Entrevista a Ulises Paniagua

De Ulises Paniagua


  1. Lo primero que quiero preguntar, es: ¿tienes un concepto definido de lo que es la poesía?, ¿has logrado hacerte de una definición propia a través de leerla y escribirla?

He tenido, a lo largo de la vida, diferentes versiones de lo que es la poesía. Lo que es una certeza, es que es inasible. Podemos intuirla, aunque no definirla con una objetividad demoledora. El encanto de la poesía radica en que es libremente subjetiva: una flor de humo en medio de un paisaje de humo.

El ars poética que asumí como verdad primera (al estilo de la paradoja de la nave de Teseo) ha ido modificando sus piezas, sus criterios; de tal modo que no sé si el concepto de poesía, el que mantengo hoy, es cercano o radicalmente opuesto al que tuve en otra época. Durante los últimos años, creo que he considerado dos versiones: la cuántica, la del todo en todas partes a la vez; la de la poesía como un exo-cerebro y un exo-corazón que respiran dentro del macro y microcosmos, y del cual recibimos pulsaciones colectivas para conformar el limo singular… De esa conexión, nacen los poemas como pequeños mensajes otorgados por la naturaleza como fuente de profundidad, de conocimiento y autoconocimiento. En ese sentido -lo he dicho en algún libro-, un poeta es un guardián de las horas, al estilo de aquellos personajes que creó el imaginario de la cultura maya (que vigilaban el tiempo).

La segunda versión sobre la poesía, corresponde al cómo escribirla, y deriva en dos versiones: la vegetación que parte de una semilla; y en ramificaciones, permutaciones, cientos de tallo se enreda y expande; o la creación poética como un tour de forcé, un viaje con cortes, bajo tiempos paralelos, en enumeraciones caóticas (que ya habían descubierto Whitman o Ginsberg), y que brindan en sí una estética cinematográfica a un ritmo vertiginoso y sincrónico.

En ambos sentidos, la poesía es un laberinto cuántico, no por resolver sino al cual aventurarse en medio de una oportunidad importante de algoritmos luminosos con los cuales se van incendiando los senderos. A veces no nos conduce el fuego, sino un pequeño grupo de luciérnagas

  • ¿Esa concepción fue diferente en algún momento? Es decir, ¿tuviste algún criterio distinto al respecto de la poesía en otra época de tu vida?

Definitivamente lo tuve. En la adolescencia supuse que el instante poético era epifanía, un momento de momentos, ideal para las revelaciones, esas famosas iluminaciones de las que habla Rimbaud. Esa idea se ha ido transformando, como la propia naturaleza de lo que tratamos, porque la poesía es un ente vegetal que crece, se enreda, contrae, se expande; un insecto camaleónico que asume lo mismo el color y la esencia de la tierra, que el registro de la vía láctea sobre su cuerpo.

En medio de todo ello, a la mitad del camino encontré, como afirma William Blake, que los verdaderos poemas eran incendios; pero que, a su vez, siguiendo las maravillosas experimentaciones de Jim Morrison o José Cruz (el jamming y la locura), había misteriosas invocaciones chamánicas donde los ancestros, nuestros muertos, hablaban con nuestra boca.

La poesía son nuestros muertos; la suma de nuestros muertos. Ese es otro descubrimiento al que arribé en aquellos años. Saúl Ibargoyen comentaba, en sus talleres, que una autora o un autor puede tener diferentes voces poéticas (que no son enteramente la voz de quien escribe).

Fernando Pessoa es un gran ejemplo de ello… Mario Bojórquez me compartió, cierta ocasión, que en el baúl de los inéditos de Pessoa existían apuntes que sugerían una especie de espiritismo, de heterónimos que eran más bien fantasmas haciéndole la visita ¿Pessoa era espiritista o era esquizofrénico? Lo cierto es que fue un genio…

Durante otra época de mi andar, la poesía ha sido canto, o murmullo, u odio concentrado que nace a borbotones. También, al modo arqueológico, el más misterioso secreto. Uno no define lo que es la poesía; ella nos va arrastrando por sus corrientes, descubriendo diferentes puertos. Es la red en la que caemos, a tramos, peces curiosos, y que nos permite salir para seguir nadando. A la poesía no se le puede definir en un solo impacto…

