Hormigas deslumbradas: entrevista con Isabel Fraire

Isabel Fraire es una poeta que nació en México en 1934, y falleció el 5 de abril de 2015, hace casi 10 años, por lo cual la publicación de esta entrevista es un homenaje a su obra y a su memoria.

En 1969, Ediciones Era publicó su primer libro de poemas, Sólo esta luz, que tradujo al inglés Thomas Hoeksema. En 1973 recibió la beca Guggenheim, que le permitió escribir Poemas en el regazo de la muerte —Premio Xavier Villaurrutia para el mejor libro de poesía publicado en México en 1978—. Ese libro también fue traducido al inglés por Hoeksema, así como mucha de su poesía, algunas veces incluso antes de que fuera publicada en español. En la época en que tuvo la beca Guggenheim, también realizó la selección y traducción de Seis poetas en lengua inglesa.

En 1997, la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) publicó la poesía reunida de Isabel Fraire con el título Puente colgante, que incluye sus dos primeros libros, además de Encuentros casuales, largamente meditadas rendiciones, Irse para volver (escrito a principios de la década de 1980) y Atando cabos, que, según sus palabras, está “compuesto de poemas viejos, menos viejos y recién escritos, de muy diversos tonos y temas, algunos ya publicados en revistas, otros inéditos”.

Esta entrevista se realizó en 2003 en Nueva York, en el departamento de la calle 35, en Manhattan, donde vivía la poeta. Una tarde de verano concertamos la cita, ahí la conocí, y durante algunas horas conversamos acerca de su vida y su poesía. La mayor parte de esta entrevista fue vertida entonces, y meses después en varios encuentros que tuvieron lugar en la colonia Roma y en Coyoacán, en la Ciudad de México, en el transcurso de una larga y entrañable amistad.

Escritura de los poemas

Según Isabel Fraire, su padre le enseñó la sencillez en la poesía. Así son sus poemas: espigados, directos, sencillos. De un libro a otro no hay abismos o cambios acentuados, el devenir de esta poesía sucede como un solo poema, en algunos momentos con la brevedad del aforismo, en otros con poemas mucho más largos.

Acerca de lo que ha publicado, Isabel recuerda: “Hago tres o cuatro o diez versiones de un poema, hasta que me satisface lo suficiente. Lo que busco es que cada poema sea completo en sí mismo, que no necesites otros para aclarar su significado. Cada uno es un mundo en sí mismo, no sólo por su intención, sino también en el sentido de su sonido y forma”.

Al escribir, “tengo que hacer lo que siento y lo que pienso, qué otra cosa puede hacer un poeta. También trato de explicarme el mundo. Mi inclinación filosófica nunca me ha dejado, y por supuesto se muestra en mi escritura”.

La poesía de Isabel Fraire es muy visual, de imágenes acentuadas. En muy pocos casos el poema surge de una vez, como es el caso de “8 ½”. Ese texto, recuerda, “lo escribí de un jalón, con lápiz, justo después de ver la película, y no le cambié ni una sola palabra. Pero eso es muy poco frecuente”.

En el caso de Poemas en el regazo de la muerte, “no lo hice todo al mismo tiempo. Tenía la idea general del libro, y ya que estaba relacionado con el mundo real, reuní recortes de periódico, sueños, pedazos de conversaciones o lo que fuera. La versión original tenía los recortes o anotaciones en prosa entremezcladas con los poemas. Sin embargo, me alegro de que los quité y dejé sólo los poemas, de otra manera se habría vuelto obsoleto muy pronto. Lo que he hecho, no sólo en ese sino en los otros libros también, es escribir los poemas como se me ocurren, y después encontrar un orden que tuviera cierto significado. En ese caso intenté incluir realidad en la poesía sin recurrir a formas poéticas inflexibles y estereotipadas”.

Esa fue una experiencia nueva. “Así es como las cosas salieron, empeñándome en un diálogo conmigo misma desde diferentes puntos de vista. La forma es el resultado de lo que quería decir, no algo establecido de antemano. Y finalmente la cuestión es cómo lo pones en el papel: ‘Día de verano / hilo de araña plateado meciéndose / puente delgado y tenso’, lo oscuro es lo que está detrás”.

Poesía y orígenes

Isabel Fraire tuvo claro que quería escribir desde muy niña. A su padre, que era agente viajero, “le encantaba la poesía, decimonónica o del siglo XX, pero todavía no estaba al día. Admiraba a José Martí por su lenguaje simple, directo. Recuerdo que me ponía ejercicios; de hecho fue la primera persona que influyó en mi escritura, enseñándome a hacer las cosas simples y claras, no adornadas y difíciles de entender. Y claro, era un escritor frustrado, y mi mamá también. Ella me leía a Rabindranath Tagore en español, la traducción publicada por Vasconcelos”.

