Gemelar de Vanesa González o la poética del doble

De Maximiliano Cid del Prado


Gemelar, de Vanesa González, propone una poética en torno a la circunstancia de su nacimiento, cuyo significado se construye progresivamente en cada poema. Esa abstracción, ese hallazgo gramatical, hacia el cierre del poemario, reorganiza retrospectivamente la obra. Como una epifanía que se va construyendo del último poema al título, uno descubre al final que hay un juego de remembranza, una forma de ausencia que atraviesa el lenguaje desde las varias formas de enunciación. Esa manera de relacionarse con el otro del sujeto lírico por medio del lenguaje, parece dislocar las posiciones enunciativas.

En el poemario, las personas gramaticales adquieren una dimensión ontológica, cobran materialidad en el poema. El yo, la primera persona del singular, funciona como una autoconstrucción, una identidad que se va enunciando cada vez mediante paradojas, es decir, una figura de pensamiento que consiste en una síntesis de ideas contrarias o complementarias. Paradoja de la identidad que se construye a partir de la presencia de la ausencia. Me gusta recordar entonces que los orígenes de la poesía lírica son precisamente un amor de lejos, una voz que canta a la ausencia como una forma sublimada de duelo.

La segunda persona corresponde a la alteridad. Una de las modalidades enunciativas predominante  en este libro se organiza mediante la apelación directa a un . El emisor, la  voz poética, se dirige a un ausente, a una segunda persona la cual se llama desde el apóstrofe.  Recurso de las plegarias, oraciones, soliloquios e invocaciones. Esta figura entonces produce un efecto de cercanía con la entidad evocada, la convierte en su destinataria y refuerza la intensidad afectiva del discurso poético. En el poemario, la persona ausente es la hermana gemela, la cual se convierte en destinataria y depositaria de lo dicho por el sujeto lírico, por la poeta compañera de origen. Esta especie de conversación permite mantener vivo el vínculo sororal y cuya permanencia depende de su pura existencia discursiva: el lenguaje.

La convergencia entre el yo y el tú se encuentra en el nosotras. Esta instancia de la pluralidad donde se recupera el origen compartido, su carácter de metafórico que permite pensar la experiencia de gemelar como un símbolo. Alegoría especular de imágenes de la gemelaridad o la expresión más acabada de la poética del doble que propone Gemelar. La alegoría del gemelo o la representación del doble funciona también como una retórica de la duplicación mediante estructuras especulares, paralelismos y simetrías que reproducen la experiencia gemelar. A ello se suma una isotopía[1] basada en dicotomías como presencia y ausencia, realidad e imaginación o cercanía y distancia, este juego de analogías permite la dimensión simbólica del texto porque lo agrupa sucesivamente bajo distintas imágenes, lo que convierte la gemelaridad en el eje del poemario.

La subjetividad de la hablante emerge entonces a partir de esta conversación, de este pronunciarse poéticamente con una alteridad que permanece ligada a su propia existencia, a su nacimiento, con  una posibilidad biográfica suspendida en en lo biológico simbólico. ¿Y qué cosa es el gemelar, si no el cuestionar biológico de los límites de la individualidad? Este crearse y recrease en el lenguaje, permite al lector entrar en un territorio donde la distancia corporal y temporal adquieren una presencia, la del poema.

Esta forma de expresión privilegiada del lenguaje, sintetiza una de las intuiciones fundamentales del poemario: la experiencia de la gemelaridad que persiste incluso cuando uno de sus elementos constitutivos, pertenece a la imaginación, a la fantasmagoría que la medicina cataloga como la persistencia sensible de una ausencia: una parte del cuerpo que ha desaparecido del mundo sensible y permanece vivo en la memoria y es capaz de sentirse. Para algunos investigadores, como el escritor canario Iván Méndez González[2], que han incorporado la neurofenomenología en su estudio, el poema es precisamente eso, un miembro fantasmagórico que el poeta pierde pero cuya presencia persiste y continúa produciendo sensación y significado. 

La dimensión corporal del texto es importante porque se enuncia como una realidad encarnada cuya comprensión exige atender a las formas en que el tiempo y el duelo habitan la experiencia física. Recordemos que determinadas partes del cuerpo somatizan las experiencias afectivas y permiten representar estados emocionales difíciles de formular de manera abstracta pero que  encuentran en el cuerpo una forma tangible de permanencia. Esta lectura corporal de la pérdida permite comprender el carácter elegíaco del poemario, el ejercicio de evocación adquiere una materialidad porque la ausencia y los vínculos afectivos permanecen activos. El duelo se organiza a través de imágenes corporales que preservan la cicatriz del nacimiento y modela la identidad del sujeto lírico.

A manera de conclusión puedo decir que Gemelar propone una de las exploraciones más complejas de la poesía contemporánea en torno a la experiencia de la pérdida y a las formas mediante las cuales lo poético incorpora aquello que permanece ausente. Configuración de una voz poética cuya identidad surge vinculada a una alteridad que atraviesa el discurso bajo múltiples interlocutores. Esta multiplicidad de formas permite comprender la experiencia del duelo más allá de la evocación, alcanza una reflexión de carácter ontológico sobre la identidad. La poeta encuentra en su alteridad un horizonte permanente de interrogación que orienta la comprensión de sí misma: Cipreses que son jardines, jardines que son hermanas, hermanas que son reflejos. La duplicación adquiere así la condición de principio organizador de la obra y se manifiesta tanto en las imágenes como en la disposición formal del libro.

Al final la anagnórisis[3] reorganiza retrospectivamente la totalidad de la lectura y forma a una experiencia de lectura cuya complejidad  multiplica las posibilidades de una representación directa. Esta elaboración simbólica de la experiencia autobiográfica constituye el punto de partida de la escritura y encuentra en la imaginación poética un espacio idóneo donde la subjetividad aparece entonces como una realidad atravesada por múltiples temporalidades y es configurada por vínculos que persisten más allá de lo físico. Desde esta perspectiva, Gemelar propone una poética del doble donde identidad y alteridad participan de una misma experiencia. Yo invitaría al lector a descubrir, en la alteridad, en el poemario de Vanesa Gonzalez, una forma de reconocerse.


[1] En lingüística y semiótica, una isotopía es la repetición o recurrencia de elementos con significados similares (semas) a lo largo de un texto o discurso. Esta agrupación de palabras de un mismo campo semántico le da coherencia, unidad temática y sentido a la lectura

[2] Poeta y ensayista español. Investigador especializado en neurofenomenología aplicada al estudio de la creación, recepción y enseñanza de la literatura. Miembro del Instituto de Neuroartes, fundado y dirigido por Luc Delannoy.

[3] La anagnórisis es un recurso narrativo en el que un personaje pasa de la ignorancia al conocimiento al descubrir información crucial sobre su identidad, su entorno o la verdadera naturaleza de otros.


Maximiliano Cid del Prado (CDMX, 1994).

Lic. en Lengua y Literaturas Hispánicas (UNAM). Ganador de los IX Premios Deza de Poesía (Toledo, España). Finalista del concurso de poesía “Castello Di Duino” (Italia). Ganador del XXI Premio Literario “Naji Naaman” (Líbano). Director editorial de Revista Literaria Taller Ígitur. Fundador y director de la Congregación Literaria de la CDMX. Miembro del PEN Club México. Title of Honorary Member of Maison Naaman pour la Culture. Periodista independiente.


Fotografía: Cortesía del autor.

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