De Luis Espino Alcaraz
Mintió quien dijo
que las guerras civiles son un fratricidio:
en realidad, todas lo son, así, sin adjetivos.
Todas y cada una,
desde Troya a Malvinas,
de Guadalete a Gaza,
así duren cien horas o seis días,
o cien años.
Todas son barbarie, dolor, desesperanza.
Hermanos bebiéndose la sangre mutuamente.
Siempre en las cúpulas
subyace la maldad insaciable,
la razón oculta,
aunque cada una por su cuenta
proclame su causa como justa.
Los poderosos, sanos y salvos,
llenos de ambición, voracidad y a veces, de odio,
pero invariablemente ilesos,
desde asientos mullidos
hacen sonar los ecos de batalla
y luego arengan al pueblo a matar, a morir
por libertad,
por honor,
por Dios y por la patria,
por la gloria.
Y en el peor de los absurdos: por la paz.
Por eso el dolor y la tragedia en una guerra
nunca están a la izquierda o derecha,
sino abajo.
Allí donde la angustia
empapa a los que nada tienen
y aun así, lo pierden todo:
familia, hogar,
vida y esperanza.
Allí, en medio del concierto infame de las ametralladoras,
donde las bombas devastan refugios y hospitales,
convenientemente confundidos con trincheras,
en el lodo rojizo
amasado con la tierra de nadie,
mezclada con carne de inocentes
aplastados debajo de sintéticas rabias,
allí muere el último vestigio del bien en cada guerra.
¿Qué diría Abraham, el de Ur
si viera a los hijos de Ismael y de Isaac,
matándose unos a otros,
por un agravio lejano,
una ofensa reciente,
un puñado de arena?
-¿Moshé, dónde está tu hermano, Mohamed?
-¿Acaso soy yo el guarda de mi hermano?
La más maldita de las ironías:
compartir el mismo dios -Elohim, Alá-,
el mismo origen -Abraham, Ibrahim-
y hasta lenguas que son tan parecidas
¿dónde quedó la paz? Shalom… salaam…
dos sílabas que suenan casi iguales
a ambos lados del muro o del Jordán
que son igual de bellas
en la voz de un rabino o un almuecín
pero que hoy parecen perdidas para siempre
bajo el bramido atroz de un bombardero
y el acero asesino de los tanques.
Luis Espino Alcaraz (Acapulco, México, 1969).
Escritor y militar de carrera. Realizó estudios en el Heroico Colegio Militar y la Universidad La Salle CdMx. En 2024 participó en el II Encuentro de Poetas Iberoamericanos en representación del estado de Guerrero. Publicó los libros Zihuataverso (poesía), La piel de Jacinto (cuento) y Los mártires de Luvianos (crónica). Ha obtenido primeros lugares y menciones honoríficas en concursos literarios nacionales y estatales. Actualmente dirige la Casa del Poeta Ignacio Manuel Altamirano.







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