De Juan Cameron
Arenas
¿Qué fue de los poetas de Menat Khufu
quienes cantaron en la ruta hacia Nibia a grandes faraones,
y acaso se mofaron y fugaron para esfumarse al fin?
¿Cruzaron el Nilo Azul a nado en busca de su amada
o de un tallador
o de una corona de laureles o de espinas?
¿Qué fue de los poetas del Karnak
dónde están sus tablillas
enormes así templos cubiertos por la arena
que sorbió hasta la sombra?
La jaula
Qué suerte la tuya, Pound
encerrado en la jaula todos pasan sin verte
nadie se fija en ti
los bárbaros norteamericanos son gente normal
caminan por las calles así en la Quinta Avenida
o un barrio comercial o un distrito bancario
Podrías exponer tus desnudeces y bailar como un loco
siempre que no excedas los barrotes
que nadie vea a través del espacio entre versos
ni interpreten tu código de barras
porque andan desnudos y lo ignoran
Siempre serás el mismo Pound
canta tu Usura en el silencio
hazlos gritar en ese circo más allá de tu melena
Después de todo tu nombre te condena
a no ser sino ese leve gramaje de aquel bronce
que sellará sus ojos
nada.
Formas de leer a Walcott
Resulta curioso dejar sobre la mesa ese libro de Walcott
aunque nos parezca un fantasma pedante
el eco famoso en una plaza
mas agrega prestigio al ya perdido
pues nadie atenderá al bolso de las compras
con su logo de arcoíris sobre el plástico
escondido en tus piernas
Podrás leerlo o no en su inglés tan poco traducido
aunque a ratos lo dejes al revés al reflejo
del juego de las imágenes donde todo une
los ventanales a la avenida junto a la calle lateral
los parabrisas con el recuerdo de ese mismo pasaje
los lentes y los celulares sobre las tazas de café
en un baile de signos electrónicos
Los grabados recién enmarcados y colgados
contribuyen a un aire de distinción y de cultura
Los rayos del sol cruzan las tablas en la escalera
e iluminan la losa y las sombras con ese olor
de una urgente clientela que se inclina suavemente
tal si acaso dejara el breve instante contigo compartido
y así doblan la cerviz sin atender la compra entre tus piernas
sino la portada del tal Derek
tal un caimito encoge sus ramas a la lluvia
Es cierto se agachan un segundo
para luego esfumarse en el opaco espejo del platillo.
Dedicatoria
Descifro en su escritura cuneiforme
con letra de birome en tinta negra
a Juan esta traición con la fide-
lidad de su lector, José Emilio
Y es una cuchillada de hace un cuarto de siglo
la memoria de haberlo conocido
y compartido chistes y burlado
de un par de expectorantes presumidos
La historia es un guion bien inventado
por mi mala memoria en un congreso
a comienzos de siglo
Yo soñaba con ser éste el gran maestro
pero ahora se eleva como un globo
y en su sombra empequeñezco por la fábula
¿Fue en mi país, en México o en un sueño;
o entenderá quien lee estas palabras?
Alaridos breves
Mi consuelo a quienes sufren de dolores
tan ínfimos y agudos, leves, breves
No muertes en familia ni incendios, terremotos
golpes de Estado, depresiones
tan quiebres, tan divorcios. No exilios
sino pequeños cortes en los dedos
apretones en puertas, torceduras de pies
quemaduras o choques a esquinas del mesón
Estos no cuentan en grandes biografías
aunque duelen intensos, testigos del instante
y dejan costras, rastros vibrantes en la piel
recordados con risa
así una fuga en plena dictadura.
Himno a los abrazos
Te abrazan los amigos en la calle
llenan tu corazón con alegría
a ratos con nostalgia
Algunos te devuelven al Liceo
a los días mejores
otros
a los amores te retornan a las fiestas
saturnales de entonces
Te abrazan los amigos te abandonan
todos te abrazan en la calle
quien te birló tu novia o una amante
quien te quiso de veras como hermano
quien te admiró, aplaudió o tuvo envidia
o sana comprensión por tus fracasos
Todos te abrazan y remecen
llenos de fe y agradecidos
por el mundo pasado o el presente
Confiad en esos buenos corazones
mas ojo al inventario
A veces se extravía tu cartera
o el teléfono.
El enemigo
Sentado en la vereda veo pasar el cadáver de mi enemigo
ya no tengo a quien lidiar ni causa ni motivo
mi enemigo abandonó su vida con el mismo desprecio hacia la mía
Ningún nuevo enemigo merece la certeza de mi venganza
ni el peso del cadáver ni su carga de odio
Mis nuevos enemigos carecen del rencor
se esfuman tal intento de amar sin resultado
en la ira del día
Mi enemigo está muerto
¿Qué haré ahora con mis hábiles manejos,
mis llaves, mis candados, mi locura?
¿Cuál puerta hoy abriré al odio y la miseria?
Sentado en la vereda nada espero
Yo soy el derrotado.
Juan Cameron (Valparaíso. 1947).
Autor de varios poemarios, entre ellos Perro de Circo (1979), Cámara oscura (1985), Treinta poemas para leer antes del próximo jueves (Costa Rica, 2007), Ciudadano discontinuado (México, 2013), Bitácora y otras cuestiones (Ecuador, 2014), Fragmentos de un cuaderno con vista al mar (España, 2015), La Pasión según Dick Tracy (2017), Poemas de Autoayuda (2020), La balada del viejo submarino (2024) y Cuaderno de Abril Cuaderno de Mayo (2025). Premios: Gabriela Mistral (1982), Revista de Libros (1985), Consejo Nacional del Libro (1999), Villanueva de la Cañada (España, 1997), Ciudad de Alajuela (2004), Paralelo Cero (2014), Pilar Fernández Labrador (2015) y otros.
Fotografía: Cortesía del autor.






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