De Emilio Coco
LAS SÍLABAS SONORAS
A veces me pregunto si mi muerte
llamará la atención en este mundo
o acaso correré la misma suerte
de tantos otros que ya están durmiendo
en cajas que el olvido ha sepultado.
O si alguien en mi casa va a acordarse
del sitio que en la mesa yo ocupaba
y en el estudio sentirán los libros
que sus lomos mi mano no acaricia.
Condenados al fuego, pensaré
que no moví ni un dedo en su defensa.
Pero saldré de las moradas gélidas
templando el aterido corazón
con la llama de sílabas sonoras.
LAS ÚNICAS PALABRAS
Quisiera escribir versos muy audaces
que me diesen un aire de moderno.
Pero parecerían algo falsos
e impropios de la edad que ya tenemos.
Los poemas eróticos exigen
que haya dos cuerpos jóvenes y bellos.
No es éste nuestro caso. La piel cede,
y existen además otros problemas.
¿Tú qué crees? ¿Me aventuro a usar palabras
como túrgido, erecto, penetrar?
¿No se van a reír mis enemigos?
Lo dejaré correr. Esto es lo único
que te puedo decir: ¡Cómo me gustan
tus ojos verdes y tu linda cara!
NUESTRA CASA
Tú y yo vivimos en un piso inmenso,
ya sin hijos y libres del tormento
de que llegue el dinero a fin de mes,
sin sustos ni sorpresas enojosas.
Tú en tus quehaceres sola en la salita,
yo con mis españoles en mi estudio.
Ya no tienen espinas nuestras rosas,
sólo los dos y cada vez más solos.
Hace años que sólo nos reunimos
a la hora del almuerzo y de la cena,
y esperamos ansiosos el momento
de acostarnos, cada uno en su rincón.
Para casos urgentes de importancia
podemos recurrir al celular.
EL MAL OSCURO
A Francesca, trece años después.
Dejo la puerta abierta para ti.
Los demás por el mundo van buscando
–en Espinardo o en Ascoli Piceno–
tenaces un jirón de cielo azul.
Pero la cierras siempre, entristecida
y golpeada por el mal oscuro
que te apaga implacable. Así alejada
pasas los días reforzando el muro
del recelo y la desesperación
que en ti penetran hasta lo más hondo.
Quita la piedra que te oprime muda.
Llora si crees que va a aliviarte el llanto,
porque a pesar de todos tus desaires
a más desprecios más te ama la vida.
HIELO
Con el paso del tiempo regañamos
más a menudo aún, y por bobadas.
Con la mirada baja ambos sentimos
al otro como extraño, amurallados
en rencor y mutismo. Si más tarde
llegamos a rozarnos por error,
en las venas la sangre se nos hiela,
petrificados ya por el terror
de una mala pasada de la noche
que en sueños puede hacernos abrazar.
Al borde de la cama, en equilibrio,
esperamos el alba, suspirando
aliviados, rezando porque el hielo
de estos cuerpos jamás llegue a fundirse.
MI ÚNICA VIRTUD
Después de trabajar el día entero
taladrando y poniendo las cortinas,
librándote de mí me has ordenado
que me vaya a la cama. Ya es manía
ofensiva salirte con la tuya
a toda costa. Tienes tanto yo
que ni a modo de finta se te ocurre
hacerme concesiones ilusorias.
Ya con un pie en la cama me has gritado:
Antes lávate, ensuciarás las sábanas
con todo ese sudor que lleva el cuerpo.
Obedecer es mi única virtud.
Incluso en las cuestiones del amor
el día y la hora los decides tú.
LA SONRISA DE FRANCESCA
Me hacía la ilusión que a esta edad mía,
con la antigua inquietud calmada ya,
de un modo más sereno iba a poder
enfrentarme a los sustos de la vida.
Incauto, me sentía vacunado
contra desilusiones y tormentas,
creyendo que tras tantos zarandeos
alegre iba a latir mi corazón.
