De Rubén Rivera García
PAUL CELÁN (RUMANO, 1920-1970)
Un verdadero poeta se prepara ante la muerte. Todos los pasos de su vida harán su epitafio y sus palabras cubrirán su tumba.
*
Me senté sobre el puente Mirabeau y contemplé la unión del río con mi vida. El cielo estrellado ilumina las copas de los árboles; la corriente quiebra la mirada. Estoy llorando en los azules. Un dolor encarnado me persigue, me despide.
¡Oh, Aschres, canción que vibra como abeja perdida! ¡Oh, Quincunx, camino sin rumbo en el ojo de la Señora!
¿Hacia dónde fue aquello hacia nada ido?
Ya es tiempo que la piedra aprenda a florecer. Ya es tiempo que la muerte aprenda mi canción. Ya es tiempo.
SYLVIA PLATH (ESTADOUNIDENSE, 1932-1963)
Puedo hacer un pastel con la luna, un brownie con tu corazón, amor mío. Feliz muerte a ti. Ves cómo puedo cantarme ahora que ya no puedo hacer nada con mi vida.
*
Despierto a las seis de la mañana. Los árboles sudan nieve, las casas están ciegas y las cañerías petrificadas. Me visto, bajo a la cocina. ¿Cómo saber cuánto tiempo hay antes de morir? Mi vida se despliega ante mí, como las ramas de la higuera verde. El amor es un precioso líquido, que cuando se derrama te deja seco y vacío.
Preparo el desayuno a mis hijos; sólo hay pan, mantequilla y leche. Se los llevo, regreso a la cocina y me encierro. Tapo los resquicios con trapos cochambrosos. Me peino por última vez. Abro la llave del gas y meto la cabeza en el horno.
Siento un gran escalofrío, pero para mí, morir es un arte. Lo hago tan bien, tan bien, que parece mi obra maestra.
RUMBO A BUBASSA
Bajo el imperio del sol va montado sobre un camello; lleva una toalla enredada en su cabeza y un manto rojo como un musulmán. Rimbaud se burla de sí mismo por el disfraz y entre azulados nubarrones dice: Soy un servidor de Dios, ¡escrito está!, ¡así es la vida y no tiene nada de divertido! Me voy lejos a descansar de mí mismo y de los demás. ¡Vamos! La marcha, la carga, el desierto, el hastío y la rabia. Al atardecer deja tras de sí a los implorantes leprosos y el hedor de la civilización. Recorre la selva de ruidos y el sol extiende su plumaje aterciopelado que cae entre los árboles. Se oye un batir de alas semejante a un huracán. Lejos están los países de la blanca lepra y una procesión de elefantes avanzan a Babile. Rimbaud dice: buen negocio, buen negocio en marfil. ¡En marcha camelleros, en marcha, grita desesperado!, ¡Ah, los pulmones abrazan, rugen las sienes!, ¡la noche rueda en mis ojos con este sol! La luna sale sonando sus pulseras y la desdicha abre sus párpados. Rimbaud dormita sobre el camello con un rifle entre sus manos y su sombra le apunta a la cabeza desde la aún ardiente arena del desierto nocturno.
EN CHOA
Choa es un pueblo extraño y la luna se desvanece con la sal que se desprende de las piedras. Unas negras orinan, los astros cantan y un zumbido de insectos ilumina el camino. Junto a las armas, pieles y plumas de avestruz, Rimbaud lee el manual del curtidor. La luna ensombrece su rostro y su ojo codicioso relampaguea. La noche le roba la tranquilidad y las palmeras no quieren danzar con su sombra. Hay hombres que aparecen y desaparecen, mujeres que chillan como orangutanes. ¡Oh noche arable en el vasto sendero del navegante! Aquí todo es extraño, en vez de sábanas se usan hojas de plátanos y el cebo de los monos sirve para encender las antorchas. Rimbaud ronca entre los camellos y la luna vela su sueño como el gran ojo de un demonio recién nacido.
INSOMNIO
Una rata no deja de mirarnos.
No puedo dormir,
me llega la angustia.
Las horas pasan
como sombras enfermas.
Camino de la celda al baño
y del baño a la celda.
Ya no sé de mí.
Toda la noche
la he pasado en vela
mirando una estrella
que no conozco.
EL SACERDOTE del Sol danza Sueña que se vuelve polvo viento
Jiculi oculívana
Tamisáeliva rega
Agoná huilí sinaé
Nanayá regá huela*
Tu despertar en fuego
De todos los colores del crepúsculo
De todos los ruidos del bosque
Tú nacimiento en fuego
La primera palabra despertó al mundo
El fuego canta mientras naces
*¡Jículi! ¡Tío!
¡Así nuestra autoridad!
¡Miren, allá está parado!
Los antepasados así los pusieron.
NATALIA
Natalia mira gaviotas que se acarician, una ligera sonrisa se dibuja en su cara. Los pescadores preparan pangas, los niños corren. Natalia es la única puta que vive en la playa. Sus nalgas son redondas y es tibia como el interior de las almejas. Sonríe al escuchar motores. Tiene tres vestidos y una choza entre los mangles. Se entrega con gracia. No busca nada ni agradece. Sólo escucha los bramidos de las olas y los vientos. Se levanta al amanecer, baña su cuerpo como el pez que está a punto de quemarse. A lo lejos alguien le habla: es un pescador que ha regresado con buena pesca. Natalia es la comunión del silencio y del secreto.
Rubén Rivera García (Guasave, Sinaloa, México, 1962).
Es poeta y fotógrafo. Estudio la licenciatura en lengua y literatura hispánicas en la Universidad Autónoma de Sinaloa. Tiene diez libros de poesía publicados. Fue becario del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes en Poesía Jóvenes Creadores (FONCA, 1997-1998); recibió el Premio Nacional Bellas Artes de Poesía Aguascalientes (2021) y actualmente es becario del Sistema Nacional de Creadores de Arte.
Fotografía: Cortesía del autor.







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