De Víctor Hugo Díaz
La maniática tarea de construir eternidades
con elementos hechos de fugacidad, tránsito y olvido.
Juan Carlos Onetti

Enfrento la lectura de este libro de Poesía (ya que desde la fragilidad intenta aferrar lo efímero e inasible de las cosas sucediendo) como un acto tardío, como un abordaje, insisto, siempre tardío hacia ese estremecimiento fugaz que los ojos casi pueden tocar. Eso que inyecta sentidos y que Por amor al aire o por el aire mismo impacta al lector, mientras levanta su pie rotundo, justo antes de dejarlo caer y dar el siguiente paso.
Tensión y pausa de las articulaciones textuales, de un imaginario muscular y propio. Flexiones sucesivas que varían en velocidad e intensión, pero sin detenerse. Un manejo rítmico-respiratorio; como cuando Hay un murmullo que próximo a la voz se deja oír en la madeja de las lombrices apareándose en el lodazal…
Tardío de Juan Malebrán (Chile, 1979) posee la más valiosa condición estética, propia del arte honesto; carece de intencionalidad utilitaria. La voz que respira en el cuerpo de este libro, es un flujo rítmico y cifrado como el morse de la lluvia/ como el braille de los frutos fermentados en el monte// como el gesto del enfermo…// y el fraseo de los peces// hibernando en las cuerdas vocales.
Tardío se presenta como un caudal vehicular que nos incorpora a su flujo, tanto visual como táctil, maleable pero impredecible: puro flujo/ una afrenta a la represa mental, invitándonos en todo momento a perder el miedo de perder el hilo/ en el descenso// en plena curva/ minutos antes de la cascada.
Porque la memoria es un músculo que tarde o temprano se desgarra, nos decreta el hablante a modo de advertencia caminera ante los peligros, desvíos y curvas en la vía; en un sistema muscular expedito que estructura la forma del texto.
Este es quizá el eje central respecto al movimiento permanente, sobre el que esta escritura va asumiendo materialidad. Aquí todo es un pretexto para aferrar el “Ahora”, semejante a quien aprieta un puñado de arena y luego apuesta a cuantos granos le quedarán; cuando la vida se reducía a un bisturí a un microscopio y al disfrute de escarbar el interior de los insectos; o como el satélite artificial que solo por su impulso, cuando va a caer a la tierra, ya ha pasado el borde y continúa a la misma altura, a la misma distancia de esa experiencia profunda que exige su forma, pero que siempre llega Tarde e inconclusa: la lengua hasta el cuello el coipo habla con los suyos sin que haga falta saber necesariamente lo que habla.
La fluidez de este libro no se manifiesta solamente en el desplazamiento espacial y en las anotaciones que el tiempo proyecta sobre esa pantalla denominada “Memoria”; sino también en la constante aleación de texturas y densidades, movimiento y pausas, transparencia y opacidad, rectas y desvíos, vastedad y cerraduras, bisagras y extrañamiento, permanencia o prolongación. Un tejido múltiple que se construye con gestos y que nos hace pensar en la posibilidad de que a veces el proceso en sí, puede ser la obra; una voluntad de “autoconstrucción” en donde miremos simplemente el arrojo de las aves que aprendieron a mudar su plumaje en pleno vuelo. O que paralelamente el objeto-poema fuera el suceso y la acción; circulando en modo sanguíneo y fluvial. El arma de ataque que solo sabe explotar, un bello objeto que se niega a ser vehículo de algo más.
Por lo visto
hilvanar a oscuras la costura del vergel
terminó siendo su única facultad
//
y dinos si hay algo provechoso en esto después de todo
La voz en Tardío, no pretende “Hablar” su contexto vital. El que aquí asume de Sujeto, es solo un recurso más, un instrumento útil que despliega, actuando como un riel, toda la potencia e intensidad expresiva involucradas.
Sin duda la condición decisiva de este libro, la que lo identifica y singulariza, es el trato y manejo de su imaginario; el que aunque es protagónico, tangible y visual, pareciera ceder el mayor peso de la significación y el sentido al movimiento en sí, al flujo y su caudal; como si se tratara de un mensaje ofrecido por un cuerpo totalmente prescindible.
Aquí la metáfora no es el gran “Cómo”, no es el exhibicionismo lírico ni la comparación sedentaria que edifica figuras literarias y demarca territorios, en un intento fallido por resistir a la caducidad, el corte en trámite y la fecha de vencimiento.
Definitivamente, Tardío es desplazamiento, palpitación y Belleza. Es ser puntuales cuando se trata de llegar tarde, mientras levantamos un pie para dar el siguiente paso. Es lograr que no se vea la tinta al escribir; con la muerte siempre en frente, sentada y sorda… actualizando su celular.
Víctor Hugo Díaz (Santiago de Chile en 1965)
Ha publicado “La comarca de senos caídos” en 1987, “Doble vida” en 1989, “Lugares de uso” en 2000, “No tocar” en 2003, “falta” en 2007, “Antología de baja pureza (1987-2013)”, México, 2013, “Hechiza, poemas anticipados”, México, 2015, en “Antología de la Poesía Chilena del Siglo XX” Ediciones Vitruvio, España, 2016, “Lo puro puesto”, Chile, 2018 y “El suelo pesa”, Chile, 2023. El año 2004 ganó el Premio Pablo Neruda en su Centenario, por trayectoria y obra, otorgado por la fundación del mismo nombre. Sus poemas han sido publicados en diversas revistas y antologías, además cuenta con numerosos trabajos críticos acerca de su poesía.
Juan Malebrán (Iquique, 1979)
Ha publicado los poemarios Reproducción en curso (2008), Bozal (2014, 2015), Entretenciones mecánicas (2016), Trópico (2019), Tardío (2022, 2023, 2024), Novedad del paisaje (2023) y Eriazo (2024).
Fotografías: Cortesía del autor.







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