De Soleida Ríos


AGUA DE OTOÑO

No había pensado titular el poema agua de otoño.
Sino decir amo a este hombre y lo protejo
contra el agua de otoño y contra todo
(de la miopía del miedo
del hábito de amar
de los misterios de la luna
y hasta de mis deberes y derechos).
Amo a este hombre y no le pertenezco
y sin embargo he sido suya
y cuánto no lo habré poseído
en esa esquina oscura de su cuarto
-solos y acompañados como el mundo-

Y luego me di cuenta que esto no fue posible.

Había pensado escribir en esta hoja de papel
Revolución magia rebelde y nuevecita
los de este lado somos fieles a tus culpas
(valgan reveses y victorias
que caminamos tierra adentro sin otro corazón
que el tuyo
sin otra herencia que tus muertes
sobre el hombro de todos).

Por ti me encolerizo
cuando siento que esto no fue posible
en esta hoja de papel.

Sé que mi madre llora allí en su patio
cuando yo me decido
y voy tocando el polvo del recuerdo.
Pero la gota se ha secado
y el escorpión hambriento está en el patio
con sus aceites negros
fatal y escandaloso como el rayo.
Yo la llamo de noche
Y quiero regresar a su lugar
Como cuando venía de la escuela.

Perdona madre mía
Pero me he dado cuenta que esto no fue posible.

Por accidente también había pensado en escaparme.
Darle mi blando adiós
a los que suben el perfecto escalón
a un lado el verso roto
todo remiendo a un lado.
Y entonces vi que el viento abría y cerraba
de golpe una pequeña puerta
y vi que yo seguía la dirección del viento
que llegaba a esa puerta donde hoy toco
y nadie salió a abrirme.

Aquí ha venido un pájaro a morir
y un pájaro ha levantado el vuelo.
Aquí está el cactus de la filosa espina
y aquí mismo su flor anaranjada
y aquí yo
de piedra el labio o de vicaria.
Aquí he permanecido desde entonces
Por ti pájaro o sueño
que me levanta y me sostiene y me deja caer
decidida a borrar mi agua de otoño.

                                                        1977

ÚLTIMO REZO PARA LOS OJOS DEL TRAIDOR

No existirán los pasos que no llegaron a la puerta
no existirá la mano que no toque o empuje
y abra la hoja clarísima
no existirá la voz
como un pez será mudo
como un pez vivirá bajo las aguas
aquel arroz que iba a su boca ya cesó
hilo de cobre será por donde pase el trueno y
tienda una música ronca un sol cortado en dos

como una sola vez los grandes animales se perdieron
como una sola vez las raíces del árbol
fueron pobladas por el humo del fuego fatuo
y por el diente de la hormiga
así se irá pudriendo en el camino aquella sombra
aquella sombra el gesto de una mano que fue
con cinco dedos con sus cinco sentidos
con su nombre y su cuchara ardiente
era dirán
en su ojo fijo ya no hay sueño.

Septiembre 1987

UN SOPLO DISPERSA LOS LÍMITES DEL HOGAR*

¿apuntalar al niño alucinado?
¿sacar la cascarilla del vacío
hecha pasta de más de veinte años
en su pasmosa deglución?
¿alzarle el cordón de los zapatos?  ¿mostrarle
mira esta es la punta de tu pie
hay un seguro en la punta de tu pie?

todo fue un espejismo los árboles no huyeron
era mentira la velocidad
nadie se fuga a doscientos kilómetros por hora
adentro de tu ojera

mira cómo se agolpa la gente en las esquinas
de los parques
oyendo bramar como un bendito
al toro que es capado
mira cómo se van en la distancia
las máscaras
en fila


*Arthur Rimbaud
despacio
sonriendo
otra vez a esperar
las píldoras del próximo espectáculo

apuntaste tu corazón para la lluvia    era mentira
la lluvia estaba detrás de los telones
compréndelo el mundo está lleno de telones
la casa simula ser la casa y la lluvia simula
y lo que moja el falso techo no es más que fango diluido
pero el cuerpo también -en sus dos aguas- simula ser
el cuerpo era mentira
no hubo padre ni madre sino un cielo prestado
adonde fuiste a colgar unas palabras    auxilio
el columpio se mece el planeta se vira de revés

compréndelo
la luz se invierte     simula ser la luz
no es el tiempo el que dicta la corrosión de las palabras
allá en el tiempo de los asesinos
un niño terriblemente alucinado glorificó su edad
era mentira

ahora mismo presente pasado y porvenir
se juntan en el vano de la puerta
enséñales la punta de tu pie
son solamente víspera     compréndelo
traga el veneno a fondo
el mal simula
el bien simula ser el bien.

