De Francisco José Cruz


De postre


Tengo, redonda y rendida,
una manzana en la mano
que ahora mismo voy a abrir
en dos mitades de un tajo
para empezar a comérmela
sin conciencia de pecado.

Pienso en Eva y en Adán
desde mi primer bocado
con una mezcla de lástima
y gratitud por su acto,
que ahora mismo yo repito,
después de miles de años,
por hambre y desobediencia
de aquel divino mandato.

Manzana de la discordia
o del placer más profano,
manzana de Adán y Eva
que, para desagraviarlos,
con tanto gusto me como
sin conciencia de pecado.


Lamento de Dafne


En medio de este bosque,
acaso para siempre estoy plantada
sin poder olvidarme
de la ninfa feliz,
de la ninfa que fui con forma humana.

Y extrañamente ahora
que es un robusto tronco ya mi cuerpo,
mis pies hondas raíces
y mis brazos dos ramas
movidas a capricho por el viento,

todo mi ser, oh Apolo,
todo mi ser vegetal te desea
con el mismo furor
con que me deseaste
cuando era yo de carne firme y tersa.

A Safo


«Pero pienso que alguno aún me recordará…»
SAFO


Bien está, Safo, que nunca te enteres
del aciago destino de tus cantos,
casi todos perdidos para siempre,
como tú misma.

Ni la pura belleza de los versos
ni el devoto cuidado de tu círculo
ni el poder del amor los han salvado
del voraz Cronos.

Cuánto te dolería descubrir
que solo unas estrofas mutiladas
–algunas ilegibles– han llegado
a ser eternas.

Al leerlas, intento imaginarme
tu melodiosa voz, acompañada
de la lira y el coro de doncellas
que a ti te amaron.

Pero en vez de tu voz, suenan en mí
los callados vacíos que han dejado
tantos versos perdidos para siempre
en estas páginas.

Lamento de Lázaro

Cristo dijo a Lázaro: Levántate y
anda. Tal vez hubiera sido preferible
que le dijera: levántate y habla.
ROBERTO JUARROZ

Qué desgracia, Jesús,
que tú así te dejaras
llevar por el inmenso
dolor de mis hermanas.

Ahora, en el fondo, nadie
desea estar conmigo
y a ellas mismas les doy
un vago escalofrío.

Te olvidaste de mí
ante la maravilla
de levantar mi cuerpo
e infundirle la vida.

Tu maldito poder,
ay, cómo me condena
a morir otra vez.

Ante el David de Miguel Ángel


¿Cómo es que no has lanzado
todavía la piedra a ese gigante
después de tantos siglos?
¿A qué esperas, David,
mirando sin cesar a un punto fijo?

Petrificado, absorto,
¿desconfías, en el último instante,
de tu fuerza y tu tino?
En eterna amenaza
se quedarán, David, todos tus bríos.

Tira la piedra ya,
aunque a nadie le des y, finalmente,
se pierda en el vacío
del tiempo y tú con ella,
sin que cumplas, David, con tu destino.

De Remo Giazotto a Tomaso Albinoni


Al cabo de unos años de mi muerte,
expertos musicales aseveran
que tú no compusiste, maestro mío,
tan bello adagio.

Atribuyen a mí completamente
su inmortal partitura, la delicia
de su apacible y triste melodía
que abriga el ánimo.

Pero ellos se equivocan en el fondo
porque yo no escribí compás o nota
que no albergara ya tu corazón
bien concertado.

Tanto me sumergí en tu propia vida
que confundí mi tiempo con el tuyo
y así, al catalogar tus obras, me hice
tu coetáneo.

Por eso yo no asumo la autoría
de esta pieza sublime que al momento
todos identifican con tu nombre
sonoro y mágico.

Quédate, pues, tranquilo, maestro mío,
que Albinoni perdura, sea quien sea,
en la eterna memoria de la música
con este adagio.

Al bastón de Antonio Machado


Viejo bastón de caña,
que a cruzar le ayudaste
la frontera hasta Francia,

llevas ya ochenta años
sin el rendido peso
de su confiada mano

y así le sobrevives,
viejo bastón sin dueño,
convertido en fetiche.

Al verte erguido y quieto
dentro de una vitrina,
tan huérfano te siento

que a mí me gustaría
que aguantaras mis pasos
de poeta sin prisas

por si de esa manera
algo de don Antonio
me infunde tu madera.

¡Viejo bastón de caña,
que ya solo soportas
el peso de su nada!


Francisco José Cruz (Alcalá del Río, Sevilla, España, 1962).

Ha publicado, entre otros libros de poemas, Maneras de vivir (I Premio Renacimiento de Poesía, Sevilla, 1998), A morir no se aprende (Málaga, 2003), Hasta el último hueso. Poemas reunidos 1998-2007 (Mérida, Venezuela, 2007), El espanto seguro (Sevilla, 2010), Un vago escalofrío (Bogotá, 2015, Valencia, 2019). Dirige en Carmona, desde su fundación en 1990, la revista de creación Palimpsesto. Autor de varias compilaciones y ediciones, durante 2005 y 2006, dirigió en la capital hispalense los encuentros Sevilla, Casa de los Poetas. Es asesor literario de Sibila, revista de Arte, Música y Literatura.


Fotografía: Cortesía del autor.

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