En fin, hay un poema, que me gusta al respecto. Puede utilizarse aquí para hacer una analogía entre la puerta y el poema. La puerta entreabierta como registro del universo poético, una mirilla. El texto es del neozelandés Albert Wendt:

“Una puerta es la presencia / de lo que se abre / y de lo que se cierra, la sensación / de lo que se mece / hacia adentro y hacia afuera, / algo que se jala / o se empuja, / la espera de los visitantes / (y su despedida), / la acumulación / de secretos y privacidad, / un quedarse fuera / un quedarse dentro, / el retorno, / la huida, la / posibilidad / de todo eso. / Una puerta contempla todas / sus posibilidades / y sabe / que es todas / las puertas”.

3. ¿Crees que exista una relación cercana, profunda, entre poesía y filosofía, o consideras que no tienen liga alguna?

Hace mucho tiempo no me lo había planteado, siquiera; era imposible proponer una relación así, mucho menos una fusión. Eso se debe a que entonces comprendía los extremos de la cuerda por separado. Uno de ellos me era ajeno.

A medida que, como lector voraz me acercaba a la filosofía, empecé a notar que la manera de abordarla era rígida: si bien la filosofía es una ciencia social y no un arte, consideré, en cierto punto, que había dejado de mostrarse dubitativa, pasional. Algunos de los filósofos que hoy admiramos quisieron escribir poesía, como es el caso de Nietzsche. Llegué a la conclusión de que existía una mentira profunda, añeja, que surgió desde aquel diálogo donde Platón expulsa a los poetas de la República.

Todo ha sido mal comprendido durante siglos, porque si revisamos la historia (y lo hace saber Wladyslaw Tatarkiewicz), lo que se entendía por poeta en la antigua Grecia no es exactamente lo que se comprende hoy. Desde entonces, la sensibilidad, lo femenino y lo diferente comenzaron a ser perseguidos (por ello Safo tuvo que fundar una república de mujeres en Lesbos). Un error histórico, que ha fundado una cultura occidental dominada por el rigor de la iglesia católica, que ahora podemos dejar atrás gracias a una reconstrucción decolonial de la propia filosofía, lejos de una visión patriarcal y limitada. De acuerdo a Edgar Morin, a través de la Teoría de los sistemas complejos es posible descubrir vínculos profundos entre ciencia y arte; en este caso entre filosofía y poesía, pero también de estas disciplinas con las matemáticas, la música, la entropía social, la mecánica cuántica…

Por supuesto que filosofía y poesía son hermanas: son dos modos, no tan lejanos, de explicar el mundo. Y no dejan de ser invenciones. Hay un punto, mitad fantástico, mitad real, donde se entrelazan. Como ejemplo, las extrañas poéticas filosóficas de las mitologías antiguas, que aplican lo mismo en las culturas antiguas prehispánicas, hindúes o helénicas.

María Zambrano, por su parte, afirma que: “Filosófico es el preguntar y poético el hallazgo”. Hay mucho de cierto en ello. Pero también se puede preguntar a través de la poesía hasta llegar a cuestionamientos filosóficos profundos. La poesía es una pregunta, más que una respuesta. El hallazgo es, en todo caso, asombro. Todo depende de abrir los sentidos para comprender lo que se dice sin confundir la naturaleza de ambos frentes. También la filosofía tiene luz. También la filosofía tiene espinas. María Zambrano dixit: “La poesía unida a la realidad es la historia. Pero, no es preciso decirlo así, no debiera serlo porque la realidad es poesía al mismo tiempo y al mismo tiempo, historia. El pensamiento, el riguroso pensamiento filosófico tradicional separó a ambas y casi las anuló, reservándose para sí la realidad íntegra, para sustituirla en seguida por otra realidad, segura, ideal, estable y hecha a la medida del intelecto humano…”

  • ¿Piensas que existen poetas, que hayas leído, que logren un verdadero planteamiento filosófico en alguno de sus textos? ¿De qué forma lo hacen?

