سبعة بيوت للذاكرة

De Khaled Jumaa


1

أرضه سندت خطوتي الأولى
وقبل أن أعتاد الشارع إلى آخره
صار البيت شارعاً
وخطواتي ضباب

2

كنت ألهث ُ
صاعداً إلى أختي في الطابق العاشر
حين تخذلني الكهرباء
فأرمي تعبي بين يديها
من شباكها المطل على البحر
فجأةً: لم يعد للهاث معنى
ولا للدرج، ولا للكهرباء
صار المدى يتيماً
والبيت عواء

3

البيت الذي توسّط المخيم
فقد أعضاءه وسكانه
ولم يعثر أحد بعد
على رسائلي البدائية
التي دفنتها في حديقته المرتجلة
لم أعرف أن كل هذا البياض يختبئ تحته
إلا حين قالت لي الجرافة ذلك

4

أنا ربيب قرية ٍ تشبه زغرودة عرس
وبيت ٌ يتوسط بيارة برتقال
والكثير من تعريشات العنب
محاطاً بأشجار اللوز والتين
كنت أمد يدي من الشباك
فتتهافت الدوريات على أصابعي
اختفت البيارة والبيت ُ
ومحي اسم القرية عن الخارطة

5

البيت الأخيرُ الذي صمد في وجه الحروب
أكل من خاصرتي خمسة عشر عاماً
ثم قالوا: يكفيه ما شاهد من قصص
وأزالوه كما يُلغى درس ٌ من المنهاج
لم يعجب الحكومةَ
فحولته إلى خرافة

6

البيت المريحُ خلف بيتنا
وأختي تدرّسني التاريخ
مقتنعةً أن «بلاد العرب أوطاني»
وتدخل في رأسي العنيد
فكرةَ أن الشعراء
أهم المخلوقات على الأرض

7

بيت ٌ يجاور سكة القطار
تلك التي لم يستعملها أحد
منذ فتوحات العرب القديمة
بأزهار حديقته التي كنا «نحشها» كل عام
لنصنع أكاليل الشهداء

——

كان لنا وقت

كان لنا وقت ٌ
ويخدعنا أحد الصِّبْيةِ دائماً نلعب ُ فيه الغمّيضة
كان اسمه ناجي
ويختبئ في نفسه
فيظهر مثل وردة ٍ على سطح البناية
أو كزقزقة ٍ مجهولة المصدر
حتى أننا لم نمسكه مرّةً واحدة
تدحرج الوقت ُ بنا، وبه
قال لي الشيخُ المتربّعُ على ناصية الحارة
حين جلست ُ أذكّرُه بما كان
يا بني: لم يكن يوماً هناك ولد اسمه ناجي
كنا نراكمُ تلعبون
يعجبنا خيالكم وانشغالكم الطفولي
قلنا: اخترع الأولاد صديقاً وأحاديثكم عنه
كنتم تلجأون إليه حين تتخاصمون
تقولون: هذا يعجب ناجي وهذا لا يعجبه
سألت ُ : وما هذا الرقم على هاتفي؟
ومن هذا الذي قتلوه بالأمس إذن؟


Siete casas en la memoria

1

Su tierra sostuvo mi primer paso,
y antes de acostumbrarme a la calle, hasta el final,
la casa se volvió calle,
y mis pasos, niebla.

2

Jadeaba,
subiendo hacia mi hermana en el décimo piso,
cuando la electricidad me traiciona.
Lanzo mi cansancio entre sus manos
desde su ventana abierta al mar.
De pronto: el jadeo pierde sentido,
ni la escalera, ni la luz.
El horizonte queda huérfano
y la casa es un aullido.

3

La casa que estaba en medio del campamento
perdió sus miembros y a sus habitantes.
Nadie ha encontrado aún
mis cartas primordiales
que enterré en su jardín improvisado.
No supe que bajo tanta blancura
se escondía todo eso,
hasta que la excavadora me lo dijo.

4

Soy hijo de una aldea
que se parecía al ulular de una boda,
y de una casa en el centro de un naranjal,
con muchas parras de uva,
rodeada de almendros y de higueras.
Extendía la mano por la ventana
y las patrullas se abalanzaban sobre mis dedos.
Desaparecieron el naranjal y la casa,
y borraron el nombre de la aldea del mapa.

5

La última casa que resistió a las guerras
devoró quince años de mi costado.
Luego dijeron: ya vio suficientes historias,
y la quitaron como se elimina
una lección del programa
que no agradó al gobierno.
La convirtieron en leyenda.

6

La casa acogedora detrás de la nuestra.
Mi hermana me enseñaba historia,
convencida de que «la patria árabe es una sola»,
y sembraba en mi cabeza obstinada
la idea de que los poetas
son las criaturas más importantes de la tierra.

7

Una casa junto a la vía del tren,
esa que nadie ha usado
desde las antiguas conquistas árabes.
Con las flores de su jardín,
que cada año “arrancábamos”,
hacíamos coronas para los mártires.

Tuvimos tiempo

Tuvimos tiempo.
Y uno de los chicos nos engañaba siempre:
jugábamos a las escondidas.
Se llamaba Naji
y se ocultaba dentro de sí mismo.
Aparecía como una rosa en la azotea
o como un gorjeo de origen desconocido.
Nunca logramos atraparlo una sola vez.
El tiempo rodó con nosotros, y con él.
El anciano sentado en la esquina del callejón
me dijo, cuando me senté a recordarle el pasado:
—Hijo mío, nunca hubo un niño llamado Naji.
Los veíamos jugar,
nos maravillaba su imaginación y su afán infantil.
Decíamos: los niños inventaron un amigo.
A él acudían cuando discutían:
esto le gusta a Naji, esto no.
Pregunté:
—¿Y este número en mi teléfono?
¿Y quién es entonces el que mataron ayer


Khaled Jomaa (Gaza).

Poeta palestino contemporáneo, actualmente residente en Ramala. Su obra poética se centra en la memoria, el hogar y la experiencia del desarraigo, donde los espacios cotidianos se transforman en metáforas vivas de pérdida y existencia. Ha publicado varias colecciones de poesía, entre las más destacadas: Wa Ikhtalata ‘Alayka Al-Khayl (“واختلطت عليك الخيل”), Mi Tía el Fénix (Khalti Al-‘Anqa, “خالتي العنقاء”), y Luna Extraña sobre el Hacedor de Flautas (Qamar Gharib fawq Sani‘ Al-Nayat, “قمر غريب فوق صانع النايات”), además de obras narrativas para niños y traducciones de su poesía a varios idiomas. Su escritura apuesta por la imagen y la sugerencia, reflejando la experiencia cotidiana palestina con un estilo conciso y sereno


Fotografía: Cortesía del autor.


Traducción: Fatma Nazaal.

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