Sobre cultura femenina: Rosario Castellanos y la apertura hacia nuevas concepciones de lo femenino

De Marco Antonio Orozco Zuarth


En la Ciudad de México de 1950, las aulas de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM estaban dominadas casi exclusivamente por hombres. Los debates académicos se centraban en los grandes sistemas de pensamiento europeos, y la participación de las mujeres era escasa, relegada a un rol más observador que activo. En este ambiente, Rosario Castellanos, una joven chiapaneca de 25 años, se preparaba para defender su tesis de maestría titulada Sobre cultura femenina. Lo que parecía un simple proyecto académico se convirtió en el inicio de una transformación en la percepción del papel de la mujer en la sociedad mexicana.

El 23 de junio de 1950, Rosario presentó su trabajo ante un jurado que escuchaba con expectación. Plantear la existencia de una cultura femenina implicaba desafiar siglos de pensamiento patriarcal, donde la mujer era considerada como un ser ligado a la naturaleza, destinada a la maternidad y subordinada a la razón masculina. Pensadores como Schopenhauer y Weininger, cuya obra había sido objeto de análisis por Castellanos, situaban a la mujer en el ámbito de lo instintivo y lo pasivo, mientras que lo masculino representaba la cultura, la creatividad y la racionalidad (Ávila, 2025).

Rosario conocía de primera mano esas restricciones. Creció en Comitán, Chiapas, en una familia tradicional donde los varones recibían privilegios mientras las hijas eran llamadas al silencio. Esa vivencia, sumada a la experiencia universitaria, la llevó a cuestionar los roles asignados como naturales. Su tesis sostenía que la invisibilidad de las mujeres no era un hecho inevitable, sino un producto de instituciones sociales como la familia, la iglesia, la escuela y el Estado, que habían limitado históricamente la participación femenina al ámbito privado (Gutiérrez, 2017).

La defensa de Sobre cultura femenina fue aprobada por unanimidad, pero su propuesta iba más allá de una simple crítica: abría un camino hacia la visibilidad y la creación cultural de las mujeres. Al reconocer una cultura femenina, Castellanos reivindicaba el derecho de las mujeres a pensar, crear y transformar su entorno desde su propia experiencia. Su planteamiento, en apariencia sencillo, representaba una verdadera innovación en el contexto de su tiempo (Castellanos, 2005).

Con los años, la influencia de su tesis creció. El documento se convirtió en un referente académico que inauguró un diálogo sobre la condición femenina en México, hasta entonces relegada a lo secundario. La edición facsimilar de 2013 del Fondo de Cultura Económica subraya que Castellanos abrió un espacio para la reflexión crítica sobre el papel de la mujer, aportando un enfoque que anticiparía los estudios de género en el país (FCE, 2005).

Su propuesta trascendió el ámbito académico. En su narrativa y ensayo, Rosario exploró constantemente la relación entre lo femenino y lo masculino, con ironía y rigor crítico. Obras como Mujer que sabe latín… examinan los estereotipos que limitaban a la mujer, mientras que sus artículos periodísticos confrontaban a la sociedad mexicana con la necesidad de igualdad. Su trayectoria como profesora, escritora y diplomática demostró que lo que defendía en su tesis no era una mera aspiración, sino una posibilidad tangible de participación en la vida cultural y pública.

El cambio social, sin embargo, fue paulatino. Las mujeres continuaron enfrentando obstáculos en política, academia y trabajo durante décadas. La cultura patriarcal se mantuvo resistente, pero las ideas de Rosario comenzaron a cuestionar las justificaciones teóricas de esa exclusión. Al mostrar que los roles femeninos eran construcciones históricas y no determinaciones naturales, abrió un camino para que nuevas generaciones reclamaran su derecho a participar en todos los ámbitos de la sociedad.

Sobre cultura femenina representa un momento decisivo en la historia intelectual de México. Rosario Castellanos no utilizaba aún el lenguaje contemporáneo de los estudios de género, pero su tesis sentó las bases para la reflexión sobre igualdad y diversidad. Al visibilizar la cultura femenina y analizar los mecanismos de subordinación, anticipó debates que hoy siguen vigentes en la sociedad y la academia.

Actualmente, la presencia de mujeres al frente de instituciones, en la política y en la producción de conocimiento es evidente, pero resulta imposible ignorar las barreras que existieron hace apenas unas décadas. La defensa de su tesis, en 1950, marcó un inicio: una pequeña brecha en un sistema que aún luchaba por reconocer la voz femenina. Esta brecha, con el tiempo, se amplió hasta consolidar la igualdad de género como un objetivo social reconocido.

Observado con perspectiva, el trabajo de Rosario no fue un simple acto académico, sino un gesto de valentía. En un país que otorgó el voto a las mujeres en 1953 (Diario Oficial de la Federación, 1953), su tesis afirmó que lo femenino también podía ser cultura, pensamiento y creación. No transformó el mundo por sí sola, pero encendió una chispa que iluminó a las generaciones posteriores.

El legado de Rosario Castellanos permanece vivo. Sus palabras resuenan en aulas, en luchas por la paridad política y en movimientos que reivindican el lugar de la mujer en la historia. Su audacia ofrece un punto de referencia: la igualdad de género en México puede rastrear su génesis hasta aquella tarde de junio, cuando una joven filósofa desafió la tradición y abrió un horizonte de posibilidades.

Nota del autor: Elegí escribir esta crónica porque la reflexión de Rosario sobre la cultura femenina sigue siendo sorprendentemente vigente. Su capacidad para cuestionar lo dado y abrir espacios de pensamiento invita a cada nueva generación a reconsiderar lo que aceptamos como natural y a imaginar un futuro más justo y equitativo.


Marco Antonio Orozco Zuarth (Chiapas, México, 1963)

Cronista, poeta y promotor cultural. Autor de Patrimonio Cultural de Chiapas (2002), Chiapas: espacio y tiempo (2010), Fisura (2025), entre otras obras. Distinguido con La Rosa de la Paz del Ministerio de Cultura de Guatemala (2005), ganador del Primer Lugar Nacional en Historiografía (2007), entre otros reconocimientos. Ha sido Presidente de la Asociación Nacional de Cronistas de Comunidades y Ciudades Mexicanas en dos ocasiones.


Fotografía: Cortesía del autor.

Más popular

Dejar un comentario