Desde luego. Esas revelaciones han sido fundamentales para mí, en mi habitar y comprender el mundo y la propia literatura. Me vienen a la mente algunos ejemplos: en primer orden, los versos iniciales del poema El Gólem, de Jorge Luis Borges: “Si (como afirma el griego en el Cratilo) / el nombre es arquetipo de la cosa / en las letras de “rosa” está la rosa / y todo el Nilo en la palabra Nilo”; luego, se halla esta propuesta cuasi biogenética, de William Blake: “¡Tigre! ¡Tigre!, fuego que ardes / En los bosques de la noche, / ¿Qué mano inmortal, qué ojo / Pudo idear tu terrible simetría?”; o esta reflexión budista-cuántico-biológico-dinámica, de Walt Whitman: “Creo que una hoja de hierba, no es menos / que el día de trabajo de las estrellas, / y que una hormiga es perfecta, / y un grano de arena, / y el huevo​​ del régulo, / son igualmente perfectos, / y que la rana es una obra maestra, / digna de los señalados, / y que la zarzamora podría adornar, / los salones del paraíso, / y que la articulación más pequeña de mi mano, / avergüenza a las máquinas”.

Hay, incluso, cruces más profundos entre ciencia, filosofía, metafísica y poética. En algún ensayo los he señalado, bajo los casos que representan “El sueño”, de Sor Juana Inés de la Cruz; “Piedra de Sol”, de Octavio Paz; “Canto a un dios mineral”, de Jorge Cuesta; y “Muerte sin fin” de José Gorostiza (del que la filósofa Virginia López Domínguez ha hecho ya algún análisis filosófico-literario estupendo). 

  • ¿Consideras que existen filósofas o filósofos, que hayas estudiado, que logren un grado poético en algunos de sus párrafos o sus ideas? ¿De qué modo?

Sí, desde luego. Aquí algunos ejemplos, que hablan por sí mismos:

“Tenemos arte para no morir de la verdad”, escribió Friedrich Nietzsche.

Friedrich Hölderlin comenta: “El hombre es un dios cuando sueña; un pordiosero cuando reflexiona.” También refirió: “El hombre se enciende como hierba seca.”

Gastón Bachelard, que me parece uno de los grandes integradores de una filosofía poética sin tapujos, describe en su poética del espacio: “Una puerta abierta, entramos. Una puerta cerrada, un refugio… El pulso del mundo late más allá de mi puerta.

En otro párrafo, escribe: “¿No es cierto que una casa agradable hace que el invierno sea más poético, y no añade el invierno a la poesía de una casa?”. En otro de sus libros, expresa: “La poesía es la respiración de la vida, el soplo de lo invisible”.

Dejo este párrafo de María Zambrano, del libro “Filosofía y Poesía”, como ejemplo final. Si bien se trata de un ensayo, son evidentes los altos vuelos poéticos implícitos en esta prosa científica: “De esta melancolía funeraria de las hermosas apariencias, el filósofo se salva por el camino de la razón. La razón es realmente la esperanza. Pero a costa de cuánta renuncia. Mas el poeta no renuncia. Nadie le convencerá de que renuncie. Nadie le consolará de ver irse el día que pasa, ni le persuadirá para que acepte la conversión en ceniza de los ojos amados; la desaparición en la neblina del tiempo, del fantasma querido. Nadie, ni nada…”

Si todo ello no es poesía, ¿qué es, entonces?

  • ¿Piensas que exista la poesía más allá de la palabra, o es un asunto exclusivamente escrito?

