Aitor Larrabide
“que donde puse amor sepa que queda
mi corazón amando todavía.”
Julián Andúgar
PARALELISMOS VITALES
Julián Andúgar (1917-1977) y Miguel Hernández (1910-1942) nacieron en la Vega Baja del Segura: el primero en Santomera (Región de Murcia) y el segundo en Orihuela (Alicante), a escasos 10 km de distancia. Ambos bebieron el mismo paisaje agreste de la sierra, los veranos brutales de calor y los inviernos fríos y húmedos, bañados por el río Segura. Y una similar formación católica, en el monasterio franciscano de Cehegín el primero y en el Colegio Santo Domingo de Orihuela el segundo. Mientras el primero seguirá con su fe, el segundo la abandonará hacia 1935.
Ambos viven experiencias de hermanamiento con la naturaleza y los sudores del campo: como agricultor el primero y como pastor el segundo. Y por eso ambos alientan con su poesía un mismo sentimiento de justicia social, de querer cambiar lo que no estaba bien hecho: injusticias, incultura, atropellos, siglos de silencios, y un pan disputado. Los dos participaron en la guerra: el primero llegó al grado de capitán. Y sufrieron cárcel: en Murcia el santomerano durante año y medio, y posterior breve exilio a Francia; el segundo, un rosario de cárceles hasta acabar su vida en Alicante. Ambos creen en el poder transformador de la educación y de la cultura.
El primero fallece a los 60 años y deja cinco libros, publicados entre 1949 y el año de su muerte, 1977: Entre la piedra y Dios[1], La Soledad y el encuentro[2], Denuncio por escrito[3], A bordo de España[4] y Cancionero del situado[5]. Su carrera literaria se prolongó 28 años, iniciándose tardíamente, con 32 años, con una amplia formación humanística y lecturas maduras. En el caso de Hernández, en apenas doce años de escritura (muere a los 31 años en la cárcel de Alicante) supera dificultades de todo tipo y consigue escribir cinco poemarios, mismo número que Andúgar, y muchos poemas sueltos más.
HERNANDISMO EN ANDÚGAR
Hernández será una fuente esencial de inspiración para Andúgar. En Entre la piedra y Dios (1949) le dedica el último poema de ese libro: “Ante el recuerdo de Miguel Hernández” (pp. 87-90), una elegía que supone toda una declaración de fidelidad al mensaje y al hombre, al paisaje, al mismo mar descrito como sólo los huertanos pueden hacerlo, a los anhelos compartidos y al sentido de pertenencia a la misma clase social. El profesor Francisco Javier Díez de Revenga analizó detallada y acertadamente este poema en 1990[6].
ANTE EL RECUERDO DE MIGUEL HERNÁNDEZ
Y yo, aún de pie, y tú lleno de muerte,
rodeado de silencio, tedio y nada,
yo que esperaba, amigo, el mes de marzo
para oírte cantar bajo la hierba.
Bajo la tierna hierba que te niega,
porque la grama está justificando
que el agua te penetra dulcemente,
y una a una levanta tus costillas;
que el agua te destruye, y las hormigas
han hecho de tu boca su granero,
y que todo tu cuerpo está en desorden
como una casa en un día difunto.
Solo he de conformarme con llorarte
y aborrecer el día que sentiste
la muerte de rodillas en tu pecho;
la sangre -como ejército vencido-
suplicando a tu frente desolada
que pronunciara un acto de conciencia.
Para seguir, seguir aborreciendo
a todas las odiosas circunstancias,
-celemín de miserias- que me ocultan
la poderosa llama de tus ojos
y el admirable canto de tu pecho.
Pero la muerte solo desorienta
los ojos que en la luz no vieron nada;
la sangre que creció como una planta;
la boca que se abrió a la misma hora
para tragar la tierra transformada,
y olvidarla en oscuro laberinto.
¿Quién dice que te alcanza todo esto,
o quién sentencia que has enmudecido?
No te pierdes. Lejano te conducen
por verticales, dulces galerías.
Pero sigues vaciando tu palabra,
volcándola, vaciándola, hasta siempre,
como ánfora sin asas y sin base
que asocia eternamente por su lado
un ruido de agua suelta que se busca.
Que se busca y se tiende en limpios charcos
improvisando soles que no queman;
pero tu voz se tiende como un río,
y abrasa y mancha como el vino bueno.
Yo quiero que se acerquen hasta el linde
de esta heredad que nadie te disputa,
y que vean lo que has aventajado
en las últimas cinco primaveras.
Yo quiero que se acerquen y que vean
lo abierto y lo seguro que te entregas
sin puertas ni ventanas -como un árbol-
al indecible miedo de los pájaros.
Tengo el presentimiento, amigo mío,
-tan maduro te tengo y convencido-
que si una leve voz, una palabra
milagrosa, precisa, me saltara,
de golpe surgirías a mis ojos
limpio y de gran riqueza, como un fruto,
o lleno de misterio como una ola.
