De Marco Antonio Orozco Zuarth
Al pueblo palestino
La tierra sangra sin nombre.
Un niño con los ojos abiertos
aprende a morir antes que leer.
La bandera que ondea no cubre,
se clava.
No son cifras,
son cuerpos con nombres que no conociste:
Aisha, escondía pan bajo su falda;
Yusuf, soñaba con escribir su historia.
La metralla no distingue oración ni idioma,
escoge sus rutas:
va donde el mundo se calla,
donde las cámaras no llegan,
donde Dios se ha ausentado.
No hay guerra, hay genocidio.
No hay simetría.
Hay poder que arrasa, silba,
pueblo sitiado por siglos,
y otro que olvida que también fue exiliado.
¿Quién concedió licencia de exterminio
con el pulso de la impunidad?
¿Quién firmó los permisos del olvido
mientras ardían hospitales,
y los cuerpos se volvían polvo?
En los escombros crecen las palabras,
la resistencia se nombra madre:
no parirá paz, ella,
aún sostiene
lo que queda del mundo.
La historia no absuelve,
la historia registra.
Cada bala lleva un testigo invisible,
hablará en páginas no escritas
cuando caigan las máscaras.
Los mapas no entienden de justicia,
las voces rotas atraviesan los muros
como agua que insiste en volver
al cauce robado.
No pido venganza,
sino razón.
No exijo castigo,
sino memoria, verdad.
Una bandera
que no sea mortaja,
sino casa.
Que venga la paz,
no como consigna de los fuertes,
sino como fruto legítimo
de quienes han resistido el infierno
honrando su tierra.
Marco Antonio Orozco Zuarth (Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, México; 1963).
Cronista, poeta y promotor cultural. Autor de Patrimonio Cultural de Chiapas (2002), Chiapas: espacio y tiempo (2010), Fisura (2025), entre otras obras. Distinguido con La Rosa de la Paz del Ministerio de Cultura de Guatemala (2005), ganador del Primer Lugar Nacional en Historiografía (2007), entre otros reconocimientos. Ha sido Presidente de la Asociación Nacional de Cronistas de Comunidades y Ciudades Mexicanas en dos ocasiones.
Fotografía: Cortesía del autor.







Dejar un comentario