De Karel Leyva Ferrer


Náuticas

             I

Madero fui,
sustancias, hebras.
en alguna selva mis raíces duermen todavía,
A pesar de todo, madero fui
y en la hojarasca mi voz vi multiplicada,
sé de los verdores, del dolor del invierno,
de las sombras tranquilas,
de antiguos pájaros el vuelo.
Madero fui, no más,
Sustancias
hebras

            II

En el muelle, 
con las manos atadas por el grito,
un suicida

Desde el puente de mando
con los ojos salvados por la sombra,
el vigía contesta su llamado.

Es un diálogo afín entre proscritos,
la barcaza está ahí,
nunca ha partido,
más allá de los sueños del suicida.

                 III

El capitán tiene en su casa
sobre el friso central
un barco embotellado

Después de concluida su faena
se sienta a contemplarlo

Ha cambiado muy poco

Conoce el capitán que un barco embotellado
tampoco es seguro 
no puede precisarse con que giro del viento
nos vare el arrecife

Por eso pilotearlo es mejor desde el friso
con esa mancha gris como ensenada
en donde el capitán
su duermevela
atraca

               IV

De la ventana más alta de la infancia
digo adiós a estos barcos.

No zarparé con ellos,
les devuelvo la  soledad,
los páramos,
el  prístino verdor,
la angosta cala.

Llevo el carcaj ceñido sobre el pecho
como una cuerda más las ordenanzas

¡Ah, Ítaca,
no quise la guerra
y al derramar la sal ignoré por completo el maleficio!

Van cargados de reyes los balandros
y en un silente gesto
los despido

      V

Hemos abierto el pez,
no había secretos,
no nos avisó si la tormenta
próxima sería al amanecer.

Apenas cayó sobre cubierta
le clavamos el cuchillo
vientre arriba,
las agallas abiertas
no conseguían el aire necesario
para salvarlo.

El corte fue dispar,
tal vez,  nos apuramos demasiado,
y se ha callado el pez
negándose a  todas las faenas.

¿Quién comerá esa carne,
el mal agüero,
la desinformación?

Hemos abierto el pez,
ciegos deambulamos
atados a la cobardía.

Se escucha viento,
los velámenes parecen despertar.
Cada uno en su puesto
simula,
el barco dando vueltas en redondo
flota,
en la cubierta el pez,
con sospechosa ingenuidad
sonríe.

         VI

Avisa al polizón
que ya es mañana,
que vista su mejor traje de estafa.

La línea divisoria del abismo
nos dice que pudimos evitarla
y el timonel dormido todavía,
no sabe que la suerte se disfraza.

Tengámonos más fe
tal vez el arca
resista hasta la próxima jornada.

                VII

Estos son los puentes
los levantamos sin saber
que por ellos llegaría tan mala estrella

¿Qué alcuza es infalible a los remedos
dime
acaso debíamos postrarnos
poner la otra virtud a cuenta gotas?

Estos son
por ellos escaparon las vestales
el muérdago

De nada sirven madre las columnas
los puentes nos trajeron esta angustia
y por ellos se irá 

Ya preparé mi lanza
guarda ese cáñamo
deja que pula el sol los alabastros

VIII

Parte
Clama tu reino al albor,
aquí nadie te espera.

Esta palabra hiere
como un portazo unívoco

No mires
atrás hay un vacío
que te impulsa a caer.


Nocturno con la musa

a Kathy


Mientras escribo este poema
mi mujer insiste en dormitar,
dejarme a solas con las letras.
No sospecha
que su rostro es toda la paz que necesito,
que hay en su gesto tibio,
en su insegura risa de muchacha,
un efímero espacio
en el que vamos
juntando la esperanza.


Fractal

Esperan los picadores y el payaso
a que acierte la última estocada,
mientras tiembla mi pulso tras la espada
y el público a partir por el retraso


se apresta, sin mirar que en el ocaso
un hombre está en el ruedo de la nada,
tratando de domar su denodada
existencia a pesar del aire escaso,


del margen diminuto que da el día.
Entumecido el hombro, ahora intento
evitar otro fallo en la porfía

de darle nueva voz al pensamiento.
Solapados al fondo de la vía,
esperan a que inicie el movimiento. 


Frontón

Con cada golpe
se mapean trinquetes,
laterales,
rebotes.
La furia muscular que los impulsa
traduce para sí
antiguas conmociones,
como si en la vaguedad de tanta adrenalina
se hablara de infidencias.
Se pudiera resarcir,
con mano urgente,
la sensación de la gloria arrebatada,
el claudicar sin propias certidumbres,
cuando rival e inercia se equiparan,
y quedas a merced de un acierto pendular.

