La vida con poesía tiene misterio y esperanza

De Rodolfo Fonseca


¿A qué edad empezaste a leer poesía?

Más bien empecé a oír poesía porque en casa se leía poesía. Mi madre a veces nos calmaba en los pleitos, a la hora de la comida, leyéndonos poemas, desde que éramos muy pequeños, incluso antes de aprender a leer y escribir. Por eso digo que más bien empecé a escuchar poesía.

¿Y recuerdas qué poemas eran?

Sí, cómo no, incluso lo he mencionado en mi libro Cómo acercarse a la poesía, en donde tengo algunos fragmentos autobiográficos. Recuerdo muchísimo los poemas de García Lorca, como “El llanto por Ignacio Sánchez Mejía”. Recuerdo muy bien la parte de decirle a los jazmines “no quiero verla, no quiero ver la sangre de Ignacio sobre la arena”, y entonces mi madre nos explicaba de qué se trataba el poema y qué quería decir eso de que el poeta les estaba llamando a las florecitas, que eran jazmines, que son unas florecitas blancas, ¿para qué?, para que vengan a tapar la sangre del torero. Así que García Lorca era uno de los poetas recurrentes. También Alberti, “Los tres recuerdos del cielo”, de su libro, me parece. Sobre los ángeles: “No había nacido ni la rosa ni el arcángel”, comienza uno de sus poemas. Tenemos también Romeo y Julieta de Shakespeare, que luego hacíamos una especie de obritas de teatro, cuando empezábamos a leer. Yo a veces hacía el papel del aya y mi mamá el de Julieta y leíamos algunos fragmentos. De manera que la poesía siempre ha estado cerca de mi vida. Los libros de texto gratuitos de entonces —te hablo de principios de los sesenta, entré a primaria en el 60 o 61, el año en que surgieron los libros gratuitos— traían poemas pequeñitos, recuerdo haikús de José Juan Tablada, recuerdo algunas de las canciones de Gorostiza, y en fin, otros pequeños poemas, y ahí los leía también y era la parte que más me gustaba de los libros.

¿Cómo ves la relación entre los textos de estos libros y la poesía? ¿Se puede construir una pedagogía de la poesía?

Conozco poco los actuales libros de texto gratuito. Los elementos poéticos que tenían aquellos libros eran mínimos, realmente, no lo suficiente para construir un aura poética, ni siquiera un contexto poético en el niño. Lo que pasa es que ese contexto yo lo tenía en casa. Los textos de la escuela se agregaban lo que tenía en casa, pero por sí solos no me he encontrado aún libros de texto que realmente funcionen en el aspecto de enamorar a alumnos en torno a la poesía.

En los cuarenta o cincuenta se leía poesía en voz alta en las escuelas, básicamente a los modernistas. ¿Qué opinas de aprender la poesía de memoria?

Todavía en mi época de infancia se hacía eso, nos ponían a aprender de memoria ciertos poemas, sobre todo patrióticos u onomásticos, a la hora de ciertas fiestas patrias y hacían concursos de declamación; se llamaban así. Aunque a estas alturas lo oímos un poco anacrónico, incluso ya no decimos declamar poemas, ahora hablamos de decir poemas. Pero creo que si limpiamos la parte solemne, anacrónica y burocrática del asunto, la cuestión de memorizar poesía en la infancia me parece buena, porque aprenden desde muy jóvenes a oír su propia voz diciendo poesía, que me parece que es una de las cosas fundamentales. La poesía es sonoridad, es sobre todo significante, es manera de sonar, es canto, y no hay otra forma de percibir la plenitud más que escuchándola, y es muy importante que el niño oiga con su propia voz el poema y aprenda a decirlo, a modular su propia voz, a escuchar la cadencia, las rimas, pero sintiéndola en el cuerpo. Me parece apropiado que se haga eso.

¿Qué te enseñó la poesía en el transcurso de tu infancia?

La poesía me enseñó que había otras formas más allá del grito, del llanto, del berrinche, del sueño o de la carcajada, para expresarse, y que esas formas a través de las palabras y sus sonidos procuraban emociones más complejas, más finas que el simple grito o la simple carcajada. Que las emociones que la poesía podía convocar eran más enigmáticas y más enriquecedoras, me provocaban más plenitud, una sensación de gozo muy profundo y al mismo tiempo una tristeza, esa especie de saudade en la cual te estás dando cuenta de lo que estás viviendo y al mismo tiempo te das cuenta de que sólo es un instante. Entonces aprendí que la poesía servía para sentir más, para vibrar a plenitud.

