De Hind Joudeh
كيف تبدو المدينة هذا الصباح؟
على حالها!
تأكلُ أميال البحر الأولى
تشربُ موجاً ساخناً
تلبس نشرات الأخبار
تتمشّى في ظل أشجارها
تردد السلام الوطني وهي تشهدُ قتل الزيتون وهروب الحمائم.
تصحو على صوت الشمس العنيد
تنام دون رؤية القمر
ولا تسافر.
كيف تبدو المدينة؟
تربّت على قلبها كي يهدأ
تحيك حذاء صوف لطفلها الأخير
تعده ككل شتاء بالغيم الكثيف
بخضرة السهول
بابتسامة التوت الأرضي
بلهفة المظلات
بالمعاطف الثقيلة
ببصمة المطر الواضحة على النوافذ المجروحة
على الأرصفة المكسورة
والوجوه المالحة
ثم تطلب منه أن يذكر لعام آخر
بيتاً عتيقاً يسكن رأسه
ولا يسافر.
كيف تبدو المدينة؟
تحاول أن تتغير
تستبدل العصا العرجاء بطرف صناعي
تلون أظافرها المتكسرة
تستضيف أعراسها في الحارات الكالحة
تدبك على رصيف الميناء
ترسم على جدران المدارس
على جدران القلب
على جدران الخيبة
تنحت صبرها الطويل
تفرك حزنها الأبدي
وتغني
ثم ترفع ثوبها كي ترقص
فتفاجئها القدم الناقصة.
كيف تبدو المدينة؟
ككل عنقاء
نفضتْ رمادها
قامتْ إلى البحر تغسل ملوحته
وتعلّق أحلامها فوق أسطح المنازل
بيضاءَ من غير سوء
كعادتها ارتدت ثوبها العتيق
وألقتْ شالها الأبيض فوق ظهر الريح
صعدتْ سلم الحضور
نبتتْ في بقعة الضوء
بسطتْ وجهها على مسرح الوجود
ووقفت
وقفت تلوح لحياةٍ تعبر فوق رمادها الكثيف
دون أن تهتز.
Teatro
¿Cómo se ve la ciudad esta mañana?
¡Como siempre!
Devora las primeras millas del mar,
bebe olas ardientes,
se viste con los boletines de noticias,
pasea bajo la sombra de sus árboles,
repite el himno nacional
mientras presencia el asesinato de los olivos
y la huida de las palomas.
Despierta con la voz terca del sol,
duerme sin ver la luna
y no viaja.
¿Cómo se ve la ciudad?
Se acaricia el corazón para calmarlo,
teje un zapato de lana
para su último hijo,
le promete —como cada invierno de nubes densas—
el verde de las llanuras,
la sonrisa de la fresa silvestre,
la prisa de los paraguas,
los abrigos pesados,
la huella clara de la lluvia
en las ventanas heridas,
en las aceras rotas,
en los rostros salobres.
Luego le pide que recuerde, un año más,
una casa antigua que habita su cabeza
y que no viaja.
¿Cómo se ve la ciudad?
Intenta cambiar,
sustituye el bastón cojo por una pierna artificial,
pinta sus uñas quebradas,
recibe sus bodas en los callejones sombríos,
zapatea en el muelle,
dibuja en los muros de las escuelas,
en los muros del corazón,
en los muros del desencanto.
Esculpe su paciencia interminable,
restriega su tristeza eterna
y canta.
Luego alza su vestido para danzar
y la sorprende el pie ausente.
¿Cómo se ve la ciudad?
Como todo fénix
sacude sus cenizas,
se alza hacia el mar para lavar su sal,
cuelga sus sueños sobre los techos,
blancos, sin mancha.
Como de costumbre,
se pone su vestido antiguo,
arroja su chal blanco sobre el lomo del viento,
asciende la escalera de la presencia,
brota en el haz de luz,
extiende su rostro en el escenario del ser
y permanece.
Permanece saludando una vida
que cruza sobre sus densas cenizas
sin que ella tiemble.
Hind Joudeh (Palestina, 1983)
Nació en el campo de refugiados de Al-Bureij, en Gaza. Poeta, ha publicado tres colecciones: Siempre alguien se marcha (2013), No hay azúcar en la ciudad y Un dedo logró sobrevivir (2024). Durante los bombardeos escribió textos poéticos que se convirtieron en testimonios vivos de la guerra y de la supervivencia. Ha trabajado en producción radiofónica y en escritura de guiones, y fue directora editorial de la revista literaria 28 (2016–2020). Premiada en certámenes literarios locales y árabes, su escritura se concibe como un acto de resistencia y un llamado urgente que recoge el dolor de Gaza y lo ilumina con la poética de la esperanza.
Fotografía: Cortesía de la autora.
Traducción: Fatma Nazzal







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