Durante el siglo XX, poetas y filósofos centralizaron en la palabra la concepción del mundo y sus representaciones. Para ellos, las cosas y los fenómenos nacían solo en el momento en que eran nombrados. Las cosas para ellos no eran hasta no ser invocadas, y de preferencia escritas. Una idea debatible; pues si uno experimenta una terrible nostalgia -aunque no sepa cómo llamarla-, ¿la sensación no existe?  ¿Y si a dicha experiencia la nombro saudade, estoy hablando de lo mismo que la nostalgia al nombrarla? No importa la fonética, en este caso el sentimiento persiste. Podría expresarlo desde una foto desde mi celular, en forma, si se quiere, primitiva. Y lograría comunicar de algún modo lo que quiero… Durante esta búsqueda, Octavio Paz escribió alguna vez que “el mundo nace cuando dos se besan”; y Vicente Huidobro dio origen al creacionismo a través de la imagen y la metáfora, basado en un verso de Rubén Darío (verso donde el nicaragüense afirma que el poeta es un pequeño dios). Estas, sin embargo, son excepciones dentro de la testarudez de algunos bardos en difundir la idea de que la poesía es la disciplina única de la palabra. Incluso estos versos son una excepción en un Paz abocado al lenguaje como pocos. El siglo XX, con certeza, podría considerarse el siglo de la institucionalidad de los poetas. Gobierno, condecoraciones y versos fueron de la mano muchas veces. La contracultura, desde luego, tendría qué decir contra ello, desde Baudelaire, cruzando por los estridentistas, los ultraístas, los beat, los infrarrealistas y la poesía feminista o la afrodescendiente, en especial a partir de la década de 1930, y hasta nuestros días.

Dejar atrás un mundo rígido, positivista, ha sido difícil. Pero gracias a importantes formas de pensamiento como la Teoría de la Relatividad, la Mecánica Cuántica, los Sistemas Complejos, la Transdisciplina, incluso la Espiritualidad Budista, es que nuestra visión artística es diferente… Hay una pregunta, en apariencia sencilla, que contradice el argumento de aquellos poetas del siglo pasado como poseedores de la palabra: “¿Si un árbol cae en un bosque y nadie está cerca para oírlo, ¿produce algún sonido?” La frase, que se atribuye por igual al filósofo George Berkeley que a la cultura oriental, nos deja perplejos si optamos por una respuesta ajena a una postura antropocéntrica: por supuesto que existe cierto sonido que percibirán los animales y los árboles (a través de su corteza). Dicho de otro modo: el bosque será testigo del estruendo, con o sin nosotros. El bosque será capaz de percibir la belleza, o al menos el rompimiento de lo ordinario: no necesita del ser humano para reproducir lo sentido en la memoria genética de las plantas, o en la capacidad mnemotécnica de una ardilla.

¿No es un atardecer un instante poético, un alumbramiento heideggeriano, con o sin estrofas de por medio? ¿No puede percibirlo un campesino en todo su esplendor estético? Un instante poético, si se presenta, es inherente a su hábitat. Si un artista no está allí para intentar captarlo, mala suerte, no existirá en los registros de la cultura humana a través de un cuadro, una fotografía, o un soneto. Pero existirá… La poesía pertenece al Universo que le antecede y que, desde luego, nos lleva ventaja. Nosotros, seres imperfectos, lo único que conseguimos es reproducirlo, traducirlo, con suerte transcribirlo en una escala microscópica o macroscópica. Para ello, el artista se vale de la imitación de la naturaleza desde el punto de vista aristotélico (más precisamente desde una versión de la imitación de la naturaleza). También recurre a la sublimación de lo real, según Immanuel Kant; o a la búsqueda de lo material y lo dialéctico, según opinan los marxistas; incluso a una ficción en aparente libertad, que construye universos individuales y colectivos. Los metafísicos hacen de lo que ocurre un acto de magia, la perpetuación del asombro, la prestidigitación de la vida… El arte sucede, en estado puro: el agua anda por los ríos, los canarios cantan, los campos esperan al costado de la ventana de Emily Dickinson para ser contemplados por ella o por cualquier persona que se acerque al dintel, curiosa. La naturaleza realiza proezas estéticas lejos de nuestros ojos.

  • ¿Cómo contemplas el estado del mundo actual y cómo pinta el futuro para los tuyos y el planeta, según tus ojos?

