El cuerpo de la palabra expandida: un acercamiento a la obra poética de Xel-Ha López Méndez

Virgilio Gonzaga

Mediante la poesía, la acción y el objeto, intento materializar mis inquietudes sobre la realidad, la lengua y el texto.

Xel-Ha López Méndez

El presente texto fue escrito a partir de la lectura atenta de algunos poemas de Xel-Ha López Méndez en verso libre y prosa poética, en especial: Regalé un libro a un niño, Oiga mamá, He vivido, La situación es la siguiente, Perdí el único documento oficial en el que me veía bonita, Oye, Me he vuelto hormonal y superflua si es que ambas pueden ser posibles juntas y Un perro mira como una persona enamorada, materiales tomados de varias revistas electrónicas, así como del Portafolio de Otras Escrituras, muestra representativa de literatura expandida de la poeta jalisciense.

I

Xel-Ha López Méndez (Guadalajara, 1991) regala libros a niños que no saben leer, y ellos, maravillados, dibujan diamantes en libretas de la necesidad diaria, que luego entregan a la poeta, quien escribe y ama a la gente de verdad.

    Xel-Ha dice en sus poemas que las mujeres son también hombres porque mueren. En ese caso, también son seres que respiran para enamorar a la vida. En su testimonio diario, ella les habla a todos, en especial a mí, a ti y a su mamá.

     Xel-Ha es testigo de lo que ocurre dentro y lo más propio, la emoción que trabaja muy bien en el poema de la subjetividad. La poeta seguirá siendo ella misma, aunque extravíe en uno de trayectos ocasionales algún documento oficial donde se percibe no menos libre.

     La peligrosidad radica en lo que empuña la mano: un arma blanca o negra, un poema amoroso, un libro objeto lleno de sentido, y lo que se necesita es la apertura de quien va a verlo accionar con su cuerpo y su palabra: un arte extendido a muchas otras esferas imaginativas.

     Ya no es necesario ir a los grandes museos del mundo, como El Louvre, para conocerlos bien. Además, para alguien como ella los senderos, las aldeas y las ciudades son su casa. Por eso ella está siempre en la suya, que tanto aprecia por estar con su mamá y su gato.

     Todos los días se acerca a su espejo y le dice: Los muros sólo existen en la necesidad espiritual del arte, como una negación al hecho que esclaviza.

     Se apresta a vivir porque su camino es eso: vida por delante. No sabe aún aquilatar la agonía. Su palabra se halla donde se vislumbra el horizonte: frente a un río o un arroyo de la infancia, tan claro como el eco de los ángeles en un paraje solitario.

     Los migrantes cruzan el río y el desierto del norte, impelidos por el hambre. A menudo mueren ahogados o por la mordedura de una serpiente de mil venenos. Algunos creen haber sobrevivido, por eso cuentan la odisea desde una lejana orfandad.

     Xel-Ha dice que ha andado en sitios que parecen establos donde sus moradores se comportan como verdaderas bestias desarrendadas, como puercos que excretan baba donde quiera, blasfeman contra el padre, injurian y niegan a su raza, y mienten cada vez que le dan la espalda a su espejo diario. Los piropos se han vuelto ladridos de perros, graznidos de cuervos y bramidos de sementales desquiciados.

     En sus pocilgas, los cerdos son sacrificados por los cerdos mayores, les prenden pólvora en sus cabezas, les encajan la daga en sus vientres, los tasajean y hacen con ellos unos exquisitos tamales posmodernos.

     Xel-Ha presencia tiempos terribles en la historia de este país desgarrado. Mareas incesantes de violencia a cargo de hordas desalmadas que imponen sus leyes a base de fuego letal: comercios de veneno y de órganos de edades tiernas; secuestro como móvil para extraer más oro y acrecentar su poderío.

II

Sin título

Lo primero que veo es una ventana con una figura en el centro. Es la poeta en el rincón de una casa vacía. Sostiene una tabla de madera, con la que se elaboran los féretros, donde se oculta del mundo. Callada, piensa a partir de esa postura aparentemente estática e inerme. Su acción es quietud pensante. Posa y escribe sobre un espacio entrevisto en el lienzo de luz. Su cabellera negra y abundante es aire oscuro en reposo, fuente de agua en hilos de sombra. Su vestido gris claro contrasta ligeramente con las paredes nacaradas del recinto. Cuerpo concentrado en su despertar indefinido, corteza bañada de ocre, piso en bermellón. Obra a base de líneas que buscan la ecuanimidad entre imagen y esencia. Los claroscuros faltantes requieren que alguien sensible los busque y coloque en su mejor ángulo. Ella se acerca a su lenguaje para conocer sus brillos, jugar con ellos y expresar su deseo de artista visual y objetual, poesía hermanada a las circunstancias vitales del presente.

Biblioteca de la(s) cultura(s), 2018.
Libro, carbón, hoja de oro y objeto. 25 x 17 x 10 cm.

No cualquier objeto toma entre sus manos. Lo elige por su carga cultural, el que posee registros de vida (y de muerte), y expresa algo sobre aquello que representa una idea, verbigracia un fracaso, un anhelo de cualquier existencia humana. Objetos en las manos que deslizan un bolígrafo sobre la superficie clara, y abren puertas y se adentran en los misterios del arte, registran lo que les es revelado por ángeles o musas o duendes, para trascender saberes y sentires, y así preservar significados en el tiempo preciso. Así también se escribe un poema: con nervio, seso y materia. Escribir es recobrar el brillo de lo que palidece, acercar el ritmo oculto a los sentidos en redención, como entes cargados de deseos.

