De Agustín Labrada
Nada podrá asombrarnos tras el humo
donde esa gente va urdiendo sus desgracias
y pide compasión bajo los truenos,
ante el vasto peligro de la ausencia.
Nosotros conocimos el desierto.
De arena fue la miel quemada por los días,
sin mayor horizonte que una madre
volviendo otro milagro su intemperie.
Aunque esté desterrada,
sube esa cicatriz como presagio,
pero somos náufragos de tierra
y entendemos los códices
que nos niegan las olas con su aliento.
Se borrarán estos siglos también,
sin ecos que prediquen nuestras encrucijadas.
Donde había rocas
tal vez floten magnolias y un manzano.
Sangre mía para siempre en todo puerto,
sólo nos queda restaurar
del anclaje sus líneas y seguir esa estela,
difusa como una profecía,
la misteriosa dignidad de haber soñado.
Agustín Labrada (Holguín, Cuba, 1964).
Vive en México desde 1992 y es autor de 15 libros de diversos géneros, entre otros: La soledad se hizo relámpago (Premio de Poesía de la Ciudad, Cuba, 1987); Teje sus voces la memoria (Premio de Creación de Ensayo de la Editorial Dante, México, 2010); Saxofoneando (Premio Internacional de Poesía de La Arena, Perú, 2015) y Botas rusas (Premio Internacional de Novela Corta de la Fundación MonteLeón, España, 2022). Textos suyos se hallan en 70 antologías en el mundo, y algunos han sido traducidos al inglés, el maya, el francés y el italiano. Ha ofrecido lecturas literarias en Cuba, México, Nicaragua, Ecuador, Bulgaria, España, Uruguay, Panamá, Argentina, Estados Unidos y Francia. En 2013, fue nombrado “Escritor internacional” en el XI Festival Hispano del Libro de Houston.
Fotografía: Cortesía del autor.






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