De Hernán Bravo Varela

Escribí “(Veinticinco centavos, por el amor de Dios)” a principios de 2008 en Washington, D. C., mientras desempeñaba diversas labores en la Agregaduría Cultural de la Embajada de México en Estados Unidos. Una medianoche glacial y neblinosa, tras apagar las luces y cerrar la puerta del instituto, se acercó un mendigo a pedirme un quarter; llevaba una almohada bajo el brazo y una cobija sobre los hombros. Mientras yo hurgaba en mis bolsillos, el hombre empezó a contarme la historia —genuino cuento de fantasmas— que días después transcribí en verso.
Pocas veces la forma se había impuesto con claridad desde el inicio como en este poema. (Una forma llena de estribillos y ecos, prima hermana de la terza rima de Dante, a medio camino entre la escatología y el relato puntual, y que parecía retratar las obsesivas repeticiones de aquella historia.) En mi recuerdo, claro, rondaban dos famosas villanelas de la lengua inglesa: “Do Not Go Gentle into That Good Night”, de Dylan Thomas (“No entres con calma en esa noche errante”, según José Emilio Pacheco) y “One Art” (“Un arte”), de Elizabeth Bishop, con su primera, brutal e inolvidable línea “The art of losing isn’t hard to master” (“El arte de perder no es tan difícil”). Asimismo, tenía presente “La cama angosta”, villanela pionera en México escrita por Luis Miguel Aguilar: “Es todo lo que sé. (Que es casi nada.) / Ella tenía una estrella entre los senos. / O así lo veía él, porque la amaba”.
Las formas, como las personas que las crean y recrean, no están muertas; viven dentro de su propia voz (o, más bien, en la voz que recordamos y que sólo nos resta evocar). El poema está dedicado a la memoria —nunca mejor dicho— de mi amigo Juan García de Oteyza (1962-2013).
Mi padre muerto vino el otro día.
Me dejó dos cobijas y una almohada
y se volvió a morir como solía.
Estaba oscuro, pero todavía
puedo verme temblando en su mirada.
Mi padre muerto vino el otro día.
Ni cuento de terror ni brujería:
mi padre apareció como si nada
y se volvió a morir como solía.
Con todo y que murió de neumonía,
lo vi muy tarde, ya de madrugada.
Mi padre muerto vino el otro día.
Apenas me duró su compañía
lo que tarda en hacerse una redada
y se volvió a morir como solía.
En su ausencia, llegó la policía
y dejé las cobijas y la almohada.
Mi padre muerto vino el otro día
y se volvió a morir como solía.
Hernán Bravo Varela ( Ciudad de México, 1979).
Es autor de doce libros de poesía, ensayo y varia invención, entre los que destacan: Oficios de ciega pertenencia (1999 y 2004), Hasta aquí (2014), Historia de mi hígado y otros ensayos (2017), Modelo centinela (2021) y Ejercicios de respiración seguido de El Estado empresario mexicano (2024). Ha publicado, en versiones suyas al español, diversas obras de Christina Rossetti, Emily Dickinson, Gerard Manley Hopkins, Wallace Stevens, T. S. Eliot, Seamus Heaney y Leonard Michaels, entre otros autores de lengua inglesa. A su vez, poemas y ensayos de Bravo Varela han sido traducidos al inglés, francés, alemán, italiano, portugués, polaco, chino, danés y finés. Desde 2017 pertenece al Sistema Nacional de Creadores de Arte. Actualmente es editor del Periódico de Poesía de la UNAM.
Fotografía: Cortesía de Nuria Lagarde.







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