Presentación del número 5 de Con Versando. Revista iberoamericana de poesía y ensayo.

De Jocelyn Pantoja


Hay revistas que publican textos y hay revistas que, además, construyen desde su visión editorial y la congruencia con sus páginas, un espacio de encuentro. El número 5 de Con Versando, dedicado a en esta ocasión a Latinoamérica, pertenece a esta segunda categoría: reúne voces, territorios, generaciones y formas de entender la poesía que, al encontrarse en sus páginas, trazan una cartografía literaria. En la sección de poesía conviven autores de Puerto Rico, Guatemala, Colombia, España, El Salvador, Nicaragua, México Chile y República Dominicana; después, el ensayo, la entrevista y las noticias amplían ese diálogo. No se trata, por lo tanto, de una suma circunstancial de colaboraciones, sino de una publicación que pone en circulación distintas maneras de mirar la memoria, el territorio, la historia, el cuerpo y la palabra, en el caso de este número de Latinoamérica.

El hecho de que Con Versando sea una revista electrónica no significa que su literatura quede confinada a una pantalla. Al contrario: su condición digital hace posible que estos textos puedan viajar, encontrarse con lectores de distintos países y permanecer disponibles como parte de un acervo literario. El propio aviso legal de la revista establece que Con Versando se reserva el derecho de conservarlos en su acervo digital y recibe una licencia no exclusiva para su exhibición. De este modo, la publicación electrónica aparece no solo como un medio de difusión, sino también como una forma de preservación y circulación de la memoria literaria.

Esta dimensión resulta especialmente significativa para una revista cuyo propósito es poner en conversación voces procedentes de distintos lugares de Iberoamérica. La circulación digital permite que un poema escrito en Santo Domingo pueda ser leído en Ciudad de México; que una voz nicaragüense dialogue con una mexicana; que la poesía de un autor mexicano encuentre lectores en Centroamérica. La revista se convierte así en un territorio sin fronteras físicas: un espacio de tránsito para la palabra.

En una época en la que buena parte de la escritura parece destinada a desaparecer entre pantallas, publicaciones fugaces y flujos interminables de información, Con Versando incorpora también una dimensión particularmente valiosa: la conservación de las caligrafías de sus autores. La escritura manuscrita introduce en la revista una presencia que va más allá del contenido verbal. La letra conserva el gesto, el ritmo, la inclinación de la mano; convierte el poema en huella.

Esa dimensión adquiere un sentido especial cuando se la pone en relación con varios de los textos publicados en este número. Leonardo Nin escribe, en “El vuelo de un poeta”, sobre unas palabras que parecen existir precisamente en el límite entre lo escrito y lo que todavía está por escribirse: “las mías no escritas / o tal vez / las escritas en el blanco / inconcluso del intento”. Y prosigue la escritura que vuelve a convertirse en vuelo: “Abro / la ventana, / el libro, / alzo el vuelo” (pp. 59- 60)

En las primeras páginas la caligrafía de los autores se hace presente, conservada junto a su obra, prolonga justamente ese instante del “intento”: permite que el lector no solo lea lo que el poeta escribió, sino que se acerque al gesto mediante el cual esas palabras llegaron a existir.

En este número, la poesía aparece constantemente vinculada con la memoria.

Beatriz Saavedra Gastélum lo hace desde Palenque, desde el agua, la arquitectura y la historia. En Lakam Ha’recuerda que el antiguo nombre de Palenque significa “Lugar de grandes aguas”y convierte ese paisaje en materia poética. Las antiguas construcciones aparecen atravesadas por el movimiento del agua y por las preguntas: “¿Cuántas galerías abren el Templo de las Inscripciones? / ¿Cuántas calzadas recorren su canto súbito / entre selva?” (pp. 61-63). Aquí el territorio no funciona como simple escenario. Es memoria viva. La ciudad antigua, los caminos, los ríos, la arquitectura y la figura de la “reina roja” forman parte de una escritura que recupera aquello que el tiempo podría borrar.

Algo semejante ocurre, desde otro registro, en “Palabras perdidas”, de Daisy Zamora. El poema, dedicado a Ernesto Cardenal, comienza con una escritura dirigida a alguien que ya no puede leerla: “Padre:/ esto no lo leerás / lo escribo por mí / para recuperarte en las palabras” (p. 65).