Pero he de conformarme con pensarte
cargado de amenaza y pesadumbre
en el odiado día de tu muerte.
En su segundo libro, La Soledad y el encuentro (1952), accésit del prestigioso Premio Adonais en 1951, le escribirá “Reencuentro con Miguel Hernández” (p. 58), un hermoso soneto dedicado “A su hijo”.
REENCUENTRO CON MIGUEL HERNÁNDEZ
A su hijo.
Ahora cuando me vaya, amigo mío,
vecino de mi casa y sus frutales,
casi pared por medio a mis corrales,
no sé qué haré yo solo por el río.
Decirte que te vengas es desvío,
porque ¿cómo te dejas tus leales
Garcilaso y Sijé por unos tales
que llevan en arriendo el pío pío?
A mi pueblo me voy trochas cruzando
por no pasar por sitios que has medido,
tan bien, con tu garganta y paso justo.
Que parece mentira que pensando
cómo fueron las cosas, cómo han sido
no te paguen las rentas con más gusto.
En A bordo de España (1959), le dedicará “Ejemplo” (p. 65), “Homenaje a M. Hernández”, incluido en el capítulo IV, “5 Canciones más con destino”, con versos dedicados a Juan Ruiz, Miguel de Unamuno, Machado, García Lorca y Hernández, que cierra capítulo y el libro.
EJEMPLO
Homenaje a M. Hernández.
Por Orihuela vivió
un cabrero que decía:
¡Descorazonarme yo!
Santiago Delgado afirma en su documentado y ameno libro sobre Andúgar[7], que el seguimiento a la estética hernandiana, en sus primeros libros, por parte del poeta santomerano no fue positiva porque no había seguidores o continuadores de la misma salvo el propio Andúgar. Los derroteros de la llamada “poesía social” iban más dirigidos a Dámaso Alonso y Vicente Aleixandre, y Blas de Otero, Gabriel Celaya o José Hierro. El retoricismo hernandiano no tendrá sucesores. Sin embargo, Leopoldo de Luis defenderá el carácter de pionero de Hernández en la poesía de tipo social en los anteriores y otros más.
La Justicia, como concepto ideal y como práctica profesional diaria, se convirtió en el trabajo funcionarial de Andúgar. Levantó acta de una triste realidad social y ofreció una mirada limpia y auténtica de la tarea poética. Su carácter andariego (como León Felipe) se observa en las múltiples alusiones geográficas y huellas machadianas, como su admirado Blas de Otero, otro de sus maestros literarios en los 50 y 60, colándose de rondón el flamenco (otra afición compartida con Miguel Hernández), en el que la cultura popular se integra en la creación poética.
Para concluir, creemos necesaria y urgente la publicación en un tomo de los libros editados de Andúgar, recoger sus poemas sueltos en revistas y prensa, así como sus posibles composiciones inéditas, todavía en manos privadas. Una voz tan personal y vigorosa como la del santomerano no merece caer en el inclemente olvido.
[1] Prólogo de José García Nieto, Un poema de Salvador P. Valiente, Alicante, Colección Ifach, n.º 2, 1949.
[2] Madrid, Ediciones Rialp, 1952, Col. Adonais, n.º LXXXVIII, 1952.
[3] Dibujos de Pedro Flores y Eloy Moreno, Madrid, Ediciones Ágora, 1957
[4] Cubierta de José María de Martín, dibujo de Guinovart, Barcelona, Joaquín Horta, Editor, col. Fe de Vida. Poesía y Ensayo, vol. 4, 1959.
[5] Alicante, Instituto de Estudios Alicantinos, póstumo, 1977.
[6] “Análisis de una fidelidad. Julián Andúgar: Miguel Hernández”, en Homenaje a Julián Andúgar, Santomera, Instituto de Bachillerato “Poeta Julián Andúgar”, 1990, pp. 51-56.
[7] Julián Andúgar. Pasión y expresión de un poeta, Murcia, Academia Alfonso X El Sabio, 1987.

Aitor L. Larrabide Achútegui (Bilbao, España,1969).
Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Deusto y doctor por la Universidad de León con la tesis Miguel Hernández y la crítica, publicada en 1999 por dicha universidad. Ha publicado numerosos artículos sobre Miguel Hernández, Ramón de Basterra, Juan Ramón Jiménez, Emilio Prados, Fernando Villalón, Pedro Garfias, etc. Además ha ofrecido conferencias en Bilbao, Madrid, Alicante, Orihuela, Santander, Lleida, Guadalajara, La Habana, entre otros lugares. Ha preparado y prologado diversas publicaciones hernandianas, editadas por la Fundación Cultural Miguel Hernández, con sede en Orihuela (Alicante), en la que trabaja desde 2002.
Imágenes: cortesía del autor.







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