Beatriz Saavedra Gastélum


Interpreto el indistinto laberinto
en el vasto sueño indolente de la música.

Por otros íntimos jardines se acerca la noche
que junta dos extremos de las vestiduras.

Desgarramos el silencio
hasta hundirnos

en la locura,

en la destilada voz

que alza en cólera
y deslinda el pensamiento entre infinitos.

Reconozco el recitar de la nostalgia en tus manos,
la variación de la palabra en otros símbolos
con el lenguaje de la contemplación del alba.

Y mientras el sonido imperioso nos revela,

callas.

Propicio mi frase rectilínea
para mitigar la pena.

En el fondo se busca lo soñado
en el sórdido amor reconocido.

El significado preciso comienza dolorosamente
en el ritmo de la turba cuando cae sobre la tierra
la expectativa prolongada que acalla el grito
del propio instante presentido.

Hay una luz en la memoria
que calcina la hoguera
del encuentro
no permitido.


Adormece el arranque de la luz
que deja atrás el universo.

Porque el destino abre su rumor inaugural
en tu ausencia.

Escribo bajo el árbol lateral el paraíso,
la página prohibida
o desmesurada
que te nombra.

Entonces,
en el tiempo
pronunciamos los sueños
del polvo o de la nada
callados.


Lejos de la visión pura amanecemos
con la estirpe que desprende tu mudez
interrumpida.

El deleite disuelve tu forma en paraíso
porque escucho tu presencia,
la escribo,
observo el instante en que apareces.

Donde miro existes
en la quietud perfecta,
en el cordaje de las cuerdas,
en la solea o el silencio.

Existes porque te nombro,
porque convierto en néctar el ruido
y su carga trastornada de secretos,

abro la puerta a lo incógnito
en el latido
que también es oscuridad en la tormenta.

A ti van mis deseos,
la forma inconsciente de mi pensamiento
es espacio puro de incandescencia.

El germen pequeñísimo del tiempo
lo inunda todo
y lo revela.

Hay un temporal en este cuerpo
y aun no nace la historia.


Se gestan los acordes del abecedario
sobre el aire
cuando el rostro se separa en el abismo.

No hay un después en el olvido,
en el cordaje que trasforma la daga silenciosa
en sacrificio,
entonces, el tiempo es insuficiente.

La pena como otra promesa repetida.

No somos esa forma,
el fraseo corpóreo nos revela.


Tu cuerpo es el olvido
que perdura en la memoria.

La máscara pierde en la presencia
la música inaudita del grito,
la escritura que salva y encierra
el mar cuando satura tu impulso
bajo el emplazamiento de altas marejadas,

desliza sobre el agua
la espesura de mi soplo.

Tu cuerpo es la rebelión de mis fondos extraviados,
una rajadura con soledad en el rostro
cuando el lenguaje vence tu espíritu silente
y te da forma.

En tu sonrisa hay un templo
y yo camino por el atrio
para anegar el vocablo diferente del pasado.

Al calce de tus manos
danzan sobre cuerdas imperiosas
las palabras que nunca pronunciamos.

Espira la música del desaliento en mis formas nuevas.
Tu oscuridad permanece sobre la quietud
semejante a la sombra.

Tu voz cerrada
rodea el alejamiento en la indecisa luz
que trae su sequedad en la memoria.

Navegante inmóvil,
tu canto de sueño
fluye su ansia prematura
en mi jardín de espectros.


Rompo en los bordes para ti el universo,
el ímpetu del mar
sobre tu rostro de abismo
para enseñarte el nombre,
el nacimiento de la voz que no puede retener
la palabra cuando lentamente gira en el fragor
de las esquirlas.

Basta el aire que libera
nuestras limaduras en la fracción periódica
de este extraño mundo.

El insomnio minucioso
repite la urgencia en la ceguera,
de la tristeza a la pena,
del encuentro al olvido
cuando contraviene silencioso
el último rayo sobre el sueño
y la prisión del tiempo retorna.

Vencidos,
pronunciamos despacio las palabras
sintiendo

sobre la carne la caricia,
sobre la sombra la corteza
que surge del polvo desprevenido
que también es humana eternidad
como la carne.

Poemas del libro Jardín Cerrado.


Beatriz Saavedra Gastélum (Culiacán, México, 1971).

Escritora, académica, investigadora, conferencista y poeta, tiene dos maestrías cursadas en España y se le han otorgado tres Doctorados Honoris causa, a la fecha tiene 25 libros de poesía publicados y tres libros de ensayo, su obra ha sido incluida en un gran número de antologías, revistas y periódicos nacionales e internacionales, sus poemas se han traducido a más de 10 idiomas. Ha recibido múltiples reconocimientos, los más recientes son: la medalla Pavlovich Korolev en Rusia 2023,  Premio internacional de literatura Alejandra Pizarnik España 2024, premio: Il Canto di Dafne en Italia 2024, premio México de Periodismo 2024 y premio internacional de literatura erótica Anaïs Nin, España 2025, es columnista del Diario de Madrid y del periódico El Capitalino en México, tiene en el IMER Un programa de radio en Mujeres a la tribuna. Dirige ciclos, conferencias y talleres en La Capilla Alfonsina (INBAL), en el Museo de la Mujer (UNAM), en el Ateneo Español y en la Academia de Historia (UNAM), es presidenta de la Academia Nacional de perspectiva de género de la Legión de Honor Nacional de México y Directora del centro de estudios de la Mujer y del  Festival Internacional La Mujer en las Letras de la Academia Nacional de Historia y Geografía UNAM.


Fotografía: Cortesía de la autora.

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