Con poemas en los bolsillos rotos

Francisco de Asís Hernández


Para muchos no brilla el sol ni los pájaros trinan.
Cambiar la vida, ver las cosas diferentes,
sin esconder las tumbas ni la carroña;
volver a ver con el optimismo de los 18 años,
pensar que uno no nace perdedor siendo un
mar de torpezas.
Desamparados pero con muchos poemas en los
bolsillos rotos, opinando sobre la democracia.
En mi país la poesía duerme en la calle con hambre,
con heridas y rosas en la rueda de la fortuna.

Uno muere con lo que nace.
Y la muerte ya sabe dónde nos va a encontrar,
nos va siguiendo, oliendo la risa y el dolor del
desamparado.
Nadie escapa de la lanza en el costado,
de los poemas en los bolsillos rotos,
de la enfermedad de la ceguera.  

El lago de Nicaragua

Hace miles de años
el Lago de Nicaragua grabó en su memoria
los 15.000 versos de La Ilíada, y los 12.000 de
La Odisea, para que sus aguas filtraran
imaginación, llantos, heridas, crueldad, belleza,
heroísmo, volcanes.
Hace miles de años
el Lago de Nicaragua oxidó su sangre,
inventó el cielo púrpura, pinos, nortes y bruma,
volcanes que rugen como los leones blancos,
el cacao, el añil.
Vino la lluvia y no se sabe dónde comienza el cielo
o si asciende el Lago igual que un Ángel.
El Lago es todo el cielo, todo el cielo hundido en
el espejo.

II

El Lago de Nicaragua únicamente tiene que ver
con la magia de La Ilíada, con la magia de la Odisea
y con La Teogonía de Hesiodo.
Me lo han dicho los que murieron ahogados,
los que viven en el fondo, los que contemplan
la vida desde la muerte, desde la ebriedad de la
muerte, la lucidez de la ebriedad, la desilusión.
Me lo han dicho Magos, Druidas, brahmanes, las líneas de mi mano, el vuelo de los pájaros.
La realidad y la razón no tuvieron nada que ver
con Homero, me dijeron.
Los luceros caían en el Lago como si ahí tendieran
a secar su ropa, jugaban, se escondían de las
constelaciones.
Los luceros son la ilusión de la realidad.
Dicen lo que no se puede decir.
Toros verdes con ámbar y esmeraldas suben al
cielo para bailar el ritmo de los luceros


Francisco de Asís Fernández  (Granada, Nicaragua, 1945).

Poeta, narrador, ensayista y promotor cultural. Es Presidente del Festival Internacional de Poesía de Granada, Miembro de Número de la Academia Nicaragüense de la Lengua, Miembro Correspondiente de la Real Academia Española, Medalla de Honor en Oro de la Asamblea Nacional de Nicaragua, Cruz de la Orden al Mérito Civil otorgada por el Rey Juan Carlos I de España,  Doctorado Honoris Causa en Humanidades otorgado por la Universidad American College, Homenaje Múltiple al poeta Francisco de Asís Fernández editado por la Academia Nicaragüense de la Lengua, Hijo Dilecto de la Ciudad de Granada, Nicaragua. Ha publicado los poemarios “A Principio de Cuentas” (1968, Editorial Finisterre, México, D.F.  Ilustraciones de José Luis Cuevas), “La Sangre Constante”. (1974, Ediciones del Centro Universitario de la UNAN. Managua, Nicaragua. Ilustraciones de Rafael Rivera Rosas), “En el cambio de Estaciones”. (1982, Editorial UNAN, León, Nicaragua.  Ilustraciones de Fayad Jamis) y “Pasión de la Memoria”. (1986, Editorial Nueva Nicaragua, Managua, Nicaragua), entre muchos otros.


Fotografía: cortesía del autor.

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