12 de junio, 1989

INICIACIÓN
(variaciones sobre un poema dogón)
El ojo de la máscara
es un ojo de fuego.

Es a mí a quien mira.
Echa su fuego ardiente
sobre mí.

El ojo de la máscara
es un ojo de lanza.
Clava su enorme lanza
sobre mí.

El ojo de la máscara
es un ojo de flecha.
Tira su dura flecha
sobre mí.

El ojo de la máscara
es un ojo de hacha.
El doble filo hiende
y
penetra mi cuerpo
en la penumbra.

El ojo rojo de la máscara
entra en mi casa.
Hoy.



Es a mí
a quien mira.
Es a mí
a quien hace vibrar.
A quien (mañana)
mata.

El ojo rojo
de la máscara.

1994

ARCANO
para Luis Lorente

Abandono.
Detenimiento.
Suspensión.
Lo resistente es el árbol
(guásima, fresno, abedul)
las ramas que sostienen la cuerda
atada al pie
las verdes ramas.

Diríase que a ese muerto, sustraído
no lo soporta una estrategia
(mirar y mirar, ver, entrever
¿qué? desde arriba
caído y, no obstante, por encima
de las líneas de congestión).

Soberano detenimiento. Arde
lo que tiene que arder.
Arde y se apaga.

El que cuelga
puede no calcular
los polos de la frialdad
ni el golpe de una ventolera.
Resiste, pues su manera de hibernar
le da visión.
Ve pasar las carrozas deshilachadas
de los triunfadores.
Ve pasar hacia los blancos cementerios
la cadena de interminables
muertos vivos.

El que cuelga
como mira de frente, ajeno
invertirá los símbolos:
el agua: artificial, la ingravidez: perfecta.
Pero ¿qué es el qué
desde arriba y caído
y no obstante por encima
de las líneas de congestión?

Arde lo que tiene que arder.
Arde y se apaga.

Y en la distancia, confluyendo
en el detenimiento del deseo
la muerte
mas, nunca para reducir.

El que cuelga, cruzado de pies y manos
si despierta, podría beber de sí
podría desplegar desde sí su permanencia.

Pero lo resistente sería el árbol:
guásima, fresno, abedul.

29 de mayo, 1999

ÁNGEL ESCOBAR. EXCOGITAR LA RUEDA *

Dice:
Hombre untado de negro. Ojos rojos.

Dice:

Manojo de palmitos
de algarabía, de cabezuela
ramas flexibles…
Son de taray, son de retama
yerbas que todavía despiden.
Está en la garita de centinela y mira en torno.
Dice.
Esto es así: vigila.
Y el vigilado soy, es él.
Sólo un vaina.
Sólo un paje de escoba.

Ah, vivaz indígena de Oriente
familia radical, largas cañas
cilíndricas, desnudas
con penachos de espigas
flor verdosa y tan extrañas brácteas.

  • “La Rueda” (Dador), José Lezama Lima

Escobar.
Abajo, hacia abajo, hacia más abajo.

El varillaje de un paraguas tiende hacia abajo
pero esa, no otra es su normalidad.
En cambio, él, yo padezco
parezco un papiloma.
Todo excrecencias soy.
Una hipertrofia de lo que fuera
su / mi normalidad.

Otro hombre. Otro.
(La Rueda) Acuclillado
los cabellos como carbunclos.
Enloquece.

Una vez tuve ramas angulosas.
O así me vi.
Verde, lampiño, con flores amarillas.
Y en racimo pulido… No,
podrido.
Negruzca la semilla
amargosa, babosa
canchalagua (en Honduras).
Disuelto, en cataplasmas
formo, podrías formar… es un decir,
hasta una bandolina.
Ah, pero untado de retama de guayacol, no sé.

El que enloquecepiensa
en los misterios eleusinos.

Euforbia… Sitio sombrío.
Ramas de tamujo, ramas de cabezuela.
Cabeza.
Cabeza negra. Si es que madura,
fruto rojo.
Escoba amarga
(o mastuerzo: torcido, torpe, divergente
hojas glaucas)
o escobajo
raspa de un racimo de uvas
¿que yo fui?

