De Gregorio Fahrenheit


Ellos

Se despertaron como siempre:
a la misma hora, en el mismo silencio que ya no decía nada.
Dos cuerpos bien entrenados para simular la vida,
autómatas que se movían, pero no sentían,
actores de una rutina que ya no les pertenecía.

Desayunaron palabras tibias,
se bañaron en el eco de promesas rotas,
salieron al mundo como si todo siguiera en orden.


Fingieron afectos frente a otros rostros.
Se dieron besos que no sabían a nada,
besos como quien cumple un contrato.

Rieron con otros para no llorar entre ellos.
Se enojaron con cosas pequeñas,
porque las grandes ya dolían demasiado.
Discutieron por migajas
Mientras las ruinas verdaderas se pudrían en silencio.

Y se “amaron”.
Se amaron como se ama con miedo:
tacaños, con la desgana de quien cumple una cuota,
con los ojos cerrados.
Tocaron la piel sin tocar la esencia,
recitando un poema en un idioma que olvidaron.

Sus mentes vagaban en otros labios y cuerpos,
Intrusos en otras máscaras y sueños.

Pero al final del día,
cuando el reloj cerró sus ojos
y la ciudad bostezó en su laberinto,
entendieron —o tal vez no del todo—
que habían vuelto a sobrevivir,
pero no a vivir.

Porque respirar no basta.
Porque sus cuerpos estaban,
pero no su verdad.

El amor, cuando deja de ser presencia,
no se convierte en ausencia:
se convierte en vacío.

Y otro día pasó.
Otro día donde no estuvieron muertos,
pero tampoco estuvieron vivos.

No Ames Como Los Cobardes

No ames como los cobardes,
que buscan un amor seguro, libre, descafeinado.

El amor es la forma de esclavitud más placentera.
El amor ata, duele, muerde y consume;
Una pugna entre dos amantes que buscan devorarse.

El amor sin dolor es contradicción.
punzante, frío, hiriente, real.
El amor lastima por definición.

El amor enloquece, mata,
y resucita en la caricia amada.

No ames como los cobardes, con horarios y excusas,
amores de conveniencia.

El amor es celoso e injusto,
lo exige todo,
aunque no devuelva nada.

Amor es adicción,
es codependencia y posesión.
Egoísta
Imperio que busca dominar,
Mientras se tiembla de deseo.

No ames como los cobardes,
que sueñan con un amor puro, ideal, sin mancha…
y aburrido.

El amor es violencia y agresión.
Es matar y morir.
El amor te arranca el alma por la boca,
te muerde el cuello,
te deja marcas en la espalda
y se ríe mientras sangras.

El amor rompe, duele, castiga,
y después te abraza como si nada.
La única guerra donde ambos ganan.

No ames como los cobardes,
con rutina y medida, contenido, calculado y predecible.

El amor es pasión, sudor y aliento;
es pelear, llorar, arder, gritar y terminar
sin saber por qué, llorando otra vez.

El amor es herir y sanar en un beso.
Es arrebatar de tu amante sus más bajos instintos,
y suplicar, después, sus más suaves caricias.

El amor es necesidad y locura,
es querer matar, destruir y
no poder vivir sin ella.

No ames como los cobardes,
con reglas, con condiciones y acuerdos,
con malla de seguridad,
con ruta de escape y plan B.

Ama como un niño, natural, en bruto.
Ama como un loco con la razón de enemiga.
Ama sin pensar, sin temor,
aunque mueras en el intento.

La amo

La amo desde antes de saber su nombre,
Es un laberinto,
perderme es mi forma de encontrarla.

La amo con la furia del mar,
que no pide permiso para romperte,
en su abismo
mi corazón late más fuerte.

La amo porque la entiendo,
y porque entenderla
me condena.

La amo como a un espejo
que no devuelve el rostro,
 en su herida reconozco la mía.

El amor es la forma más bella del error.
La amo como a una canción que rompe y sana.

Todos llevamos
algo de monstruo,
y lo que duele,
también aviva.

La amo, aunque eso me arruine.
asumo las consecuencias.
Porque amarla no es justo:
solo inevitable.

La amo porque llora,
Necesita ser amada,
Simplemente la Amo
Porque he decidido amarla.

En Venta

Mirada vacía,
mañana que ya no espera el sol.
Latido de abismo,
eco sordo de un amor que asesinó.

Cuerpo distante,
ausente el alma.
Mueca la sonrisa,
sin llama ni calma.

Amor forzado, por contrato,
flor plantada en tierra ajena.
Soledad de compañía,
en venta, siempre en venta.

En la mente, otro amante,
que besas desde lejos,
lamento en silencio
de tu conveniente pantomima.

La que no volvió


Conquistó mundos,
besó labios con sabor a vino y adiós,
tocó cuerpos como quien hojea libros ajenos
buscando un verso nuevo cada vez.

Ganó batallas que nadie le pidió,
rindió su ternura en mil camas,
sombra en la noche de muchas almas
dueño fugaz de tantos nombres.

El tiempo cruel y veraz
le devolvió el silencio,
entre tanto eco,
entendió la sentencia.


Hubiera cambiado todo,
las conquistas, los fuegos,
las risas falsas como la suya,
por una sola cosa:
una última caricia de ella.
La que dolía de verdad.
La única que no volvió.


Gregorio Fahrenheit (Chihuahua, México)


Chilango por adopción. Estudió medicina en la Universidad Autónoma de Nuevo León. Obsesionado con el ser y el lenguaje, es autor de poemas, cuento y novelas, sus temáticas principales son los seres humanos y sus absurdos como seres temporales.


Fotografía: Cortesía del autor.

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