Ye qu’anque nada puea
detenese,
fui tan feliz que yá ye suficiente. Baxo’l
escurecer, equí, recuerdo
agora
la vida madurando
como un frutu brillante. Les andarines fieles
xirando hasta la cuadra y el golor
de la yerba.
-Mio ma yera tan moza…-
Esistió too en mi. El cariñu y la infancia
como un pan abondante,
los rayos del branu entrando
hasta la siesta. El nome de los páxaros,
el so cantar. Lluciérnagues
col silenciu prendíu so les nueches tan
llargues.
Too fue tan de verdá que ye bastante.
Más p’allá, los palos de la lluz,
los maizales
y el mundu terminábase.
.
ESCENA DE CASA
Y es que, aunque nada puede
detenerse,
he sido tan feliz que es suficiente. Bajo
la tarde, aquí, recuerdo
ahora
la vida transcurriendo
como fruta brillante. Las fieles golondrinas
girando hasta la cuadra y el olor
de la hierba.
-Mi madre era tan joven…-
Existió todo en mí. El cariño y la infancia
como un pan abundante,
los rayos del verano entrando
hasta la siesta. El nombre de los pájaros,
su canto. Las luciérnagas,
su silencio encendido sobre las noches
largas.
Ha sido tan verdad que ya es bastante.
Más allá, los postes de la luz,
los maizales,
y el mundo se acababa.
.
Poema en asturiano y traducido al castellano.
.

Aurelio González Ovies (Bañugues, España, 1964).
Profesor de Filología Latina (Universidad de Oviedo). Premio Internacional ‘Ángel González’ (1990), Premio Internacional Juan Ramón Jiménez (1992), Accésit Premio Adonais (1992), Accésit Premio Esquío (1994), Premio Nacional a los libros mejor editados en 2013 con Versonajes, y Premio de las Letras de Asturias (2018). Desde su primer publicación, Las horas en vano (1989), es autor de una cuarentena de poemarios (España, México, Colombia) y de otros títulos de literatura infantil.
Fotografía: cortesía del autor.







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