¿Cuáles fueron los poetas que leíste en la adolescencia y por qué?

Los que iba leyendo eran también los que había en la casa, los libros que había en la casa. Se hacían reuniones con amigos de mis padres y en muchas ocasiones las tertulias aquellas terminaban en lectura de poesía en voz alta. Están los que ya mencioné, Lorca, Alberti, San Juan de la Cruz, Gracilaso; los siglos de oro; Fray Luis de León; los españoles del siglo XX. Concha Urquiza, una poeta tan espléndida y tan olvidada, oscurecida por los lectores y la crítica. El Cantar de los Cantares, ése ha sido como un poema que ha ido y venido a lo largo de mi vida, y que ha tenido muchas lecturas conforme a las edades que he ido viviendo. Obviamente también los modernistas, los Contemporáneos, Béquer… El decantado del romanticismo español lo leíamos muchísimo… bueno, yo me aprendí sus rimas y leyendas de memoria.

¿Crees que la poesía nos enseña a vivir de otra manera?

Sí, por supuesto que sí. La vida con poesía tiene belleza. Y tiene misterio. Tiene esperanza. Tiene posibilidad de encontrar sentido. Todo eso tiene la vida con poesía. Sea porque uno la lea, sea porque uno la escriba, sea porque la escuches, no importa cómo, pero si estás cerca de la poesía casi mágicamente te va a contagiar un aura espiritual en la cual vas a ver las cosas de distinta manera. Si estás cerca de la poesía, te asomas a la ventana y ves un árbol; lo verás diferente que si estuvieras lejos de la poesía, le vas a encontrar más sentido a ese árbol, más misterio, más encanto, con la poesía que sin ella.

Después de escribir Cómo acercarse a la poesía, te vuelvo a preguntar: ¿qué recomiendas para fomentar la lectura de la poesía en los hogares, en las escuelas o en espacios culturales, dirigida a los niños?

La mejor forma de hacerle bien a un hijo es teniendo libros en la casa y que los hijos vean que los padres los usan, que los padres les lean a los hijos, desde muy pequeños, un momento, a cualquier hora; que los niños sientan que la lectura, que la poesía forma parte de su vida, así como las madres enseñan a los hijos que se tienen que lavar los dientes tres veces al día, porque si no les salen caries, y que se tienen que lavar las orejitas porque si no les salen costras, hay que leer un poema a diario porque si no el cerebro se nos va a atrofiar y salen bolas negras en las neuronas. Leer ese poema de cinco renglones a la hora del desayuno o del postre, como parte de la convivencia, no de que vayamos a hacer “nuestra clase de lectura”, como algo solemne, como un ritual que no forma parte de la circulación diaria de los platos y las cucharas. Los libros deben estar junto al pan y junto a la leche, que se ensucien igualmente, nada de que son sagrados, que los rayen y los subrayen. Los padres también van a cambiar con la lectura, pero me parece que la escuela y las instituciones, el Estado, no pueden suplir esta experiencia del hogar. No se le puede pedir que supla esta experiencia. Puede coadyuvar a ella, puede ser un complemento, debe serlo. Por ejemplo, que se incluyan antologías muy apropiadas de poesía para niños en las primarias, que formen parte de un libro de texto oficial. Que los maestros empiecen y terminen el día leyendo un poema, así como el “buenos días” y las “buenas tardes, miss”. Con eso pueden coadyuvar, pero definitivamente en todos los años que tengo de experiencia de tratar de acercar a la gente a la lectura, y cuando me preguntan ¿qué bibliografía puedo recomendar?, les contesto: “Por favor, cómprate un libro de poesía, el más barato que encuentres, y empieza hoy a leer con tu niño y con tu niña, a ver que le gusta, si éste del lagarto, éste de la golondrina, éste de la pelota… y vayan jugando con el poema. La gran clave y el gran misterio está ahí”.

¿Por qué crees que no se editan libros de poesía para niños en México?