La frase resulta particularmente significativa para pensar este número de Con Versando: escribir para recuperar. Recuperar la memoria, la experiencia, la voz. Pero también recuperar aquello que corre el riesgo de perderse en medio del ruido contemporáneo. Más adelante, Zamora escribe: “Lo que pueda decir no impide un bombardeo / ni detiene las balas y su horrenda vendimia ”, para concluir que “en el vacío cae lo que escribo” (p. 66).

La revista parece responder, desde otro lugar, a esa sensación de vacío: conservar, publicar, hacer circular. Hacer que lo escrito no caiga simplemente en el olvido, sino que encuentre otros ojos.

El ensayo de Carmen Nozal sobre Escrito en Tuxtla, de Óscar Oliva, plantea la escritura como un organismo en movimiento. Nozal subraya que a Oliva nunca le ha gustado la poesía lineal. Su libro se desplaza por geografías, tiempos, personajes y tradiciones literarias diversas. En las páginas siguientes, el ensayo muestra ese desplazamiento entre lugares tan distintos como: “el mar Báltico, en las Pléyades, en la Catedral de Lérida, en Juchitán, en el monte Ararat, o viajando desde el Ártico a la Antártida, de Berlín a Weimar, pasando por Delfos, Vigo, la isla Floreana, el desierto Alamagordo, el río Bravo, Tokio, o ‘para poder caminar desde Australia a Alaska, o desde la Patagonia a Escandinavia’(…)” (pp. 69-70). La poesía se convierte así en una forma de viaje: una escritura capaz de atravesar fronteras geográficas, temporales y culturales.

El ensayo de Mijail Lamas sobre Héctor Carreto introduce otra forma de desplazamiento. En sus páginas, la poesía aparece como espacio de transformación de la voz, donde el yo lírico puede asumir distintas identidades y dialogar con personajes clásicos y contemporáneos. Lamas destaca en Carreto la convivencia de la ironía, el epigrama, el erotismo y el humor, elementos que le permiten apartarse de una poesía solemne y construir una expresión crítica y conversacional (pp. 80-83).

La entrevista de William González a Daisy Zamora lleva la reflexión sobre la palabra hacia el terreno de la escritura, la memoria y el exilio. En ella, Zamora explica que la distancia de Nicaragua ha transformado su escritura y que vivir en otra lengua también ha modificado su relación con el español y con la poesía (pp. 92-93). La escritura aparece entonces como un territorio capaz de mantener un vínculo con el lugar de origen incluso cuando el cuerpo se encuentra lejos.

Es precisamente ahí donde la idea de circulación adquiere toda su fuerza. Los textos de este número no permanecen inmóviles. Viajan desde sus lugares de origen hacia una revista mexicana de vocación iberoamericana; de la revista pasan a una plataforma digital; de la pantalla pueden llegar a lectores situados en otros países y, gracias al acervo digital, permanecer disponibles para futuras lecturas. Y, al mismo tiempo, la conservación de las caligrafías devuelve a esa circulación una dimensión humana: detrás del texto digital permanece la mano que lo escribió.

Así, Con Versando construye un doble movimiento. Por una parte, hace circular la literatura; por otra, conserva sus huellas. Y cuando esa circulación se encuentra con la caligrafía, sucede algo particularmente hermoso: la tecnología no borra la huella humana de la escritura, sino que puede convertirse en el medio para conservarla y hacerla viajar más lejos.

Por eso, presentar este número de Con Versando es también celebrar una idea sencilla y poderosa: la literatura necesita circular para permanecer viva, pero también es necesario conservar sus huellas para no perder su memoria. Una conversación que viaja, una memoria que circula y entre las letras que atraviesan la pantalla, la persistencia de la mano que todavía escribe.


Jocelyn Pantoja (Ciudad de México, 1978).

Poeta, editora y gestora y productora cultural. Como poeta, ha publicado el poemario Geografías y Fronteras en la (Generación Espontánea México, 2007), Amor X (Trece Letras, 2009), La Verdadera Historia de Kitties (Honda Nómada, 2010 y Baile del Sol, 2011) y Tránsfuga (LEA, 2012 y Proyecto Literal, 2016 y que prepara su tercera edición en Dogma Editorial en 2026). Entre 2011 y 2017 presidió la Asociación de Escritores de México, A.C. . (AEMAC). Es directora de Proyecto Literal, editorial especializada en poesía latinoamericana que este año cumple 20 años. Además es miembro de la AEMAC y también de ADA, así como del Comité en Defensa de la Casa del Poeta.


Fotografía: Cortesía de la autora.

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