De Aurora Morales Escudero



Uno se despierta un día y nota que los zapatos aprietan,
no porque el calzado haya encogido de pronto,
si no, porque el cuerpo decidió estirarse sin aviso,
dejando atrás el rastro de aquel niño sumiso. 

Donde antes habitaban dragones y castillos de espuma,
Hoy solo hay nubes grises que no nos dejan ver la luna,
¿En qué momento exacto el “juego” pasó a llamarse “horario”?
¿En qué momento el crecer se volvió tan complicado? 

Extraño las rodillas marcadas por las caídas,
cuando el dolor sanaba en tardes compartidas.
Me falta esa mente limpia que ignoraba la ansiedad,
que corría por el pasto con total libertad. 

Crecer es ir despidiendo versiones de uno mismo,
un adiós al adolescente que ardía en su propio abismo.
Es una poda lenta, un corte que es profundo,
para que el tronco aguante todo el peso del mundo.

Las llaves en el bolsillo ya pesan más que medallas;
son metal de autonomía tras ganar mil batallas.
La puerta solo se abre si tú giras la mano,
dueño de un destino que a veces parece en vano. 

Pero dejar cosas atrás no es borrar la memoria,
es doblar la ropa vieja y guardar nuestra historia.
Llevo el mapa de la infancia cuando el cielo está gris,
para recordar cómo, con solo el viento, era feliz.


Aurora Morales Escudero (Zacualtipán de Ángeles, Hidalgo, 2009).

Crecí en la comunidad de Coatlamayan Municipio de Xochicoatlan Hidalgo, pero actualmente curso la preparatoria número 1 perteneciente a la UAEH, en la Ciudad de Pachuca de Soto Hidalgo. Resulté ganadora del primer lugar en el concurso de poesía Talento Garza. Mi propuesta lírica explora el contraste entre la nostalgia por la infancia, la memoria del origen y las vivencias del desamor juvenil. Mi escritura parte del afecto personal para transformarlo en reflexión poética.


Fotografía: Cortesía de la autora.

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