Hasta donde yo sé, en la última década ha habido un gran florecimiento de ediciones de literatura para niños, de cuentos y demás cosas, así que pienso que ahora se está editando mucho más que antes. Cuando yo era niña no existía nada. Lo único que existía para niños eran los cuentos clásicos de la Caperucita y la Cenicienta, y los cuentos de Andersen y de los Hermanos Grimm, y era todo lo que había. Ahora ya hay librerías especializadas en libros para niños y también editoriales especializadas, y no solamente se están publicando como en décadas anteriores traducciones de otros idiomas, ahora ya se están fomentando y contratando autores mexicanos. Siempre se debe publicar más, pero comparado con lo que antes había, sí se está publicando más. Lo que sí me parecería importante es que los libros de texto gratuito tuviera una antología de poesía para niños.

Autobiografía. Desde muy niña amé la literatura

Nací en el D.F, el 14 de junio de 1954. De padres europeos, mi padre de Ucrania y mi madre de Polonia, que llegan en la adolescencia a México, perseguidos por el nazismo creciente en Europa. Aquí se casan, nacemos los tres hermanos, un hermano mayor que es psicoanalista, luego yo, escritora, y una hermana menor que es pintora. Y a pesar de que no soporto vivir en la Ciudad de México y que aquí nací, por extrañas razones del destino o por extraños karmas que cargo, no he podido salir de aquí; entonces jugamos al juego del amor y el odio la ciudad y yo. Desde muy niña, desde que yo recuerdo, amé siempre la literatura, la poesía. Empecé a componer de memoria versos y cancioncitas, de muy pequeña, y cuando empecé a escribir y a leer empecé a llevar un diario, que hasta la fecha llevo diarios —ése es un ejercicio que nunca me ha abandonado—y hacia los trece años cobré conciencia de que lo que estaba haciendo era escribir, estaba ya ejerciendo ese oficio, y me di cuenta de que como parte de mis diarios había escrito en una página algo que ya no era diario sino un poema. Estudié letras hispánicas y me recibí, pero desde que empecé la carrera entré a trabajar como guionista al Canal 11, al departamento de escritores; me dieron la oportunidad de entrar como aprendiz y ahí estuve trabajando como diecisitete años, aprendiendo el oficio de la televisión en todos sus órdenes, desde guionismo, producción, edición, conducción. Conduje al aire varios programas durante varios años, y paralelamente empecé a publicar mis primeros poemas en varias revistas literarias y a ejercer el periodismo escrito en algunos periódicos, estuve en el Sol de México, el antiguo Uno más Uno, luego en Excélsior, en fin, en diferentes revistas, periódicos, hasta que fui juntando material para mis primeros libros, ya publicados, y que fueron tres en el mismo año, en 1982, que es cuando publico mi primer libro de cuentos, Intermedio para mujeres, mi primer libro de poesía, Poemas de mar y amor. Hasta el momento tengo veinticinco libros en prácticamente todos los géneros literarios. Para niños escribí un teatrito en verso que después lo adapté para que se publicara como cuento titulado Nana María, que es una combinación de prosa con poemas. Actualmente estoy escribiendo un libro que se llama Cuentos con rimas para niños y niñas, porque son cuentos pero escritos como poemas, en octosílabos y rimados, y he utilizado elementos de la modernidad que los niños tienen a la mano, como Las chicas superpoderosas. Mi libro de poemas Para cantar es una reunión de quince años de poesía, de 1969 a 1984, es decir, desde que era una chamaca de catorce años. Tenía un montonal de poemas porque me la he pasado escribiendo, entonces elegí lo más rescatable, y es un libro chiquito. Ahí vienen poemas para niños.


Rodolfo Fonseca (México).

Editor , tallerista antologador y poetas. Edita libros de poesía y arte . Entre los autores antologamos estan: Fernando Pessoa, Dor Juana Inés de la Cruz, Pablo Mérida, Vicente Huidobro , Carlos Pellicer, Nicolás Guillén. Y así mismo: Antologias de poesía mexicana del siglo xx,: Poesía a Cucharadas, Circo poetica. Es editor y antologador de la colección: Palabras y agorismos ilustrados : Fernando Pessoa, Clarice Lispector y Octavio Paz. Todas las antologías son para jóvenes.


Fotografía: Cortesía del autor.

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