Isabel cuenta que incluso su apellido la destinaba a convertirse en poeta: “Eso atrajo la atención de Octavio Paz, cuando mis poemas aparecieron en una revista publicada en Monterrey, para jóvenes poetas. Paz dijo entonces que doña Isabel Fraire era la amada de Garcilaso de la Vega, en el siglo XVI, y no sólo de él, sino del mejor poeta portugués de la época”.

Los poemas de Isabel Fraire llegaron a la Ciudad de México gracias a Carmen Alardín, otra poeta, pariente lejana de José Martí, y una amiga cercana desde que eran adolescentes en Monterrey: “Ella les llevó poemas a algunos regiomontanos que se habían mudado a la capital para estudiar en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y que también eran poetas; me publicaron por primera vez en Kátharsis, una revista que hacían en Monterrey con mucho esfuerzo y poca ayuda”.

Después Alardín le mostró los poemas a Juan José Arreola, quien “los llevó a la Revista de la Universidad, y ahí los publicaron. Tomás Segovia estaba en el Consejo Editorial y me invitó a una reunión de los editores de la Revista Mexicana de Literatura, donde se me pidió que reseñara un libro de poemas de Rosario Castellanos; después me invitaron a formar parte del Consejo”.

La Revista Mexicana de Literatura “no era una publicación de literatura mexicana, sino una revista mexicana de literatura universal. Era muy interesante pertenecer al Consejo Editorial, porque siempre la decisión de a quién publicar era por consenso, después de discutir cada texto. Lo importante era que el texto fuera bueno, no quién lo había escrito”.

Las publicaciones en las que Isabel Fraire comenzó a dar a conocer su obra le dieron además buenos amigos: “Éramos una familia en la Revista Mexicana de Literatura. Todos estábamos de acuerdo y compartí una profunda amistad con Juan García Ponce, Tomás Segovia y Juan Vicente Melo”.

La Revista Mexicana de Literatura “tuvo una muerte natural de inanición al rechazar el financiamiento que era considerado de origen sospechoso en 1964 ó 1965”.

José Carlos Becerra, Gabriel Zaid y José Emilio Pacheco

Isabel se refiere a su relación con estos tres poetas: “De las muchas amistades entrañables que tuve con mis contemporáneos, me gustaría destacar que José Emilio Pacheco, Gabriel Zaid, José Carlos Becerra y yo nos reuníamos a comer cada mes, durante un año, más o menos, en el Sep’s que está cerca del Monumento a la Madre. Había una especial afinidad, sobre todo porque hay cierta economía en lo que escribíamos, y que atribuyo a una fuerte influencia de Luis Cernuda. José Carlos compartió con nosotros una gran apertura con lo que escribió, una franqueza inflexible”.

En esos años “conocí a José Carlos cuando llevó sus poemas a la Revista Mexicana de Literatura, y fueron publicados inmediatamente. No hubo el más ligero titubeo. También lo vi con Juan Vicente Melo cuando fuimos todos a Veracruz. Después de su muerte en un accidente de auto en Italia, escribí un largo ensayo sobre su trabajo que fue publicado en La Capital, una imitación cercana a The New Yorker, a la cual me invitó a colaborar Huberto Batis. En este artículo comparo a José Carlos con Ramón López Velarde por su temprana y trágica muerte. Sin embargo, aclaro que, a pesar de que López Velarde murió tan joven, su poesía más importante ya había sido escrita y había marcado un cambio desde sus primeras imágenes sorprendentes, pero que su actitud hacia el mundo probablemente no habría cambiado si hubiera vivido más tiempo. En cambio, José Carlos estaba apuntando a mayores profundidades, que habría explorado; tenía como quien dice una tesitura mucho más amplia, que apenas estaba iniciándose. Habría crecido y ampliado mucho más lo que tenía que hacer en poesía. Su trágica muerte lo alcanzó en pleno despegue. También me referí a la dificultad que Becerra tenía cuando trabajaba para una compañía de publicidad: ‘¡No he sido capaz de escribir una sola línea de poesía por un año!’ —se quejaba—. Estaba loco de contento cuando recibió la Guggenheim, ya que le permitió dedicarse a la poesía y viajar por Europa, donde nunca había estado”.

