De Irving Ramírez



Leva de uno mismo
De cómo pasar el tiempo sin pensar en nada. Acabemos.
Uno nace para decidirse a lo que resta, porque el trabajo es uno
Pero la obligación mayor es lo que sobra. Poder vivir sin
Excusas y sin tiempo, ¡qué placer anhelado para todos¡. Pero no:
Hay que creer que puedes tener tu casa, tu coche, tus aparatos
Tus viajes, tus coitos, tus deleites. Si no, uno está frito.
Por eso disfrutar de cuando uno es sin apellido, sin hora
Sin tener que cumplir siempre con algo, no es más que
La flora que Adán pisó en un día. Sabremos eso: que nada de
Lo que intentemos nos dejará otra vez la euforia de esos largos
Días donde se parapetaba uno para mirar los aleros de las tejas
Gotear su buena dosis de lluvia; que paseaba con los amigos
Buscando la panadería más exquisita, donde el aroma
Tuviera un lugar para nosotros. Vagar con la camisa arremangada
Con los botones de fuera, con el silbido común de los
Milagros. Y ser uno de esos que aún eran comprendidos
Porque la edad daba para eso, los padres tenían su relevo
Asegurado, las calles eran promesas largas, inciertas, nuevas
Los premios no tenían en absoluto números y costos
Todo se iba en malgastar el tiempo, en dar de beber
Un poco de biografía a los rincones. Por eso cada uno
Era su propia leva, su propia sugestión, su propia escaramuza
Y ahora nada de eso es posible: Sólo intuir que aún se puede
Rebanar el deber


Irving Ramírez (México)

Escritor veracruzano. Ha publicado 14 libros, las novelas: Yo le canto al cuerpo gélido, Mi único sueño voluntario, El espejo de los tiempos futuros, los de poesía: Vagabundo en la niebla, Amarizar a solas, Prófugo de simonía, y De arenas y otros lugares, de ensayo La nave de los sigilos, de aforismos Todos los recuerdos son lobos, entre otros. Director de la escuela de escritores de Veracruz, activista de izquierda y ambientalista.


Fotografía: Cortesía del autor.

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