Una vez dije ser Calímaco.
Agua seca, palabras secas.
Llevaba un charco de sangre negra
en el pulmón.

La Rueda.

Una mujer que asciende (..).
Una mujer detrás del brazo izquierdo.
Un hombre detrás del brazo derecho.
Enloquece.
El buey reposa.
Aparece un negro.
Horrible, lo desfigura el fastidio.
Cuando se despereza, no.
Cuando se desespera, de pecho a pecho…

Abundo, abundo.
Escobar.
Escobazar… ¿Rocío?

Cepo.
En ángulo, una doble, ordinaria cortadura
raja la punta de mi oreja.
Y ya, antes, sangró, ¡recuerda!, junto a los cerdos
en una lejana nochebuena.
Pero me LEVANTÉ en las minas de El Cobre
un día de 1731.

Abundo. Abundo.
Escobar… barre.
Barro y barro. Y barrer nunca
te habrá premiado. Nunca consigo
que este Aquí (discútelo por fin
si se te antoja) brille.
Ni siquiera una vez.

¡Barre!
me dicen desde que nací, me dicen
ahora que estoy muerto.

Pero yo abundo.
Abuso.
Escobar.
Escobillar.
Escobillar el suelo, ¡lustradlo!
Cerdas de alambre, raíz de zacatón
corta y recia para suelos y trastes.

Broza bruza bronco brucero…
Se ve ascender un hombre negro, está lleno de pelos.
Manto rojo, tintero negro.
Abre el libro, repasa lo que llega y lo que se va…
Excogita. Luego deviene sitio solitario
(¡ñinga!)
porque en el Diccionario de la Lengua
LO NEGRO es torba. Todavía.


Broza, bruza, bronco brucero.
Ruedo (roto) entre cielo y tierra.

Sí. Un agujero elíptico abría en dos mi cabeza.
Pasaban cables, cadenas. Las cadenas.
Écubier.
Negros lindos del barracón.
Haitianos del barracón.
Jacobo, Juliana, Francisco, Ta José.
A veces caigo boca abajo.
Ay, Madre.
Quise abrevar en el rocío
como una flor silvestre.

Vuelve un hombre con cara de caballo etrusco.
Vuelve el fastidio.
Pesa el vientre, lo que está dentro, oculto.
Signos que no me dejan descifrar.

Breñal. Abismos. Rueda. Resplandores.
El marabú suspira antropomorfizado.
Yo, un algarrobo.
Excobar.

4-5 de mayo, 2002

TROPISMO*

Estoy todavía en el ademán de un beso…, en lo más suave y natural que haya ocurrido en años, si es que ocurre, entre M. Hogoblin y yo.

A la vez recostados y delante de un cristal…

El cristal me permite ver mis largas trenzas yéndose hacia cualquier lugar.

No quiero contar nada acerca del Lugar, tan amplio y variadísimo (y a la vez como tocado por lo que reduce), incluyendo alguna sugestión: cosas volátiles que uno puede dirigir o al menos cree poder: objetos, cositas en el aire (¿juegos?), misiones aligeradas, gratitudes…

No quiero contar nada acerca de la Esposa (que no es), que quizás haya permanecido horas enteras conmigo, mientras él iba (va) a cumplir sus obligaciones.

No sé si es madre, pero algo tiene detrás que la ata o la domina.

Tampoco quiero contar acerca del Actor- Personaje con el que de pronto nos veríamos casi en convivencia eventual, frente al que yo simulé (¿simulé?). Es decir,  primero me extraño:

_ ¿Yo, Soledad…, cuándo?

Eso, de veras, no simulación. Y, seguidamente, dulce, como un pan de Gloria

_No voy a querer más noches y días durmiendo aquí contigo…

*Volviendo a Nathalie Serraute.


Soleida Ríos (Cuba, 1950).

Ha publicado más de 15 títulos, marcados por un constante desafío a los géneros literarios. Entre ellos: El libro rotoEl texto sucioLibro ceroEscritos al revés,  EstríasA wa nilé26 tao y Raku, además de algunas antologías, como Fuga y Bocaciega .Hacreado un archivo de sueños para la memoria colectiva, del que ha publicado El libro de los sueños (1999) y Antes del mediodía (2011).


Fotografía: Cortesía de la autora.

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