De Alejandro Ostoa
El aguijón aguijonea en Gijón.
Un suspiro se vuelve eterno.
Gajos de desesperanza estallan sus llagas amargosas.
¿Letanía o réquiem?
¿Luz perpetua ante la oscuridad que encubrieron?
Lenguas aposcaguadas.
Conciencias desvanecidas.
Miradas de odio.
Visiones enfermizas
lo tumban
para echarlo a la tumba
que retumba.
No hay rezo,
solo ahogo
de un rosario que,
por las lágrimas, se desgrana.
Preguntas que permanecen en el eco silencioso.
¿Cómo?
¿Quién o quiénes?
De qué manera…
Conjeturas convertidas en interrogantes.
Dudas y más dudas.
Incógnitas
cubiertas de incertidumbre.
Igual que su batallón… batalla.
Carmen es el huerto florido
la voz que lleva la poesía
en lo épico de En esta honda oscuridad,
reverberación que no olvida,
memoria que débilmente enfrenta
(desde lo individual, y con el soplo de Calíope),
enfrenta al ejército aniquilador.
La historia llora.
Los habitantes vivos,
aunque muertos de terror,
buscan… y remueven,
con el tiempo solo encuentran cuerpos caídos,
cercenados… reliquias.
Los rastreros,
matanceros,
aniquilan rastros, rostros,
pero solamente quedan restos.
Irreconocibles que cobran permanencia
con la grandiosa Nozal…
¿Y qué de los ojos?
… donde polvo, telarañas
y rastrojos,
son herméticos quistes
que brutalmente obstruye los párpados.
Ni cómo ver la última mirada,
la que se despide,
la de la nostalgia,
la del quebranto,
la que se incrusta en la luna
y asoma en sus facetas.
Ella, Carmen, la poeta,
solo quiere recuperar un cuerpo.
Vértebras, muñones, huesos,
con las libélulas observantes.
Carmen o hace verso, lo convierte en imagen,
lo presenta en conciencia.
Se oxigena en los bosques,
asciende a las montañas
y baja a las fosas,
para de lo común,
llegar al hallazgo.
Las cuencas observan a los ajenos,
a los turistas,
a los paseantes,
a las baldosas que les da permanencia
con el eco poético de Carmen Nozal.
Siempre me he declarado admirador y sorprendido con los trabajos de mi querida Carmen Nozal. Solo les comunico que el reclamo por estas líneas endebles será después de la presentación, porque la oscuridad se despercude en casa.
Texto leído en el foro Tinta del Xinantécatl, en la
Décima Feria Internacional del Libro del Estado de México,
el 6 de octubre de 2024.
Alejandro Ostoa (Toluca)
Teatrófilo citadino. Autor de más de veinte obras teatrales, de las que destacan El ombligo de Maribel, En duermevela, Noche de tentaciones irresistibles, El árbol de las aves con las alas rotas y El mensaje de Huitzin (traducida al italiano). Coordinador del Diccionario enciclopédico básico del teatro mexicano del siglo XX, de Edgar Ceballos. También ha publicado Ases de tierra caliente y Bomberos Toluca, entre otros.
Fotografía: Cortesía del autor.







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