Siete poemas de Geografía de la lluvia

De Jaime Magnan Alabarce


Ciclo hidrológico

Para entender el ciclo hidrológico
mi padre citaba a Jorge Manrique,
“nuestras vidas son los ríos
que van a dar a la mar…”
y explicaba que en las altas cumbres
la nieve se derretía originando ríos,
éstos, por declive, bajaban raudos,
cruzaban nuestros campos regando huertos
alcanzando lentos el mar, en cuya superficie,
sus aguas ascendían al cielo hasta precipitar
y así, una vez más, iniciar un nuevo ciclo.
“La materia no se crea ni se destruye…
sólo se transforma”, repetía como plegaria
Ahora que él ya no está, cada vez que llueve
prescindo del paraguas y salgo a caminar.
Recibo la lluvia con la certera creencia
de que él vuelve a nacer en mí…  

Geografía de la lluvia

La lluvia escribe su propia geografía.
Esculpe montes y valles,
orada los monumentos del hombre,
insultos al paisaje original.
La lluvia construye arrugas
en tierra cansada:
débiles regueras perdidas
anteceden a cárcavas hambrientas,
estómagos insatisfechos de la nada;
las gotas componen rosarios
y mojan las calles con agua bendita
baldeando el pecado de sus transeúntes.

Valle de lágrimas

Los antiguos
lo conocían como Valle de lágrimas
más hoy,
se ha convertido en un océano…
Y es tal su salinidad,
que se puede caminar sobre él
pero entre tantos
que se lo han propuesto  
aún no conozco a nadie
que haya logrado tal cometido…

Instantánea

Acalle la lluvia
el rumor detenido del agua mansa,
sostenida sobre un frío
paisaje sepulcral de invierno
que sostiene el tiempo en dos columnas:
pretérito y futuro.
Un poeta al medio
elucubra un par de bucólicos versos
que se pierden en el llano invernal,
y musicalizan el baile frenético
de millones de gotas que nacen y mueren,
teorizando el significado de la vida:
una instantánea en la historia de la humanidad.

Acuarela invernal

Teorizo pintar un cuadro,
un paisaje invernal, uno de esos,
donde la nieve reina desnuda
derramando su manto de impoluto armiño
que esconde, vaporoso, las huellas del autor,
condenado a su propia amnesia
circunscrita a un lienzo en blanco.
La desnudez del crudo,
la tristeza estacional,
la metáfora de la muerte
transitan su paraíso.  
Abigarrado, se libera de todo color
para trascender en objeto
siguiendo los dictados de Signac  
y operar el recuerdo lejano de la vida
en evidente blanco y negro…
un frío paisaje
firmado por otro dios de turno.

Diluvio

Llueve.
Hace más de un mes
que no ha parado de llover.
Algo así como 40 días y 40 noches
aunque en el preludio,
ningún señor Noé tocó a mi puerta,
en busca de una especie de cada animal.
En estos días
sólo he visto un nuevo océano;
un extenso acuario de reses y vacunos,
reencarnados en ballenas suicidas
un puzzle de Guernica, a medio armar.
Tras la lluvia, he lavado mis pecados.  
Ahora éstos lucen más limpios que antes,
aunque a ratos,
los confundo con mis virtudes… 

Acuarios

A Luciano y Josefa Rossel

Las calles son húmedos acuarios,
los peces habitan en secos lares…
Niños con rostros perdidos
atisban en inquieto silencio,
aguardando hora tras hora,
que la lluvia cese su último capítulo.


Jaime Magnan Alabarce (Santiago de Chile, 1967).

Narrador y poeta. Reside en Lebu, su patria chica. Entre 2010 y 2019 fue coordinador del Concurso Literario Gonzalo Rojas y editor de las antologías respectivas. Desde 2017 es editor del Fanzine Chonchón del Taller Literario Esquinas de un Círculo de Lebu. Sus trabajos han sido reconocidos en varios certámenes literarios e incluidos en antologías publicadas en diferentes países de Hispanoamérica. Poemarios publicados “Oficio de geógrafo” (2016), “Años de piedra” (2017), “Geografía de la lluvia” (2018) , “El tiempo en los árboles” (2019) y “Otra cruz en el calendario” (2023).

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