Zihuatanejo y otros poemas

Verónica Volkow


Loreto

La música labrada de la piedra,
una extraña obra del viento,                
las palmeras
como unas cuantas plumas espolvoreadas
y el grito del mar           algo inmenso.
El desierto avanza repitiéndose:
cactus y matorrales
sólo texturas a lo lejos.
Por todas partes la inmensidad se está vaciando,
el plúmbago de las nubes retumba entre las rocas,
todo está lleno de pronto de los colores hondos de la lejanía
esos colores que son
como una exhalación casi,
distancia concentrada,
transparencia ahogada en sí misma
convertida casi en un objeto,
en una extraña joya del pensamiento.
El fondo de los montes como una flor está naciendo
entre las rocas, lejos, el mar
sería de agua        
solo si se frota.                
Nada es alcanzable
corre el horizonte
en el que el infinito escribe
su degradación paulatina.


Zihuatanejo

Sueño con bosques de palmeras
que repiten sus diseños radiales
como un tejido que crece siempre
por los mismos nudos ya conocidos por dentro
y da una mancha verde a lo lejos
sobre las franjas del mar
y de la arena.
¿Lo que se reitera es lo que da la textura, acaso,
y en el contraste hay la forma?
El coco es una abstracción interna
                 muy simple de la playa,
pero la arena en realidad está hecha
de arenas incontables.
y el claroscuro es una empresa
de falsa continuidad
en un paisaje de escamas,
mosaicos y follajes,
de espumas sibilantes y murmullos.
La espiral del caracol roto en la arena
podría continuarse sin término:
es como su propia seña.
Y sobre la arena una ola
desencadena a las olas.


Invierno

 ¡Qué extraña es la llegada del invierno
con su pálida máscara del mundo,
página silenciosa en que se borra
el color, el dibujo de las cosas!

Ruinas del árbol, del camino, el prado,
desdibujadas casas y montañas,
efímero desierto, arena breve,
húmedas leves lascas pasajeras.

Blanco derrumbe de una noche blanca
de blanca oscuridad.  Luz solitaria,
inmensa, roca en su interior idéntico.

Luz que es noche y mar sobre las cosas,
marmóreo mar amordazado, mar
mortal de lento mármol nebuloso.


 Icefields I

El diamante del hielo ante las eras,
una corona fija,
polar y alta roca transparente,
no sé si es luz o el aire que anhelan ser sustancia,
piedra que salió del viento,
        y aquí aprieta.
Vasto imperio mineral del hielo
con sus grandes libros de siglos apilándose
escrituras prensadas, memoria enhiesta.
Pilas de arrugas sólo
estos acantilados que son rostros de ancianos.
Muecas de terremotos, fuegos, glaciaciones,
tigres perdidos
en los silencios de la piedra.


Verónica Volkow (Ciudad de México, 26 de abril de 1955).

Académica, escritora y poeta. Actualmente trabaja como investigadora titular de la UNAM.  Tiene maestría y doctorado en literatura comparada y segunda maestría en Historia del Arte.  Ha sido becaria del Sistema Nacional de Creadores y del SNI.  Recibió en 2004 el Premio Pellicer por el poemario Oro del viento, Editorial Era, y en 2005 el premio José Revueltas de Ensayo literario por El Retrato de Jorge Cuesta, Siglo XXI Editores Ha publicado entre otros libros: Litoral de tinta, Los caminos,  La noche viuda,  Poemas del verde.Entre sus últimas lublicaciones se encuentran Dos cielos, dos soles; imágenes de la totalidad  a finales del XVII novohispano, México, IIFL, 2014 y La reinvención del cosmos, la cúpula pintada por Cristóbal del Villalpando en la Catedral de Puebla, México, IIFL,  2024.  


Fotografía: Cortesía de la autora.

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