Creo que es evidente: nos hemos deshumanizado. El objetivo de crear el Coloquio Internacional de Poesía y Filosofía, o el propio Festival de Poesía por el Agua, fue invitar a filósofos y poetas a una verdadera interacción intelectual sensible, desapegada de sus grandes egos, de las metas utilitarias académicas; en una relación más cercana con las otras, con los otros, con el vasto páramo de personas “comunes” que debemos reforestar con el bosque de las ideas, en especial de las ideas profundas. La poesía son esos flashazos de vida en medio de la honda oscuridad de apagones y bombardeos. La filosofía es la lámpara que puede lograr que no nos perdamos en los senderos invadidos por la niebla. Poesía y Filosofía son luz. El agua… todos sabemos lo que es el agua…

¿Qué diablos nos ha pasado? ¿Cómo hemos permitido que la ambición, el dinero, se apoderen del alto valor de la vida? Es un buen momento para la reflexión. En mi caso, no cambio la belleza de una flor por la de una moneda de oro… El futuro es ríspido, pinta cuesta arriba. La palabra es activismo. Otro concepto necesario es comunidad; no necesariamente en la obra, pero sí como una obligación de postura crítica ante los acontecimientos. Estamos obligados, como escritores, artistas y filósofos, a pensar y consolidar un mundo crítico, algo mucho mejor. Al menos, en este momento.

  • ¿Crees que poetas y filósofos deben contribuir a la construcción de un futuro mejor, sin una obligación propiamente, o no tienen ninguna relación con ello? Si la respuesta es sí, ¿de qué forma pueden hacerlo?

Ya lo he comentado. Definitivamente. Al menos por ahora. No deben comprometerse a la manera equivocada en que se buscaba hacer que los artistas e intelectuales siguieran ideologías, de un lado u otro del mundo, en los años sesenta del siglo pasado, sino con una preocupación natural, orgánica, sensible, humana.

  • ¿La poesía y la filosofía se encuentran, en tu opinión, en el día a día? Si es así, ¿de qué forma lo hacen?

He capturado un instante poético en una naranja que cayó desde la ventanilla de un auto para rodar por el concreto; era una naranja ordinaria, pero fue una epifanía al mismo tiempo… He hablado con indigentes y marginados que, al estilo del personaje de Pito Pérez, me han compartido una filosofía de vida que admiraría por momentos el propio Diógenes el cínico… Hay que escuchar de nuevo a los campesinos y a los pueblos originarios: el evangelio laico de la selva, el evangelio laico de la montaña, del árbol… La lluvia es un lenguaje poético: dulce o fiero, nostálgico o envuelto en la destrucción más salvaje… Los animales me han enseñado también la sabiduría: he visto actos prudentes o nobles en perros y gatos, en elefantes, simios y delfines. En “Los motivos del lobo”, Rubén Darío encontró a un animal filósofo: la bestia de Gubbia… Y, ¿qué es la luz del atardecer, cada día, entre los árboles o los edificios, sino un recuerdo filosófico-poético continuo de que estamos vivos, de que debemos disfrutar estar vivos?… La poesía y la filosofía nos arropan, en sigilo con amor materno.

  1. ¿Quieres compartir un mensaje poético o filosófico para el futuro próximo?

“Hay que buscar la luz aún en el barro más profundo”.


Ulises Paniagua (México, 1976).

Narrador y poeta. Ganador del Concurso Internacional de Cuento Gabriel García Márquez, Colombia (2019). Entrevistado por Silvia Lemus en el programa “Tratos y retratos” de Canal 22 (2022). En 2023 fue entrevistado en un capítulo de la serie “La ciudad es mi letra”, de Capital 21 TV.  Incluido en la antología Puente y Precipicio, en Rusia (2019). Autor de dos novelas, nueve libros de cuentos, dos de crónica y siete poemarios. Ha sido divulgado en Nocturnario, Círculo de poesía, Punto en línea, Ígitur, Nueva York Poetry, Altazor, Algarabía y Periódico de Poesía. Publicado en Revista Anestesia a través de su columna “Los textos del náufrago”. Director del Coloquio Internacional de Poesía y Filosofía (respaldado por el FCE). Ex-director de la Colección Digital de Terror en Editora BGR (España). Ha sido traducido al inglés, ruso, griego, serbio, checo e italiano.


Fotografía: Cortesía del autor.

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