De Irina Ojeda Becerra


AGUAS DE MUERTE

Me hundí en el mar
una mañana gélida.
Conmigo el olor de un arponazo,
y aquellas mis manos tan blancas
en la colina,
descubriendo la anchura de sus hombros.
Gélida
me hundí en el mar una mañana,
hace dos años…

PASEO INOCENTE

Salimos de la cafetería silenciosos.
La escalinata del teatro
era rumor deslizándose.
Al roce del beso en los cabellos
mi pie no encontró firmeza,
sino un vacío que me haló.

Nos apresuramos
a guarecernos de la lluvia en el portal.

Silenciosos,
como quien queda mirando un cuadro,
las manos atrás;
en un parque de inocencias
la luz entreabría morados velos.

SOMBRAS DE PALOMAS

Como esos provocativos perfumes,
el recuerdo de su aliento
mansamente
mi rostro invadió.

De turbias hojas
remolinos leváronse. 

Sobre mí se arrojaban
las sombras de las palomas.

Extraña es la dicha.

FRÍA COMO EL AIRE PROCELOSO

Quedará sola;
para ver el paso de los hombres por el puente

y descubrir
ser esa imagen que se alarga en los muros.

Quedará solo un perfume
en una habitación donde crece la hierba.

Allí se quedará,
fría como el aire proceloso.

ENTRE LA MANSEDUMBRE Y EL DESVELO

El clamor del gallo insiste
revolviendo la luz dormida.
Pugnan mis ojos
entre la mansedumbre y el desvelo.
Inquieta, pido un día con buen color,
un día que enjuague su ropa
en el agua de los jazmines.


Irina Ojeda Becerra (Santa Clara, Cuba).

Poetisa. Ha publicado los libros: Temblando bajo la Fronda (Editorial Sed Belleza, Cuba, 2005) , Sobre la Bestia Blanca ( Reina del Mar Editores, Cuba, 2005) y La Casa del Vacío (Editorial Sed de Belleza, Cuba, 2012).  Obtuvo la beca de creación El Girasol Sediento (Cuba, 2004).  Poemas suyos han sido publicados en diversas antologías y revistas de varios países.


Fotografía: Cortesía de la autora.

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