También creía que la hermana muerte
iba a poner final a mis congojas
y la invoqué a menudo a grandes gritos.
¡Qué error! Pues me ha bastado tu sonrisa
para que sienta en mí un tremendo amor
hacia el mundo que tanto había odiado.
JUSTA VENGANZA
Si llegamos los dos a noventa años,
yo medio dislocado y alelado,
y tú sana del cuerpo y de la mente,
derecha como un huso, ello se debe,
me dirás con orgullo, a tantas horas
de gimnasio y a largas caminatas,
mientras yo alimentaba el alma mía
con poesía y otras pendejadas,
te pregunto, si juntos alcanzamos,
yo hecho migas y tú como una rosa,
los noventa malditos en cuestión,
si por no haber seguido tus consejos
de mí te tomarás justa venganza,
encantada de todos mis achaques.
ASÍ TENDRÍA QUE LLEGAR LA MUERTE
Así tendría que llegar la muerte,
como viene el amor y tu defensa
se vuelve vana. Un viento que te lleve
a una isla lejanísima y desierta
donde ambos competís a ver quién logra
embriagarse con más besos y mimos
sin querer saber nada del mañana.
Así tendría que yacer contigo,
como una amante tímida que a oscuras
su pecho ofrece a tus ardientes labios
sin que pretenda nada, distrayendo
tu corazón de cualquier otra pena.
¿Te atreverías a dejarla sola,
a una joven tan bella y apasionada?
Así tendría que cerrar tus ojos,
como la madre aquellos de su niño
que llora en plena noche y se empecina
en quedarse despierto, y en sus brazos
lo aprieta suavemente, con su aliento
rozándole los párpados, lo pone
en la cuna, se encanta al contemplarlo.
Emilio Coco (San Marco in Lamis (Foggia, Italia, 1940).
Es hispanista, traductor y editor. Dirige la colección de poesía «Iberoamericana» y ha publicado varias antologías de poesía española y latinoamericana. Ha publicado también algunas antología de poesía italiana traducida al español, entre las cuales La poesía del siglo XX en Italia (Visor, Madrid, 2017) y Las grandes voces de la poesía italiana del siglo XX (Universidad de Monterrey, 2022).Como poeta ha publicado, entre otros títulos: Profanazioni(1990), Le parole di sempre (1994), La memoria del vuelo (2002), Fingere la vita (2004), Contra desilusiones y tormentas (2007), Il tardo amore (2008, Premio Caput Gauri, 2008), Il dono della notte (2009, Premio Alessandro Ricci-Città di Garessio, Premio Città di Adelfia, Premio Metauro, Premio della Giuria «Alda Merini»), Ascoltami Signore (2012, traducido al español), Las sílabas sonoras (2013), Mi chiamo Emilio Coco (2014), Es amor (2014), Las palabras que me escriben (2015), Vuelva pronto el verano (2017), Del dolor y la alegría (2019), Sé que ya no será como era antes (2020), Del amor y otros duelos (2020), Poesie (1990-2020) (2021), Il tempo di mettermi in cammino (2021, Es tiempo de emprender el camino, 2022), Teologia doméstica (en portugués, 2023), La casa (2023), Del dolore e della gioia (2023), El tiempo, el camino (Vaso Roto, 2025) y algunas plaquettes. Está traducido a una docena de lenguas. En 2003 el rey de España Juan Carlos I le otorgó la encomienda con placa de la orden civil de Alfonso X el Sabio. En 2014 fue «poeta homenajeado» en el Festival «Letras en la Mar» de Puerto Vallarta. En 2015 recibió el premio «Catullo» por su labor de difusión de la poesía italiana al extranjero. En 2016 le fue otorgado el premio «Ramón López Velarde». En 2022 recibió en Pontedilegno el «Premio a la Trayectoria Poética» en 2024 y en 2025 la Medalla Vicente Huidobro.
Fotografía: Cortesía del autor.







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