Cuencos de aceite para sostener la luz en medio de un genocidio

De Nati Rigonni


PRIMER CUENCO


Permanece en la puerta si anhelas la Belleza,
abandona el sueño si quieres entrar

Râbi’a al-Àdawiyya


Primer día del sagrado Ramadán,
bajo el gradiente crepuscular
una imagen florece:
una línea roja en medio de escombros,
viva como la sangre que se hunde en la memoria colectiva,
arroyo por donde fluye la esperanza,
una mesa que se multiplica para romper el ayuno,
para celebrar el iftar y reunir los trozos del corazón
(en Rafah o en cualquier otro sitio),
surco donde sembrar la Palabra
(energía creadora girando sobre su propia luz);
a pesar de la ignorancia y la codicia
una palabra pequeña y poderosa
que triunfante germina como semilla de olivo.

SEGUNDO CUENCO


Bajen las armas.
El pincel en tu mano y la luz en la tierra.

Carmen Nozal


Todos, bajemos las armas.
Todas las armas.
También la palabra espina,
la energía que surge de los labios como un proyectil
y estalla en el centro del pecho de nuestro semejante,
el aguijón oculto hasta el momento preciso,
el dardo envenenado del engaño,
la bestialidad bajo la piel del cordero:
su energía voraz
en la presunta inocencia del signo,
aquella que desde el principio de los tiempos
ha justificado la sangre derramada;
la que señala y condena
parada sobre el ladrillo de la superioridad
–los misiles que se han lanzado
precisamente desde esa altura
impactaron en aquel que dio la orden
antes que en el objetivo,
amargando para siempre su presencia
y condenando su linaje–.
Acabemos de una vez y para siempre
con el constante agravio a la naturaleza,
con bocas y pantallas repetidoras
con su doble moral y la mirada esquiva:
de un siglo al otro afirmando “aquí no pasa nada”.
Bajemos las armas, todas las armas,
también el silencio cómplice.
No sólo es preciso denunciar el horror
nombremos también la serenidad,
la transparencia del primer aliento de vida,
nombremos también la luz
hasta que la Paz sea en todo y para todos.


Nati Rigonni (Orizaba, Veracruz, México, 1971)


Escritora, gestora cultural y mediadora de lectura. Doctoranda en Educación Poética. Maestra en Promoción y Desarrollo Cultural. Obtuvo el estímulo a Creadores con Trayectoria del PECDA Veracruz (2009) y del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Veracruz, en las emisiones 94-95 y 99-2000. Autora de los libros: Díptico (2001), Lotería (2005), La Gran Barriga. Una historia escrita para grandes niños (2003 y 2008); y de las plaquettes: Las columnas de la casa de amor y agua (1994), Hierba inmortal (1995) y Del color negro y otros sucesos (1999).


Fotografía: Cortesía de la autora.

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