María Mercedes Andara Gómez
I.
Cuando vivimos en el paraíso, era nuestra esencia de pájaro,
dueños del horizonte, del oro y el cacao,
al amparo de nuestras cosechas.
La vida era una celebración continua.
Honrábamos la sacralidad de las cosas,
curábamos nuestras heridas, picaduras de rastreros con plantas y poderes milenarios pasados de generación en generación.
II.
¿Indio?
¡Sí, Indio!
¡A mucha honra, Indio!
Por mi sangre corre el espíritu del cacique Diriangen, Agateyte,
Nicarao, Adiact.
Pude burlar tu atención, harto de poner la otra mejilla, ver teñirse La sangre de hermanos.
Me impusiste el suplicio de tus espectáculos sangrientos, sembrando el terror, quemando mis maizales con desprecio.
Cubriste de impudicia y asco mis plumas y pieles,
me diste un espejo a cambio de nuestro oro,
vimos a nuestras mujeres como palomas degolladas, violadas frente a sus hombres,
y a nuestros hijos como almas en pena,
desgarraste el pecho de mis hermanos, arrancaste jirones de carne de sus cuerpos, te vi
extirpar sus genitales,
desapareciendo mi tierra y la tierra de mis hijos y de los hijos de sus hijos.
Nuestras mujeres comían raíces venenosas para no traer bastardos al mundo.
III.
Al acercarse nuestro minuto final,
clamábamos piedad al Dios del trueno y de la lluvia.
Invocando su mano poderosa,
para transmigrar del infierno de la guerra al propio cielo.
IV.
Conquistar y dictar el trueque de la muerte:
un mozo por un queso
cien indios por un caballo
ochenta indios por una yegua
una niña virgen por un tocino.
Y así,
así, me arrodillaste para obedecer tu ley.
No éramos un trozo de leña o mentes en blanco
en una proverbial tierra virgen.
V.
Me tildaste de inservible, rebelde, anormal, Imbécil, bestia, metido, borracho, animal, moclín, descarado, maldito, charlatán, bruto, loco, vago, haragán, poeta, vulgar, mula, matreros, patizambos, contrahechos, fantasioso, brujos, hechicero, cínicos, chanchos, cerdos, diabólicos, gárgolas, mentirosos, curtídos, crápulas, blasfemos, ignorante, estúpido.
¡Nada de eso era mi raza!
VI.
Vos conquistador, ¿acaso te crees dueño del mundo?
¿llamarme Indio o bestia sin alma?
Aquí sigo,
Sigo de pie,
sigo cargando mi historia de luces y sombra,
de Norte a Sur
Este a Oeste.
VII.
¡Esta no es tu tierra!
Esta tierra es nuestra.
Lo ha sido desde el edén bíblico.
Blandiste tu espada, en su punta mostraste orejas, narices, ojos y más miembros como medallas de honor, aun así, no lograste sacarnos nuestras ideas del corazón.
imponernos tus costumbres, tu supremacía racial, tus creencias,
Ignorar mis multi duelos, memoria insepulta,
despojados de nuestra cosmovisión.
VIII.
¿Ya viste?
Solo tres meses fuimos “Independientes”.
Han pasado doscientos años. En nuestros ojos se lee una tristeza perpetua en espera de no convertirnos en un algoritmo indescifrable de la mano del Gueguense y la guatusa india.
IX.
¿Y mañana?
si acaso hay un mañana…
Toca escribir alejandrinos en piel de futuro,
correr sin temor, como corríamos en la infancia.
y así,
abrazar el antiguo anhelo de mi raza,
auscultar nuestra luz sin juicios de piedra.
X.
Asumo mi herencia de lo viejo a lo nuevo; siento, pienso, escribo en español.
Compartimos el mismo cielo en semejante infierno,
unidos por el idioma castellano.
Desde el templo de la palabra
donde quiera que vaya,
llevo mi lengua conmigo.
Mercedes Andara (Chinandega, Nicaragua).
Estudió psicoantropología, artista de la danza flamenca, bailaora, intérprete, docente, coreógrafa. Directora fundadora de la compañía flamenca Gitana Del Alma.
Fotografía: Cortesía de la autora.







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