Nos dejaron el ‘oro’, 2018.
Carbón vegetal cubierto de hoja de oro. Medidas variables.

La poeta entra a escena. Figura de piel trigueña. Un vestido entre el blanco y el amarillo hueso. Labios de púrpura. Pelo liberado. Sus ojos abstraídos en la memoria de los días. En su frente brilla una cinta con jeroglíficos prehispánicos. En luces de neón los violetas y magentas se mueven dinámicos por toda la sala. Da uno, dos, tres pasos. Su rostro percibe otras edades: el origen del fuego o más cercanamente, cuando aquellos hombres degustaron las mieles de estas tierras y a cambio nos heredaron el idioma con el que hoy rabiamos y nos inspiramos en los sitios del amor. Desde sus entrañas florece una voz firme: «Nos dejaron el oro». Y toma cada pedazo de carbón, revestidos de láminas doradas, sobrepuestos en un libro de poesía española. «Nos dejaron el oro». Ahora los mastica dejando entrever la materia negra y porosa del rastro vegetal. Como fondo hay ritmos de instrumentos ejecutados por artistas de otros tiempos, cantos cercanos a la tierra y a las aves, tan tersas que apenas logra percibir mientras avanza hacia donde el auditorio atestigua el resplandor de su figura y la expansión de su palabra.  

Estas son las noticias, 2017.
Registro en video de lectura performática.

Xel-Ha escribe sobre la vida diaria, la relación entre el artista y la sociedad, iniciando con lo más cercano a ella: su cuerpo y su casa. Desde ahí está atenta a los sucesos muchas veces estridentes que obligan a concebir versos en refugios solitarios. Ella explora otros territorios de la creación, proyecta lo que piensa y siente, lo que descubre, lo que encuentra inerme, casi tierno, y lo esparce al viento. Recurre a la investigación, a la ficción y a la no ficción, la adversidad, a la nota roja y negra, para hacer poesía sobre los acontecimientos brutales, como el caso de Estas son las noticias. Y también el performance Migración y frontera, donde el muro es símbolo de aspiración negada, de puerta prohibida para las personas con rasgos que (para otros) son motivo de agravio y de desprecio.

Migración y frontera, 2012.
Material de registro fotográfico de la lectura

La poeta se abre paso y deja testimonio de lo que sucede en estos y otros lares de infortunio: hombres acechados por el río traicionero y por el desierto infernal, riesgo a morir en el intento de cruzar esas aguas y esas arenas violentas, morir por ahogo, insolación o sed: carne humana vencida por el fuego directo en páramos de hambre. La poeta atiende a su yo interno ante circunstancias sensibles en cada sitio, registra esos hechos en la bitácora de los malos sueños y los revela en la poesía dramática de este tiempo.

Bandera de huelga encontrada en archivo en línea.
No existe registro fotográfico de la acción.

Xel-Ha López Méndez llega a otro escenario. Blusa blanca, pantalón de mezclilla, botas guindas. Toma la palabra. Mientras recita entinta de rojo su mano izquierda, luego la otra mano con tinta negra. Levanta las palmas de piel en huelga para seguir ahondando en la realidad, aquella que cuando despierta a quien la reconoce y rechaza, expone sin reservas para desterrar cuando menos por un tiempo la pesadilla negra.  


Virgilio Gonzaga (Tlapehuala, Guerrero, México, 1964).

Poeta, narrador y pintor. Estudió artes plásticas en el Instituto Regional de Bellas Artes de Cuernavaca, dependiente del INBA (1985-1987), y escritura creativa en el Centro de Creación Literaria Xavier Villaurrutia, del INBAL (2020). Como artista visual, fue becario del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, en la categoría Jóvenes Creadores, durante el periodo 1998-1999. Cursó los diplomados “Literatura Latinoamericana Contemporánea” y “Realidad y Revelación: Una Visión de la Literatura Mexicana”, organizados por la Coordinación Nacional de Literatura del INBAL y Literaria Centro Mexicano de Escritores, respectivamente, ambos en 2024. Ha participado en talleres de poesía impartidos por los poetas Armando Salgado, Sergio Valero, Luis Armenta Malpica, Claudia Hernández de Valle-Arizpe y Luis Manuel Pérez Boitel. Es autor de los libros Tiempo funeral (Juan Pablos Editor, 2015) y Bella estirpe o los ríos de la sed (Diablura Ediciones, 2017). Tiene algunos poemarios y un conjunto de cuentos y relatos aún sin publicar. Entre los primeros se encuentran: A un árbol todo triste, Lívido amor, Malvivir, La luz aguarda, El espejo o los lugares de la infancia, La vida en las ventanas del otoño, Los afanes cotidianos, Rumor de agua. Parte de su obra literaria está incluida en varios libros colectivos, entre ellos: Yo también hablo… (Nieve de Chamoy, 2020) y Arte Di-Verso, I Encuentro Internacional de la Fraternidad Sur-México (Sur Editores México, 2023). Ha colaborado en La Jornada Semanal y en las revistas Praxis y Proyecto Cultural Sur.


Imágenes: cortesía del autor.

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