Dos llamas del mismo fuego

De Ariosto Uriel Hernández


Madre:         quiero guardar un poco de tiempo de este luminoso día Guardar unos minutos de ésta su presencia viva    y que en la cara del aire permanezca la cicatriz de su recuerdo       Quiero que el viento escriba su historia en el agua de la lluvia        en el invierno que desanda sus pasos para depositarse en las sienes   (blancura de niebla inventada en sus cabellos)         Quiero que el olvido y su sabor salobre se detengan un instante   para acariciar la tibia piel de sus manos   para mirarme    sumergirme en sus ojos de mar en calma       Un poco de tiempo                madre          sólo un poco de tiempo quiero guardar en el otoño de mi vida y alumbrarme la memoria en el momento de la muerte

Voy a escribir estas palabras ante el fuego solar donde las rocas son legión de llamas quebrándose       Este poema se esculpe en la agonía de la tristeza       Al olvido la melancolía para caminar con el canto en alto por las calles petrificadas de esta ciudad sin nombre       Caminar en el polvo de nuestros cuerpos      en las ruinas de esta edad que me avasalla el pensamiento       Voy a escribir unos cuantos versos al calor de sus manos que arrastran las palabras hacia el cuaderno blanco       Huellas de negra tinta en la profunda claridad del mundo       Contemplo el lecho de las palabras   (hojas de sueños diurnos donde las letras son animales trepando la frente del poeta)

Estoy aquí para arder la palabra para atravesar la primavera de lado a lado y florecer el poema en la aridez de la hoja en blanco       Contemplar en la orilla de la carne la piel renovada de la piedra   y provocar su pétreo canto de eterna esperanza       Estoy aquí donde la voz del insomnio y el llanto de la noche pronuncian la invención de la palabra   y la tinta nocturna  y la memoria son las arrugas de su viejo rostro          madre       Aquí estoy para leer los signos de los siglos      para reunir los desiertos del alma  en la tierra de los recuerdos   y nombrar la música hermosa de su silencio en mis oídos       Aquí estoy con la soledad a mi lado    entre la niebla y la luz de la mañana y todas las palabras no me bastan para volver al fuego    a las cenizas de sus recuerdos

La mañana clara eleva su luminosa voz La ciudad se aproxima a la orilla de estas palabras       Brotan los viejos edificios        las calles       el parque      los hospitales         Con su claridad nombra a los hombres y mujeres      los autos      y el silencio que se duerme         Bajo la ligera niebla que se aleja emerge el bullicio citadino y reposan los recuerdos de quien escribe a las manos ausentes

Llueve El cielo es un manantial sobre la ciudad       mar que se desploma en la hora de los árboles         Escribo su nombre      madre                   en el muro gris del día bajo la sombra de las nubes preñadas de agua y su parto ineluctable         Escribo en las piedras de las calles       en las columnas del puente que conduce hacia el pasado    en el polvo del olvido depositado en los retratos antiguos de las casas       El viento recorre las calles silbando su melodía de agua       Escribo acodado en la ventana del día      A la distancia veo como envejecen las horas       las generaciones de seres humanos         las imágenes en la memoria          Llueve        Contemplo el día y su eterno monólogo de lluvia         Y siento:      Un día lluvioso es una cantera de palabras


Ariosto Uriel Hernández (Papantla, Veracruz, México; 1969).

Poeta, narrador y periodista mexicano. Licenciado en Educación Primaria por el Centro Regional de Educación Normal “Dr. Gonzalo Aguirre Beltrán” de Tuxpan de Rodríguez Cano, Veracruz en 1991. Ha publicado los libros Escuchando el silencio (2005), Islas imaginarias (2005), Mares interiores (2009), El barco hace de la mano escribiente (2010), Un instante la luz de tu nombre (2011), Marítimas (2014), Sol adentro (2020) y Extranjero en la tierra (2022). Ha sido Cronista de la ciudad de Papantla y acreedor a múltiples premios locales, nacionales e internacionales en los que destacan el Premio Nacional de Poesía Timón de Oro (2005), los Juegos Florales Nacionales de San Juan del Río (2011), el Premio Internacional de Poesía Ramón Iván Suárez Caamal (2012), el Premio Nacional de Poesía Lázara Meldiú (2019), los Juegos Florales Nacionales Universitarios (2021) y el Premio Nacional de Poesía Dr. Enrique Peña Gutiérrez (2025).


Fotografía: Cortesía del autor.

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