El primer libro: Sólo esta luz

En 1969, Editorial Era publicó el primer libro de Isabel Fraire, Sólo esta luz, que sin embargo escribió varios años antes: “Debo mencionar que fue Tomás Segovia quien me exhortó a publicar un libro, y es por eso que me puse a trabajar en ello. No quería pagar para que me editaran, lo que inglés se llama vanity press, así que le pedí a Octavio Paz que lo recomendara en el Fondo de Cultura Económica, pero no pudo hacerlo porque había recomendado a alguien más. Eventualmente hablé con García Ponce al respecto, me lo pidió y lo llevó con Vicente Rojo, así que fue publicado finalmente por Era en 1969”.

Sólo esta luz, así como otros poemas posteriores que Isabel le envió, fueron traducidos por Thomas Hoeksema y publicados por Mundus Artium press en Ohio, en 1975, con el título Isabel Fraire, Poems.

Acerca de Hoeksema, Isabel dice que poco después de que Sólo esta luz fuera publicado en México, su amigo Sergio Mondragón se llevó el libro cuando fue a dar clases a Estados Unidos: “La primera noche que él estaba allá, Thomas Hoeksema llegó, vio el poemario y comenzó a leerlo; se lo llevó prestado y después me escribió, pidiendo mi permiso para traducirlo; sus traducciones empezaron a aparecer en revistas de Estados Unidos. Así es como nuestra larga correspondencia comenzó, y esa es la razón por la que algunos poemas fueron publicados en inglés antes de que aparecieran en español”.

Seis poetas de lengua inglesa: Traducción

Poco después de que fue publicada la traducción al inglés que hiciera Hoeksema de Sólo esta luz, apareció Seis poetas de lengua inglesa, antología editada por Sep/Setentas, en unas series de libros coeditados por la Secretaría de Educación Pública y la UNAM. Los poetas que reúne el libro son Ezra Pound, T. S. Eliot, e. e. Cummings, Wallace Stevens, William Carlos Williams y W. H. Auden. La selección de los poetas y los poemas, así como la introducción de cada uno, son de Isabel Fraire.

Sin embargo, su ejercicio de traducir empezó mucho tiempo antes: “Yo hablaba muy bien inglés, no sólo porque mi mamá era norteamericana, sino porque cuando el esposo de mi abuela adoptiva murió, ella vino a vivir con nosotros a México. Mi abuela era canadiense, maestra de escuela, y empezó a enseñarme a leer en inglés cuando yo tenía tres años. Adoptó a mi mamá, que era hija de una francesa con un irlandés”.

En la época en que buscaba un editor para Sólo esta luz, y su matrimonio era “un sencillo desastre”, comenzó a traducir con frecuencia: “En primer lugar, colaboré mucho para la Revista Mexicana de Literatura ya que, aunque no era la única que sabía inglés, me daban mucho material, como en el caso de la Antología de Poesía Norteamericana, que fue publicada como un número especial después de que García Ponce regresó de Nueva York. Su amiga Denise Levertov escogió los poemas, y la antología era realmente excelente. Después, Guillermo Rousset Banda me pidió que tradujera a Eliot, y también hice muchas traducciones para El corno emplumado”.

Seis poetas de lengua inglesa, dice Isabel, “se ha vuelto muy popular. Había diez mil ejemplares impresos a muy bajo precio al público, así que se vendió como pan caliente. El libro incluye sólo las traducciones en español y no fue distribuido en Estados Unidos. Sin embargo, fue usado como un libro de texto por Gregory Kolovakos”.

La beca Guggenheim y Poemas en el regazo de la muerte

El segundo libro de poemas de Isabel Fraire publicado en México fue Poemas en el regazo de la muerte, escrito durante el tiempo que tuvo la beca Guggenheim. Fue publicado por la editorial Joaquín Mortiz en la Ciudad de México en 1978.

Este libro ganó el Premio Xavier Villaurrutia para el mejor libro de poemas publicado ese año. Sin la beca Guggenheim “nunca habría sido capaz de escribirlo en sólo dos años, así como traducir los Seis poetas, enseñar en Burdeos y hacer la investigación para ese libro. Al mismo tiempo que estaba escribiendo mi poesía, habría tenido que hacer otra cosa, pero mi mente estaba siempre en los poemas y en cómo los iba a reunir. Estaba muy consciente de que tenía que terminar el libro en un año para justificar la beca Guggenheim, sin la cual me habría tardado diez años”.

Con este libro, dice, “traté de escribir algo muy diferente de lo que había hecho hasta entonces. No creía que valiera la pena escribir más de lo mismo, sin nada qué ofrecer. Y quería, por sobre todo, extender las posibilidades de la poesía, tratar con el mundo real y con el modo en que un escritor lo enfrenta”.

