De Aarón Rueda
DEREK WALCOTT DESCUBRE EL YEMBÉ FRENTE
A LA COSTA DE SANTA LUCÍA
I
Los caminos de la memoria son cantos que lanzan la indefinición de mandingas maduras en forma de sonidos fracturados por el trasmundo que ha de despertar el fractal enunciado de las Antillas mayores.
Sobre la mano todo estaba escrito: raras nereidas, el misterio a contra viento.
Mito en tazas de peltre escogidas para sustituir a caracolas blancas que tanto adornan el paisaje de playas en mundos vistos en la isla azul hecha para el poema negro.
LA NOCHE ES UN PASO INTERMINABLE HACIA LA NADA
[7]
La deriva es un paso interminable hacia la nada,
manojo de olas acurrucadas en cualquier cuenco lunar. No es igual
cambiar la mirada a otros arrecifes si has dejado alguno con la
piel pálida. Eso es lo trágico. Las diversas oscuridades las trae
uno. Aunque la negación salga a flote. El amor es lo mismo,
sólo que el tiempo se encarga de llenar con nubarrones la idea
más fiel de los quebrantos.
LA SANGRE FLORECIDA
XX
De pronto un manojo de calandrias
esculpen cantos en mis oídos
y el amanecer comienza a besar
estos parpados cubiertos por la niebla.
Me doy cuenta de la ausencia de mi cuerpo
como el árbol seco que alberga un retoño perdido
o el grito del silencio para escuchar
el canto de pájaros y hombres.
INSTANTES DE LA DEMENCIA
Tercer Instante
Ahora creo los mitos que hojea el tiempo,
ese parpadeo de la historia
zumba en mi sien como un golpe mortal
en el vacío ámbar de la mente.
No es locura me dicen las nubes
es el aliento de salitres recuerdos.
MUROS Y GRIETAS
I
Observo en una banca el río que atraviesa la ciudad, camina lento, sin miradas que ilustren el torrente, no hay quien palpe los pies sucios de su trayecto y nadie da cuenta de ese llanto. Vive el sueño sin darle la cara al cielo, los remansos son luciérnagas apagadas y el crepúsculo que coloreaba las mejillas lo han pintado de gris: sus ojos hoy no están para la urbe.
ZARPAMOS DE PUERTO
Isla Martinica. Brama la niebla como espejo roto: azogue de las
olas. Aquines avista en el catalejo la voz de los muertos apostada
en el horizonte. Presencia del cachalote emerge de la piel de Dios.
Eleva el ancla. Piel salitre. Amparo de otros naufragios que
derraman el color del pez; doncella sobre las velas. Los maderos
crujen, sangran vino sobre la proa para postergar su destierro.
FUNERAL DEL AHOGADO
RÍO MEZCALAPA COLONIA TEPITO
Se lo llevó el río, las ramas le agarraron los pies y un remolino le comió la respiración al metérsele en la nariz. ¡Pobre! El ahogado tenía veintitrés años, pero nadaba entre la bravura de un delta. ¡Pobre! Nunca despertó y los peces comieron sus palabras; es triste aferrarse a la vida al pensar que la muerte no sabe nadar en las aguas oscuras de nuestros ojos.
Aarón Rueda (Las Choapas, Veracruz, México, 1986).
Autor de los poemarios: Remos de sal (2011), La sangre florecida (2013), Arrullo de la tierra (2013), Despliegue de colores donde todo parece oscuro (2015), Cachalote (2016), Confección de islas (2019), La deriva es un paso interminable hacia la nada (2019), Quieto fulgor de la hojarasca (2020), Vértice de la amapola (2022), Dinastía (2023) y Brillo ajeno (2023). Entre otros reconocimientos destacan el Premio Nacional de Poesía Rosario Castellano, los IV Juegos Florales Nacionales de Toluca, el Premio Tabasco de Poesía José Carlos Becerra, el Certamen Nacional de Poesía Ramón López Velarde, el Premio Internacional de Poesía Bitácora de Vuelos, el Premio Nacional de Poesía del Bando Alarconiano y el Premio Internacional de Poesía Editorial Praxis. Sus poemas aparecen en revistas y antologías de España, Brasil, India, El Salvador, Estados Unidos, Colombia, Venezuela y México.
Fotografía: Cortesía del autor.






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