De Eduardo Serdio
El oficio literario, hay que decirlo, no sólo es una actividad intelectual de recepción y manifestación, es decir: no sólo comprende el ejercicio cognitivo de la lectura, la reflexión y la expresión sensitiva y estética de la escritura; también comprende, en su cualidad más intrínseca, establecer relaciones sociales y puentes comunicativos entre los autores. Quiero decir que la actividad literaria, pero más concretamente el oficio de escritor, necesita por sí mismo de una actividad política.
A inicios del siglo XX, el famoso grupo de Los contemporáneos, vislumbraron el oxímoron de este oficio y se percataron que debían combinar el ejercicio literario, que por naturaleza tiende a ser solitario y aislante, con una actividad social y asociativa. Fue así, que recibieron el mote de ser un “archipiélago de soledades”, formando así un grupo literario y una de las revistas más afamadas y notables de la literatura mexicana. No pretendo, por supuesto, hacer desde aquella época a nuestros días una revisión historiográfica de las revistas literarias en México hasta llegar a la Revista Conversando. Digo esto para justificar y tomar como ejemplo y punto de partida que no sólo es posible hacer literatura con amigos, también es necesario, gratificante y por lo tanto más enriquecedor.
El equipo de Conversando, revista de ensayo y poesía se ha caracterizado desde su nacimiento por su amplitud geográfica, diversidad temática e intelectual y generosidad con sus autores donde se vuelca un espacio de manifestación artística y cultural, consciente de que toda expresión intelectual no es un monólogo o discurso aislado del autor, sino un diálogo consigo mismo, con sus coetáneos y con la tradición literaria que le precede y le trasciende. Dicho de mejor manera, los escritores siempre estamos Conversando.
Muchas son las cualidades que podemos destacar de nuestra protagonista. Una de ellas es la capacidad de crítica literaria dentro de su curaduría y que está a cargo bajo la dirección de nuestra querida poeta Carmen Nozal, así como originalidad en contenido y forma en los que trabaja todo su equipo: Luis Espino, Jesús Molina, Askari Trejo y Rumi Antuna. En este último punto destaca su repositorio de poesía manuscrita que se ha convertido en un distintivo de la revista. También es relevante destacar la sección de poesía en apoyo a Palestina que ha sido un bastión donde poetas de muy diversas latitudes hemos aprovechado para levantar la voz ante el genocidio ocurrido en Gaza. Esto fraterna aún más la comunidad literaria que no sólo está comprometida en su quehacer estético y artístico sino también con su responsabilidad ética. Por lo tanto, al valor estético y epistémico de la revista se añade un grado axiológico: la congruencia humanista. ¿Sería posible desempeñar congruentemente el oficio literario sin ser un verdadero humanista? ¿Sería posible para un escritor llamarse “humanista” si no puede denunciar el dolor humano?
Enhorabuena, por el primer aniversario de Conversando, revista de ensayo y poesía. Que el eco de palabras perdure, que continue siendo un remanso donde la soledad del autor y el lector se sienta acompañada, pero sobre todo que mantenga su firmeza y calidad en todos los aspectos mencionados, para que en este espacio literario sigamos, ad infinitum, conversando.
Eduardo Serdio (Ciudad de México, en 1994).
Estudió Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM. Miembro fundador del taller De-lirio; fue director editorial de revista literaria homónima (2018-2023). Colaboró como editor de contenido en la revista Taller literario Ígitur y como gestor en Crítica y Pensamiento en México, así como de Diótima. Encuentro Nacional de Poesía. (2019-2023). Actualmente es cofundador y director de la Congregación Literaria de la Ciudad de México, también se desempeña como editor en la Congregación Literaria Mexicana. Parte de su obra ha sido traducida al italiano, griego y bengalí.
Fotografía: Cortesía del autor.






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