El libro “está dividido en secciones que reflejan los niveles diferentes de confrontar la realidad, empezando por el contraste entre el jardín y el mundo exterior, pasando por el problema de lo que el autor hace cuando él (o ella) escribe, la situación del ser humano en un mundo no sólo hostil sino cada vez más deshumanizado, el amor y sus vivencias, y finalmente, la aceptación final del hecho de que lo que llamamos inmortalidad es una búsqueda perpetua de algo que va más allá del propio ser”.

La traducción que Thomas Hoeksema realizó de ese libro fue publicada en 1981 por Latin American Literary Review Press, en Pittsburgh, Pennsylvania, con el título Poems in the Lap of Death.

Isabel Fraire señala al respecto que “el título es una cita de e. e. cummings, y Sólo esta luz es una cita de la obra maestra de José Gorostiza: Muerte sin fin. Sobre esto, recuerda que ella y sus contemporáneos solían leer este libro unos a otros y eran capaces de citar largos fragmentos, y agrega: “Es una influencia tan importante para mí como lo es Luis Cernuda, y claramente visible en Poemas en el regazo de la muerte, algo que tiendo a olvidar y de lo que no me había dado cuenta hasta este minuto”.

El regreso a México

En 1976, al volver a México, “muy pronto me invitaron a colaborar en el periódico Unomásuno, que apenas estaba empezando. Fui absolutamente feliz, durante los primeros años, publicando una columna semanal sobre lo que quisiera. Esa fue la primera vez que escribí artículos sobre política que no estuvieran sujetos a la censura. Cuando había hecho reportajes antes había cuestiones que estaban prohibidas, eran órdenes presidenciales no tocarlas”.

Pero “lo que realmente pagaba las cuentas eran mis traducciones, ya que siempre tenía alguna que hacer para Era, y se enorgullecían de pagar salarios más altos que cualquiera. Me dieron a escoger, así que traduje sobre política y economía para ellos, libros en los que estaba muy interesada pero que nunca habría leído de otra manera”.

De hecho, “escribí mi columna semanal para la primera época de Unomásuno, que estaba bajo la dirección de Carlos Payán, y ocasionalmente para Proceso, de 1976 a 1981. Muchas de las cosas que traté en mi columna de alguna manera se trasladaron a mis poemas después. Desde entonces no he escrito para ningún periódico mexicano, excepto Etcétera, un periódico que me recibe siempre que mando un artículo, y no censura lo que le envío”.

Las antologías

Puente colgante fue publicado por la UAM en 1997. Incluye todos los libros de poesía de Isabel Fraire, así como muchos poemas inéditos: Sólo esta luz, Encuentros casuales, largamente meditadas rendiciones, Poemas en el regazo de la muerte, Irse para volver y Atando cabos.

Otra publicación reciente es “la traducción de una antología de mi poesía reunida, Puente colgante, al francés, por la casa editorial dirigida por M. Gaston Bellemare en Quebec. La traducción fue hecha por René Montes, un muy buen poeta y amigo que estaba en mi taller de poesía”. El libro se titula Seulement cette lumière.

En 1982, la UNAM publicó una antología de Isabel Fraire en sus series “Material de Lectura”, con una introducción de Juan García Ponce. El mismo año la poeta preparó e introdujo una reunión de la poesía de César Vallejo para la misma colección. Esos libros fueron, como Seis poetas de lengua inglesa, extensamente distribuidos a muy bajo precio.

Durante las décadas de 1970 y 1980, Isabel publicó artículos y reseñas en Estados Unidos. También escribió dos largos ensayos de literatura comparada. El primero es una correlación de Ezra Pound con el poeta nicaragüense Ernesto Cardenal. El otro es una comparación de E.E. Cummings y César Vallejo, que leyó en una conferencia en la Universidad de Nueva York. También tradujo los primeros trece Cantos de Ezra Pound, que fueron incluidos en la revista mexicana El Rehilete, “la primera en ser publicada por mujeres escritoras, pero no una publicación de mujeres solamente”.

Al hablar acerca de trabajos posteriores, Isabel dice: “Acabo de terminar una nueva edición de una colección de ensayos norteamericanos del siglo XIX que preparé en Londres, y cuya investigación hice en el Museo Británico, un maravilloso lugar donde puedes consultar los documentos originales. Sin embargo, los editores me pidieron una nueva introducción actualizada, y no he trabajado en nada más que en ello durante varios meses, y finalmente envié las últimas páginas. Fue muy difícil porque tuve que consultar muchos libros para ello, algunos de los cuales no tenía, pero debía conseguir de algún modo, en la Biblioteca de Nueva York, o encontrar en alguna librería de segunda mano, o consultando en Internet”. El libro fue publicado por Siglo XXI en 2004.