Viene hacia ti la esfera,
la arcana flecha/el plomo que lesiona
con la urgencia
y el hambre de las que nada sabes.
Al menos,
no consigues entender.

Pero aun así golpeas.
Vacías tu rabia,
haces que nuevamente impacten
las falanges,
el carpo,
las texturas.
Y más allá,
en las evoluciones de este juego,   
pareciera que todo es resoluto
entre dos contendientes
y el límite de ciertos coliseos.  


Vitral

Ha muerto un niño en las costas de Europa,
en el Paso de los Vientos,
en el Magreb,
las calles de Camberra,
en el alto Perú,
en el estrecho al norte de la isla,
en un parqueo de Milán,
en las aulas baleadas de Columbia,
degollado en Palmira,
hambriento en Nueva Delhi,
despedazado por las sangrientas fauces de la guerra,
con los pulmones grises del smog,
la pega,
los cigarros.
El niño ha muerto cerca del olvido.
Es su verdugo el hombre,
el capital,
la bala,
la ignorancia.
Un espejismo fatuo está en proscenio.
Su cuerpo diminuto,
el rostro múltiple,
los ojos cercenados.
No es posible abrazar su anatomía:
un cristal nos lo aleja,
mientras la voz de alarma anuncia que el naufragio
se ha debido a un posible hacinamiento.
Que su muerte en las calles,
en las minas de oro,
en las arenas movedizas,
bajo el filo voraz de los cuchillos,
el disparo,
los kilos,
las pedradas,
es un hecho casual
y lamentable,
de difícil pronóstico
y frecuencia mayor de la esperada.


El plantador

a Juan Carlos Flores

Vienen días difíciles,
dijiste esta palabra fea
que me amarga la boca.
Y mi mano brutal
contra el blanco de pulpa
y porcelanas,
es quien me dicta las horas todas.
Soy una criatura de gestos y costumbres.
Quien pregunte por mí
no recibirá más que silencio.
Los hombres persiguen para otros
las mutaciones,
el peso visceral del quitamanchas:
los bordes de un país
donde mutilar la desmemoria.

Has preferido el pan para este salto.
Los amigos sabrán que estás volviendo,
que la ceniza debe entrar al agua
mezclando la acritud y la paciencia.

Hombres que estáis todavía pegados a la discordia:
miren el arsenal que aquí se queda.
Sobre la propia iniciación
el alma es un estado práctico
que puede mutilarse a plena voluntad.

Este es otro de los versos dislocados,
sometidos hacia la lumbre pírrica
de un tiempo bueno
para las mediaciones
Tú has ido al fin.
Nosotros esperamos la señal,
tal vez,
por temor a no volver.

15 de septiembre y 2016


Herencias

En todos los caminos está Roma
la sobriedad la lepra la cicuta
la falacia mayor la frase enjuta
donde el sueño numérico se asoma

En todos los caminos está Roma
la culpa repetida de la fruta
el juego donde tímida debuta
la piel del gladiador que se desploma

Hay algo de juglar en cada piedra
de vórtice de ancora de estroma
de sórdido pasaje donde medra

el ojo inescrutable de la broma
que oculta para siempre tras la hiedra
su escuálido destino su genoma


Karel Leyva Ferrer (Cuba).

Escritor y promotor cultural, coodinador general del Festival Internacional de Poesía de la Habana, Presidente de la seccion de Poesia de la UNEAC, vicepresidente del grupo literario Aladécima del Centro Iberoamericano de la Décima y el Verso Improvisado, Cordinador para Cuba del Movimiento Poetico Mundial y Miembro de la Presidencia de Movimiento Cultural Sur. Conmas de una decena de poemrios publicados en Cuba, México, Italia e Iraq e incluido en antologías y revista de los cuatro continentes con  tradución al ingles, blagla, ruso, italiano, árabe, ha recibido reconocimietos como  Se le conferió la Distinción Gitana Tropical de La Habana en 2019 , la Medalla 45 aniversario del Periódico Trabajadores en 2020, el Doctorado Honoris Causa  Foro Internacional de Creatividad y Humanidad del Reino de Marruecos y de la Fundación Mil Mentes Por México.  Premio César Vallejo 2021 a la excelencia Literaria de la Unión Hispanoamericana de escritores, entre otros.


Fotografía: Cortesía del autor.

Más popular

Dejar un comentario