamericanas. 63 p.
  • Penumbras de la luz, (2014). Toluca, Edomex:  Gob. del Edo. de México. 186 p.
  • Rubor de la ceniza (2002). Praxis, Méx. 92 p.
  •  

GRAVES. Robert. La Diosa Blanca. Alianza Editorial, Barcelona, España, 1983, 701 p.

Los Mitos Griegos. Alianza Editorial, S. A., Madrid, 1985, 422 p.

POUND, Ezra. El Arte de la poesía, (1954), Editorial Joaquín Mortiz, 2ª ed 2ª reimp., México, 1986, 121 p.

Fuentes virtuales.


WONG, Óscar.

“Del verso libre o acentual”, 25 de abril del 2020.  https://www.facebook.com/photo/?fbid=1752391304914543&set=pcb.1752391384914535

Consultado el 7 de marzo del 2025.

– “El poeta y la violencia” El poema seminal núm. 150-151 febrero-julio 2011, p. 16. https://amp.issuu.com/lcervortiz/docs/eps150-151/16 Consultado el 7 de marzo del 2025.

– “Eros y Thánatos”. Colaboración con el Diario de Chiapas, 20 de julio 2020. https://diariodechiapas.com/a-and-s/eros-y-thanatos/ Consultado el 7 de marzo del 2025.

– “Estigma existencial”. 03 de octubre del 2020 https://www.facebook.com/photo/?fbid=1964460843707587&set=pcb.1964461003707571 Consultado el 7 de marzo del 2025.

– “La poesía, ceremonial sagrado” (14) Tuxtla Cultural – Publicaciones | Facebook Consultado el 7 de marzo del 2025.

– “Luminosidad y perfección”  http://www.delagracia.de/wong.htm Consultado el 7 de marzo del 2025.

– “Luminosidad y perfección”  https://issuu.com/lcervortiz/docs/eps61-80 Consultado el 7 de marzo del 2025.

-“Sacramento de la piedra. (un poema en busca de editor)” https://www.facebook.com/photo?fbid=2029026190584385&set=pcb.2029026347251036 Consultado el 7 de marzo del 2025.

– “Octavio Paz, luminosidad y perfección. (1914-1998) A 10 años de su fallecimiento” https://lacolmena.uaemex.mx/article/view/5969 Consultado el 7 de marzo del 2025.

INSTITUTO TUXTLECO DE ARTE Y CULTURA (ITAC). Piedra que germina: Celebración de la vida y obra de Óscar Wong. Producción audiovisual del ITAC.

https://www.facebook.com/TuxtlaCultural/videos/449147782917209 Consultado el 7 de marzo del 2025.

FUNDACIÓN PARA LAS LETRAS MEXICANAS. Enciclopedia de la Literatura en México “Obra publicada de Óscar Wong”, http://www.elem.mx/autor/obra/directa/1145/ Consultado el 7 de marzo del 2025.

MEMORIA HISTÓRICA DE MÉXICO.  Conversatorio homenaje al escritor Oscar Wong (1948-2020) https://www.facebook.com/MemoricaMexico/videos/202556088605318 Consultado el 7 de marzo del 2025.

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