También “estoy preparando mis cuentos y mis ensayos de literatura comparada y otros temas”, y también están los poemas “que he escrito en inglés. Son muy raros, y parecen haber sido escritos por otra persona. Iban a ser publicados en Nueva York, pero la caída de las Torres Gemelas intervino, y no pareció tan buena idea después de todo”.

Influencias poéticas

Entre los primeros poetas que Isabel Fraire leyó cuando era muy joven, menciona a “Gustavo Adolfo Bécquer y San Juan de la Cruz en español, y Lord Byron, que me gustaba mucho, y Rubaiyat de Omar Khayyam en inglés. Los dos últimos estaban en un pequeño estante sobre el piano, como Crimen y castigo, que también fue una influencia muy temprana.

Después Gabriel Zaid me mostró a Luis Cernuda y a Federico García Lorca, ambos fueron influencias muy profundas. Por supuesto estaba loca por Shakespeare, a quien comencé a leer en inglés cuando tenía trece o catorce años”.

También menciona a Marcel Proust: “Cuando tenía 16 años, Federico Uribe, un maravilloso profesor que teníamos en la Universidad Labastida —que debe haber estado dirigida por monjas pero que tenía maestros de primer nivel— llevó algunos libros de su biblioteca personal y los puso en un gabinete de vidrio para que pudiéramos leerlos cuando quisiéramos. Uno de ellos era una traducción al español de Proust. Lo comencé y nunca lo dejé. Fue un maravilloso descubrimiento”.

Acerca de los poetas que conoció y que influyeron en su obra, “Tomás Segovia fue más o menos mi guía espiritual en poesía por un largo tiempo. ‘Esto está bien hecho, por favor no hagas aquello’, decía. No le gustaban mis cuentos, ni a nadie más en la Revista Mexicana de Literatura, y desaprobaba las pequeñas obras de teatro que estaba escribiendo. Eventualmente volví a escribir cuentos, gustaran o no, y publiqué dos o tres de ellos. También tengo dos obras de teatro escritas a la mitad que nunca terminé”.

Había “ciertas clases de poesía que Tomás desaprobaba también, así como poesía política: ‘Tu poema es excelente, sin embargo no te recomendaría que lo publicaras’. Creo que él temía que me volviera una clase de poeta vociferante, declamadora, y en ese sentido tenía razón. A largo plazo escribí poesía política porque no podía evitarlo, las cuestiones políticas se han vuelto parte de mi vida. ‘Poema de Navidad para Alaíde Foppa’ fue el primero que escribí, antes de comenzarlo, con un propósito político en mente. Me encerré en un cuarto y no dejé que nadie me interrumpiera por tres días, hasta que estuvo listo, y se lo di a Proceso. Eso fue justo después de que Alaíde, cuya amistad yo atesoraba, desapareciera en Guatemala para ya no ser vista”.

“Poema de Navidad para Alaíde Foppa” aparece en la última parte de Puente colgante, y ha sido traducido al inglés, francés y holandés. Las versiones francesa y holandesa fueron publicadas por Amnistía Internacional de esos países.

Colofón

Los lugares que Isabel Fraire ha convocado en su obra son muchos. De una página a otra convergen Londres, Washington, Nicaragua, Chicago, Guatemala, el Lago Erie, Nueva York o México, por supuesto, y este mapa poético acude matizado por el deslumbramiento:

“Como un inmenso pétalo de / magnolia / se despliega la luz de la mañana // no hay casas / no hay pájaros / no hay bosques // el mundo / ha quedado vacío / hay solamente luz.”

* Esta entrevista fue publicada originalmente en el libro bilingüe de entrevistas Voces desdobladas / Unfolded Voices, Retratos de mujeres poetas de México y Estados Unidos, Ediciones Alforja y Universidad Autónoma Metropolitana, Ciudad de México, 2004, 274 pp.


María Vázquez Valdez (México).

Poeta, editora, periodista y traductora. Doctora en Teoría Crítica y autora de once libros publicados, entre ellos los poemarios CalderoEstancias, Kawsay y Geómetra. Ha sido parte del equipo editorial de la Academia Mexicana de la Lengua; jefa de publicaciones de la UDUAL; cofundadora y directora editorial de la revista Arcilla Roja; miembro del consejo editorial de las revistas de poesía Alforja y Con Versando; y directora de la Biblioteca del H. Congreso de la Unión.


Fotografías cortesía de María Vázquez Valdez.

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