Luis Manuel Pérez Boitel
La poesía es un campo minado, una franja donde la tierra se cultiva y afloran palabras inquietantes que el lector sabrá entender. Algo de ello nos refirió Paúl Valéry cuando en la Universidad de Oxford, en el algo lejano 1936, impartió una conferencia donde sentenció que el poeta no tiene que crear territorios alucinantes, sino hacer que el receptor de las palabras, léase de la poesía, se lo crea.
El universo sumergido, del amigo Alberto Peraza resulta un inequívoco viaje que creemos a cabalidad, con esa metralla de argumentos del autor de El cementerio marino, el poeta pinareño se nos afianza con este poemario entre los mejores exponentes de la poesía cubana de inicios del siglo XXI.
Pero este es un viaje interior que nos traslada a vicisitudes, súplicas, amores, desencuentros, con una cosmovisión del infinito que traspasa cualquier territorio real. El poeta ha sabido sobrevivir también a un mundo sonoro, a la manera del gran poeta cubano Gastón Baquero, para jerarquizar la escritura del inconsciente, pues de otro modo no se hubieran podido escribir estas páginas. El viaje resulta un itinerario interior, precisión esta cuando deja de ser sonoro para ser más volitivo, más dado a las sensaciones, a las emociones. Sin embargo, piafar ese recorrido es un gran sigilo, una lucha para salvarse que presupone esas claves humanistas que sólo en la poesía se reedifica como signos constantes de que puede el creador sufrir y escribir un texto sobre gratas emociones, algo que puede alternar, que puede resultar vital para estos tiempos.
El acto de salvación está en compartir el viaje para compartir las melladuras de un destino, el cansancio de todo y por todo. Como una lucha terrenal entre el bien y el mal, ello dado quizás, pues el poeta ha calado en el dolor más íntimo y ha descubierto cómo se logra burlar cualquier escollo ante la fragilidad humana.
La angustia de estas páginas aflora solo por la gran verdad de estos versos y uno hasta siente que ha leído antes los mismos, dispuestos en el marco visual en esta edición como un despliegue de emociones. La salvación, que requiere un análisis mayor en la poesía cubana, diría en toda la poesía cubana, no está en sobrevivir a algo tan puntual como apacible, está en el despliegue de referencias líricas en un contexto ya demasiado redimensionado y tamizado por las vanguardias como puede resultar la propia poesía, su tiempo fuera de un espacio geográfico determinado.
La memoria sígnica golpea la otra memoria, para descontextualizar las ausencias, y nos presupone, quizás después de superar el dolor, cuánto de acierto hay en lo que va quedando, como reducto, como grava de lo que nadie imagina. De ese forcejeo se logra una rara simbiosis lexical con una proyección de la imagen desde el dolor que nos sobrevive, y nos desplaza en la atención e interpretación.
Paúl Valéry que en sus apuntes de poesía nos recomendó resistir ante los resortes de la existencia y de la poesía nos pudiera servir también para sostener una lectura con la memoria del otro, allí donde el tiempo pugna con lo ya existente. Claves estas fundamentales para entender el universo de este poemario que hoy el poeta Alberto Peraza nos presenta.
En el poema La vita e bella, nos traspasa el autor a lo volitivo para sostener el argumento de otra historia. Aquí se juega con esos cánones de la poesía que nos afloran nuevos resortes y persistencias de atmósferas más sutiles y poco recordadas. Quizás, es parte del juego de la salvación, o pudiera ser una necesidad inconsciente de que ese embrollo que resulta el dolor ajeno, es también parte de nuestro dolor. El poeta cubano logra, quizás, sin proponérselo crear un estadio órfico en la memoria del espectador. Nos convertimos en alguien que está dispuesto a la película de otros, a lo que acontece afuera.
El viaje se asume a partir de la memoria para envolverlo en un tiempo genuino, y con ello la poesía se afianza a otros universos. La cuestión de la poesía no es una disyuntiva ante la creación sino un universo sumergido que resulta inquebrantable, diría con más precisión, un punto de partida, una apuesta a lo que necesitamos para seguir camino.
Alberto Peraza reina por estos espacios de la memoria y nos reafirma su interpretación de esos tiempos, como una búsqueda ontológica de otros universos, conociendo de antemano que solo así lograremos entender cuánto de acierto tienen estas páginas ante el hechizo que resulta recuperar la memoria, asumir que vemos por otro, dejar pasar el tiempo, convivir con algo que todavía no sabemos del todo.

Luis Manuel Pérez Boitel ( Cuba, 1969).
Miembro de la Unión de Escritores y Artísticas de Cuba. Posee más de 35 poemarios publicados. Ha ganado importantes premios de poesía como el Casa de Las Américas con Aún nos pertenece el otoño. posee la distinción por la cultura cubana que otorga el Ministerio de Cultura en su país.
Fotografía: Cortesía del autor.







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