De Ángel David Herrera Arcos



Es difícil para mí
Quizá no para los niños
Saber si la aparición de un colibrí
Significa pánico
Uno llegó a mi jardín el día que mi abuelo sufrió la fractura vital definitiva.

Uno llegó a mi ventana el día que aprendí a estremecer la carne con la poesía.

Es necesario, quizá no ahora
Memorizar el nombre de cada flor
Que mi voz sea testimonio
De que algún día interactúe con la belleza

Es necesario, quizá ahora más que nunca
No hacer con los colibrís
Lo que los marineros con los albatros
Ni tampoco lo que los guardianes del lighthouse con las gaviotas.

¿Son mensajeros? No sé
Me complace recibirlos
Y complacer es una tarea difícil
Cosa que los humanos no saben hacer
Complacer le corresponde a las aves, a la flor y al río.

Andar entre nubes no es volar, dice mi amiga Molly
No saber que hacer con los brazos lo traigo de nacimiento
Pero jamás
Los utilizaría
Para
Castigarme
Aunque estás ganas de asfixiarme sean eternas
Es aquí, yo te pregunto
Tú me conoces
¿Abrazar es asfixiar?
Deseo que si, pero que lo que se ahogue no sea yo

Sino la angustia que me causa mirar un colibrí y no tener un rosario o un arma de fuego.

Pienso en el asfixiar y abrazar
Que me abrace mi abuelo
Y que me asfixien las alas del colibrí
En este punto no sé quién es quién


Ángel David Herrera Arcos (14 de mayo del 2000, México).

Psicólogo histórico-cultural por parte de la BUAP, coordinador del círculo de poesía y critica inscrito en el fondo de cultura económica “la nave de los locos”, actualmente es bibliotecario de la biblioteca municipal “María del Carmen Millán Acevedo” y de las bibliotecas municipal aledañas.


Fotografía: Cortesía del autor.

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